Alianza en Puerto Rico medirá cómo la pobreza influye en la alimentación y las enfermedades crónicas

Nutriendo Puerto Rico y la Fundación Paraguaya unen esfuerzos para medir, por primera vez con datos georreferenciados, cómo la pobreza afecta la alimentación y la salud de las familias puertorriqueñas.

Laura Guio

    Alianza en Puerto Rico medirá cómo la pobreza influye en la alimentación y las enfermedades crónicas

    La Revista Medicina y Salud Pública conversó con Ángela Díaz, directora ejecutiva de Nutriendo Puerto Rico, y Julia Corvalán, gerente global de operaciones de Semáforo de la Fundación Paraguaya, quienes anunciaron una alianza para aplicar en la isla una herramienta tecnológica de autodiagnóstico nutricional y socioeconómico que ya ha sido utilizada más de un millón de veces en el mundo.

    El punto de partida de la conversación fue una premisa que circula entre expertos en salud pública: en Puerto Rico, nadie se acuesta sin comer. El problema real, coincidieron ambas especialistas, es la calidad de lo que se consume y cómo eso se traduce en enfermedad crónica.

    Los números lo confirman. Según Díaz, "el 20% de los puertorriqueños tenemos diabetes", y la población con sobrepeso u obesidad ronda el 70%. "Lo vemos en los números de las enfermedades crónicas, lo vemos en el número de sobrepeso y obesidad que hay en Puerto Rico, y lo vemos continuamente en cuántas personas cada día más están teniendo diagnósticos relacionados a la forma en que se alimentan", señaló la directora ejecutiva de Nutriendo Puerto Rico.

    Pobreza más allá del ingreso económico

    Uno de los ejes centrales del proyecto es ampliar la definición tradicional de pobreza. Durante años, las organizaciones comunitarias asociaron la inseguridad alimentaria casi exclusivamente con la falta de dinero. 

    Díaz explicó que la alianza con la Fundación Paraguaya permitió encontrar "una herramienta que trabaja con el tema de la pobreza, pero lo trabaja desde las múltiples dimensiones de la pobreza", donde el factor determinante no es necesariamente el ingreso económico, sino también el nivel educativo, el lugar de residencia y las condiciones de vida.

    Corvalán reforzó ese punto al destacar que la encuesta permite identificar "en qué dimensión el individuo o esa familia se considera más pobre", lo que da a las organizaciones mayor precisión para diseñar estrategias efectivas.

    Una herramienta que llega por WhatsApp

    La metodología detrás del proyecto es una autoevaluación digital accesible desde cualquier dispositivo. "Es una herramienta que involucra una encuesta visual", describió Corvalán, que puede completarse a través de un enlace dinámico enviado por WhatsApp, SMS, tablet o smartphone. Aunque generalmente se cuenta con el apoyo de trabajadores sociales y facilitadores comunitarios, la encuesta puede ser respondida de manera autónoma por cualquier persona.

    Un valor diferenciador clave es que los datos pertenecen a quien los genera. "Al hacer esto una autoevaluación, yo me quedo con mis datos al final de la encuesta. Y yo puedo tomar decisiones hoy como familia a partir de los resultados de esa encuesta", destacó Corvalán.

    Adultos mayores y organizaciones de base, primeros en la mira

    El piloto está previsto para mayo de 2026, con un segundo ciclo enfocado en adultos mayores programado para agosto, siempre a través de organizaciones de base comunitaria que tienen contacto directo con la población.

     La iniciativa también contempla trabajar con iglesias, entidades gubernamentales y, sorprendentemente, con empleados formales, un sector que suele quedar fuera del radar de los programas de asistencia.

     "Muchas veces pensamos que esas personas que trabajan no tienen necesidades y a veces son las que más necesidades tienen porque no aplican a ninguna otra ayuda ni siquiera del gobierno", apuntó Díaz.

    Datos que no esperan al próximo censo

    El proyecto promete publicar perfiles comunitarios cada seis meses, con información georreferenciada que permitirá una "inteligencia territorial" para la toma de decisiones. "No tenemos que esperar el próximo censo para comprender la situación nutricional de las familias", afirmó Corvalán.

    El conductor del programa resumió el alcance potencial de la iniciativa con una metáfora poderosa: así como el huracán María dejó al descubierto una pobreza que muchos no querían ver, este proyecto podría hacer lo mismo con la crisis alimentaria que se esconde detrás de las cifras de enfermedad crónica en Puerto Rico.


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