No toda actividad física protege al cerebro: el riesgo de demencia varía según cómo se realiza

Un metaanálisis con más de 4,2 millones de personas encontró que el ejercicio realizado durante el tiempo libre se asocia con un menor riesgo de demencia, mientras que la actividad física vinculada al trabajo mostró una asociación con mayor riesgo.

Andrea Bazurto Gutiérrez

    No toda actividad física protege al cerebro: el riesgo de demencia varía según cómo se realiza

    La actividad física suele considerarse uno de los hábitos clave para mantener una buena salud cerebral. Sin embargo, una nueva investigación sugiere que no todo movimiento podría tener el mismo efecto sobre el riesgo de demencia. Un metaanálisis publicado en The Lancet Public Health encontró diferencias según el contexto en el que se realiza la actividad, con un posible efecto protector del ejercicio durante el tiempo libre y una asociación desfavorable con la actividad física laboral.

    El ejercicio de ocio se relacionó con menor riesgo

    Investigadores de la Universidad del Sur de California analizaron 74 estudios de cohortes y de casos y controles que reunieron a más de 4,2 millones de personas de entre 45 y 93 años en 30 países. Los participantes fueron seguidos durante una media de 10 años y se evaluaron diagnósticos de demencia por cualquier causa, enfermedad de Alzheimer y demencia vascular.

    En general, las personas que realizaban mayores niveles de actividad física durante su tiempo libre presentaron un riesgo de demencia 24% menor frente a quienes tenían niveles más bajos de actividad.

    Entre las actividades consideradas se encuentran caminar, montar bicicleta, correr, nadar y practicar diferentes deportes.

    La actividad física del trabajo mostró una asociación diferente

    En contraste, los investigadores observaron que la actividad física realizada como parte del trabajo se asoció con un riesgo de demencia 20% mayor.

    Los autores señalan que este resultado debe interpretarse con cautela. El estudio es observacional, por lo que no puede demostrar que realizar trabajos físicamente exigentes cause demencia.

    Además, la actividad física doméstica pareció relacionarse con beneficios, aunque los investigadores advierten que la evidencia disponible en este ámbito es limitada. Los desplazamientos activos al trabajo, por su parte, mostraron un ligero aumento del riesgo, pero los datos procedían únicamente de dos estudios.

    ¿Por qué podría existir esta diferencia?

    Los investigadores plantean que la denominada "paradoja de la actividad física" podría extenderse también a la salud cerebral. Este concepto describe cómo la actividad física asociada a trabajos exigentes no necesariamente produce los mismos beneficios que el ejercicio realizado voluntariamente durante el tiempo libre.

    Mientras el ejercicio recreativo suele ser autodirigido y puede realizarse a una intensidad elegida por la persona, además de favorecer la interacción social y la reducción del estrés, los trabajos físicamente exigentes pueden implicar movimientos repetitivos, levantamiento de cargas, largos periodos de pie y poco tiempo de recuperación.

    A esto se suman factores relacionados con las condiciones laborales, como el estrés psicosocial, un menor control sobre las tareas, exposición a contaminación atmosférica y acústica y otros riesgos ocupacionales.

    El estrés y las condiciones laborales también importan

    Los autores consideran que los posibles efectos desfavorables observados en la actividad física laboral probablemente no se expliquen por el movimiento en sí mismo, sino por el conjunto de circunstancias que pueden acompañar a determinados empleos físicamente exigentes.

    Además, quienes realizan trabajos manuales pueden disponer de menos tiempo o energía para practicar ejercicio durante sus horas libres debido a la fatiga, las jornadas laborales o las limitaciones para acceder a espacios adecuados y seguros.

    De acuerdo con los investigadores, los niveles más elevados de ejercicio en el tiempo libre se asociaron con una reducción progresiva del riesgo de demencia hasta alcanzar un punto de estabilización. La relación fue inversa con la actividad física laboral, que mostró un aumento progresivo del riesgo antes de estabilizarse.

    No significa que haya que evitar los trabajos físicos

    Los resultados no implican que las personas deban evitar los empleos que requieren esfuerzo físico. Los investigadores enfatizan que todavía se necesitan estudios adicionales para comprender mejor los mecanismos detrás de estas asociaciones.

    Otra limitación es que gran parte de los estudios analizados se realizaron en países de ingresos altos y que la mayoría se basó en la actividad física reportada por los propios participantes, lo que puede introducir errores de recuerdo.

    Los hallazgos, sin embargo, apuntan a la importancia de considerar el contexto de la actividad física y no únicamente la cantidad de movimiento acumulada durante el día.

    El contexto también podría influir en la salud cerebral

    La investigación plantea una conclusión más amplia: promover la actividad física no debería limitarse a contabilizar pasos, horas de movimiento o esfuerzo físico.

    Los investigadores destacan la importancia de facilitar el acceso a parques, senderos e instalaciones recreativas, así como garantizar que las personas dispongan de tiempo suficiente para realizar ejercicio y reducir las exposiciones potencialmente perjudiciales en los lugares de trabajo.

    En ese sentido, el estudio refuerza la importancia de combinar actividad física recreativa con otros factores vinculados a la salud cerebral, como el manejo del estrés, las condiciones laborales y el mantenimiento de la reserva cognitiva.

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