Un informe reveló que el 30,79% de los adultos atendidos por conductas adictivas inició tratamiento cuando la adicción ya tenía entre 10 y 20 años de evolución. Los expertos advierten que la normalización de ciertas sustancias, el estigma social y la dificultad para reconocer el problema retrasan la búsqueda de ayuda.

Las adicciones continúan representando un importante desafío de salud mental y salud pública. Con motivo del Día Internacional de la Lucha contra el Uso Indebido y el Tráfico Ilícito de Drogas, que se celebró el pasado 26 de Junio, Proyecto Hombre Madrid presentó un balance de atención correspondiente a 2025 que evidencia una preocupante realidad: muchas personas conviven durante años con una adicción antes de solicitar apoyo profesional.
Durante 2025, un total de 6.784 personas acudieron a Proyecto Hombre Madrid en busca de ayuda por problemas relacionados con adicciones, tanto asociadas al consumo de sustancias como a conductas adictivas.
Del total de personas atendidas, el 82,56% correspondió al área de adultos, mientras que el 17,44% recibió atención en programas dirigidos a menores, jóvenes y familias.
La cifra que más preocupa a los especialistas es que el 30,79% de los pacientes adultos inició tratamiento cuando la adicción ya acumulaba entre diez y veinte años de evolución.
Según explicó el psicólogo Pablo Llama, muchas personas no identifican su comportamiento como una adicción, lo que favorece que el problema se cronifique y aumenten progresivamente sus consecuencias personales, familiares y sociales.
Los expertos señalan que la percepción social de determinadas sustancias, especialmente el alcohol y el cannabis, puede contribuir a minimizar los riesgos asociados a su consumo.
A esto se suma la amplia disponibilidad de sustancias y actividades potencialmente adictivas, así como la persistencia de estereotipos que relacionan las adicciones únicamente con situaciones de extrema vulnerabilidad o deterioro.
Sin embargo, la realidad es diferente. Muchos trastornos adictivos permanecen ocultos durante años bajo una apariencia de normalidad, lo que dificulta tanto que la persona afectada reconozca el problema como que su entorno detecte la necesidad de una intervención especializada.
El panorama asistencial de la organización muestra que el alcohol, la cocaína y el cannabis continúan siendo las sustancias que generan más solicitudes de tratamiento.
Por otra parte, entre las adicciones comportamentales destacan la ludopatía y el uso problemático de pantallas y videojuegos, especialmente entre los pacientes más jóvenes.
Los especialistas advierten que estas conductas pueden tener un impacto significativo en la salud emocional, las relaciones personales, el desempeño académico o laboral y la estabilidad económica.
La organización recomienda buscar orientación profesional cuando una persona presenta dificultades crecientes para controlar un consumo o una conducta, necesita recurrir a ella para manejar emociones o situaciones cotidianas, o requiere cada vez mayores cantidades o una frecuencia más elevada para obtener el mismo efecto.
También pueden ser señales de alerta la preocupación constante por consumir o repetir una actividad, la aparición de ansiedad, irritabilidad o malestar cuando no puede realizarla, así como la tendencia a justificar, ocultar o minimizar el comportamiento y sus consecuencias.
El informe destaca que, en muchos casos, son los familiares o amigos quienes detectan antes los cambios asociados a la adicción y buscan información o ayuda especializada.
De hecho, el 58% de los tratamientos iniciados en Proyecto Hombre Madrid comenzaron por la iniciativa de una persona cercana al paciente.
Los expertos insisten en que eliminar los prejuicios asociados a las adicciones puede favorecer una detección más temprana y aumentar las probabilidades de recuperación, ya que cuanto más tiempo se mantiene una conducta adictiva, más difícil resulta abandonarla y mayores son sus efectos negativos en la vida de la persona.