Una desaceleración en el peso o la estatura puede ser una señal de que un niño no está recibiendo, absorbiendo o aprovechando adecuadamente los nutrientes. La gastroenteróloga pediátrica Dra. Claudia Moreda explica qué señales deben vigilar los padres y cuándo es necesario realizar estudios.

Aunque algunos niños pueden ser naturalmente de baja estatura debido a factores genéticos y mantenerse de forma constante en una misma curva de crecimiento, una caída progresiva en los percentiles de peso o estatura puede indicar una alteración que requiere evaluación médica. Los trastornos gastrointestinales se encuentran entre las posibles causas, pero no son la única explicación.
La Dra. Claudia Moreda, gastroenteróloga pediátrica, destacó que la evaluación del crecimiento infantil debe realizarse a lo largo del tiempo y no basarse únicamente en una medición aislada.
Según explicó, un niño que siempre se ha mantenido en percentiles bajos, por ejemplo, en el tercero o quinto, y continúa siguiendo su propia curva puede estar presentando un patrón de crecimiento normal, especialmente cuando existe un antecedente familiar de baja estatura.
La situación cambia cuando un menor que anteriormente se encontraba en percentiles más altos comienza a estancarse o a descender progresivamente en la gráfica de crecimiento.
"Hay algo que está pasando que deberíamos investigar qué es", señaló Moreda al referirse a los casos en los que el niño deja de ganar peso o comienza a perder posiciones en su curva de crecimiento.
Por esta razón, la especialista recomendó a los padres familiarizarse con la gráfica de crecimiento de sus hijos y prestar atención a la evolución de las mediciones realizadas durante las visitas pediátricas.
El sistema gastrointestinal participa en la digestión y absorción de los nutrientes necesarios para el desarrollo. Por ello, cuando existe una alteración en alguno de estos procesos, una de las primeras manifestaciones puede ser una dificultad para ganar peso o crecer adecuadamente.
Moreda explicó que existen diferentes escenarios que pueden provocar esta situación. El primero y más frecuente es que el niño no esté ingiriendo suficientes alimentos o calorías para cubrir sus necesidades.
Esto puede ocurrir, por ejemplo, cuando un bebé tiene dificultades para alimentarse o no consume la cantidad de leche que necesita. En adolescentes, puede relacionarse con una alimentación insuficiente, saltarse comidas o no alcanzar los requerimientos calóricos diarios.
Otro escenario ocurre cuando el niño consume los alimentos, pero no logra absorber adecuadamente sus nutrientes. En estos casos pueden aparecer síntomas como distensión abdominal o diarrea.
También puede existir pérdida de nutrientes debido a vómitos o diarrea, mientras que algunos pacientes presentan condiciones que aumentan sus necesidades energéticas, como determinadas enfermedades cardíacas o pulmonares.
La especialista enfatizó que una alteración en el crecimiento no necesariamente significa que exista una enfermedad gastrointestinal. La edad del paciente, sus síntomas y su historial médico son fundamentales para determinar cuál puede ser la causa.
Por ejemplo, un bebé que se alimenta, pero se cansa excesivamente, suda durante las tomas o tarda entre 30 y 40 minutos en alimentarse podría requerir una evaluación por una posible condición cardíaca, en lugar de una investigación gastrointestinal inicial.
En cambio, un niño con distensión abdominal y diarrea puede presentar problemas de absorción, entre ellos enfermedad celíaca.
Asimismo, cuando el estreñimiento se acompaña de otros síntomas, como intolerancia al frío, puede ser necesario considerar alteraciones metabólicas como problemas de tiroides.
"Lo que te va a ayudar a definir o poder decir a dónde refiero, qué exámenes enviar, es el historial médico y un buen examen físico", explicó Moreda.
Además de observar la curva de crecimiento, existen síntomas que pueden orientar al pediatra hacia una condición que necesita mayor investigación.
Entre las señales de alerta mencionadas por la especialista se encuentran:
Sangre en las heces.
Dolor abdominal persistente.
Vómitos prolongados.
Diarrea persistente.
Estreñimiento severo.
Descenso progresivo en la curva de peso.
Levantarse durante la noche para defecar.
Sobre este último punto, Moreda explicó que las deposiciones nocturnas pueden ser una señal de inflamación intestinal y deben ser evaluadas cuando se presentan de manera recurrente.
La especialista también llamó la atención sobre manifestaciones que pueden aparecer fuera del sistema gastrointestinal.
Algunas enfermedades gastrointestinales pueden producir manifestaciones extraintestinales, es decir, síntomas que aparecen en otras partes del organismo.
Moreda señaló como ejemplos las úlceras recurrentes en la boca, la anemia que persiste a pesar de recibir suplementación con hierro y los dolores o inflamación de las articulaciones.
Estos signos pueden presentarse incluso cuando el paciente no tiene los síntomas digestivos más conocidos, como vómitos, diarrea o dolor abdominal.
Por ello, la información que aportan los padres sobre cambios en el comportamiento, alimentación, evacuaciones y estado general del niño puede resultar determinante durante la evaluación médica.
Los estudios dependen de las señales que presente el niño
Moreda aclaró que no todos los pacientes con bajo peso o baja estatura necesitan inmediatamente análisis de laboratorio o una endoscopia.
Si el niño simplemente presenta una ganancia de peso insuficiente y no existen otros signos de alarma, el abordaje inicial puede centrarse en evaluar la alimentación y aumentar el aporte calórico cuando sea necesario.
Sin embargo, si existen síntomas como diarrea persistente, estreñimiento severo o sangre en las heces, pueden requerirse pruebas adicionales. Cuando existe sospecha de enfermedad inflamatoria intestinal, por ejemplo, pueden evaluarse parámetros de inflamación tanto en sangre como en las heces.
La endoscopia puede considerarse cuando aparecen síntomas específicos. Entre ellos se encuentran las dificultades para tragar, los episodios frecuentes de atragantamiento o la sensación de que los alimentos quedan atascados.
"Eso no es normal", enfatizó la gastroenteróloga, quien explicó que un niño que comienza a evitar los alimentos sólidos y prefiere purés o líquidos debido a estas dificultades puede requerir una evaluación endoscópica.
Cuando no existen señales de alarma y se identifica una ingesta calórica insuficiente, una de las primeras intervenciones puede ser aumentar las calorías de la alimentación o utilizar suplementación nutricional según las necesidades del paciente.
Pero Moreda destacó que cualquier intervención debe acompañarse de seguimiento.
En el caso de un bebé, por ejemplo, puede ser necesario realizar una nueva medición del peso después de una o dos semanas para determinar si la intervención está funcionando. Si el niño comienza a recuperar peso y vuelve a avanzar en su curva de crecimiento, se puede continuar con el manejo establecido.
"Siempre que hay una intervención, tiene que haber un seguimiento", recalcó.
La especialista explicó que, cuando la causa es una ingesta calórica insuficiente y se interviene a tiempo, algunos bebés pueden presentar lo que se conoce como catch-up growth, o crecimiento de recuperación, mediante el cual recuperan parte del peso que no habían ganado previamente.
Identificar una alteración del crecimiento de manera temprana permite determinar su causa e intervenir antes de que el problema se prolongue.
Por ello, Moreda insistió en que los padres no deben limitarse a conocer cuánto pesa su hijo en una consulta determinada, sino observar cómo ha evolucionado ese peso y su estatura a través del tiempo.
La recomendación principal es mantener un registro de las mediciones, conocer la curva de crecimiento y comunicar al pediatra cualquier cambio relevante en la alimentación, las evacuaciones, el peso o el estado general del niño.
"Familiarizarte con la gráfica del crecimiento de tu hijo", resumió la especialista, quien también exhortó a las familias a brindar toda la información disponible y preguntar ante cualquier preocupación.