El diagnóstico de muerte encefálica vendría siendo el primer eslabón en la cadena de donación.
El sistema colombiano de donación y trasplante de órganos constituye un modelo integral que opera bajo estrictos protocolos científicos y normativos.
Según las especialistas invitadas del más reciente segmento del programa "Expertos en salud", Cindy Vannessa Parra, y Martha Viviana Cifuentes, enfermeras y coordinadoras de donación de la Colombiana de Trasplantes, este proceso se fundamenta en tres pilares esenciales: criterios médicos validados, procesos estandarizados y un marco regulatorio específico.
El diagnóstico de muerte encefálica vendría siendo el primer eslabón en la cadena de donación. Como precisa la coordinadora Cifuentes: "Comienzan identificandolos en las unidades de cuidados intensivos por el mismo personal de salud, médicos intensivistas, enfermeras o de terapias. Cuando asisten a su paciente, identifican que se encuentra en deterioro neurológico severo, de acuerdo a imágenes diagnósticas", explica.
"Si tiene ausencia de reflejos de tallo, si no asiste al ventilador respiratoriamente, eso enciende las alarmas y ellos reportan ese paciente como potencial donante ante la Secretaría Distrital de Salud de Bogotá".
Luego de que un equipo médico especializado ha confirmado este diagnóstico mediante pruebas clínicas y exámenes complementarios, se puede considerar la posibilidad de donación de órganos, siempre respetando la voluntad del paciente o de su familia.
El proceso de donación de órganos no solo demanda precisión médica, sino también sensibilidad humana. Una vez confirmada la muerte encefálica, se inicia un protocolo que combina aspectos técnicos con el acompañamiento a las familias en duelo.
"Se continúa el proceso abriendo un espacio de diálogo con la familia, interviniéndolos para conocer si sabían la voluntad de su familiar al momento de expresar si quería o no ser donante", explica Cifuentes. Este espacio permite conocer si el paciente había expresado en vida su voluntad de ser donante o, en su ausencia, brindar a la familia la información necesaria para tomar una decisión informada.
El sistema establece un límite de 24 horas para completar todo el proceso - desde la entrevista familiar hasta la extracción propiamente dicha. Este plazo responde a razones tanto médicas como éticas:
1. Preservación de la viabilidad orgánica: La función de los órganos se mantiene artificialmente, pero el cuerpo inicia procesos fisiológicos irreversibles tras la muerte cerebral.
En palabras de la enfermera Parra: "Fisiológicamente, cuando el cerebro deja de funcionar, el corazón va a notar que no hay centro de comando, entonces va a intentar hacer parada cardíaca. Nuestra idea es que esta parada cardíaca se prolongue, pero no tanto, porque un tiempo prolongado puede llegar a afectar la viabilidad de los órganos para cáncer".
2. Respeto al duelo familiar: Se busca evitar la prolongación innecesaria del sufrimiento emocional de los seres queridos.
3. Optimización de recursos: El uso racional de las unidades de cuidados intensivos permite atender a otros pacientes críticos. "Legalmente más de 24 horas puede generar un conflicto porque estamos ocupando una cama en unidad cuarentena con una persona que ya falleció", añadió.
"Estas 24 horas son cruciales para hacer la extracción de los componentes", enfatiza la especialista Parra.
El proceso de donación requiere una logística precisa. "Primero tomamos muestras de los potenciales donantes para cruzarlas con los receptores en lista de espera", explican las especialistas.
Esta compatibilidad debe establecerse antes de la extracción, que se realiza en quirófanos especialmente acondicionados. El objetivo es minimizar el tiempo de isquemia fría –período en que el órgano permanece sin irrigación sanguínea–, factor crítico para el éxito del trasplante.
Un médico coordinador evalúa minuciosamente cada órgano. "Analizamos individualmente riñones, hígado, pulmones y corazón", detallan. No todos los órganos son viables para trasplante; solo aquellos que superan estrictos criterios de calidad son recuperados. Esta selección rigurosa explica por qué, en muchos casos, solo algunos órganos del donante pueden utilizarse.
Ahora bien, la implementación de la Ley 1805 de 2016 ha generado impactos cuantificables en el sistema. Pues, en palabras de la Coordinadora Parra, establece que "todo colombiano al momento de fallecer es donante de órganos y tejidos, a menos que en vida diga que no haya querido serlo". Sin embargo, solo los fallecidos por muerte encefálica pueden donar órganos sólidos; por ejemplo, en casos de paro cardíaco, únicamente se donan tejidos.
Asimismo, en Colombia se utilizan más estrategias para generar una cultura de donación, "existen más campañas y sensibilizaciones de donación a público binario, capacitaciones continuas en unidades intrahospitalarias, tanto para personal asistencial como administrativo" Explica Parra.
"También existe algo que se llama el hospital donante: Todo hospital que tenga un hospital intensivo, urgencias o reanimación y salas de cirugía, sí o sí tiene la responsabilidad de capacitar a su personal para que pueda identificar un potencial donante y tengamos muchas más oportunidades de acceso", puntualiza.
Por lo anterior, se considera que detrás de cada trasplante exitoso hay todo un sistema coordinado entre médicos, enfermeras, hospitales, leyes y logística. Este mecanismo, ha permitido salvar miles de vidas en Colombia.