¿Por qué los mosquitos pican más a unas personas que a otras? La ciencia ya tiene respuestas

Lejos de actuar al azar, los mosquitos utilizan un sofisticado sistema sensorial para localizar a sus víctimas. El dióxido de carbono, el calor corporal, los olores de la piel e incluso algunos hábitos pueden influir en quién recibe más picaduras.

Andrea Bazurto Gutiérrez

    ¿Por qué los mosquitos pican más a unas personas que a otras? La ciencia ya tiene respuestas

    Cada verano, los mosquitos se convierten en una de las mayores molestias para millones de personas. Sin embargo, su importancia va mucho más allá del picor que dejan sus picaduras. Estos insectos son considerados los animales más letales para los seres humanos debido a las enfermedades que transmiten, entre ellas la malaria, el dengue, el zika, la fiebre amarilla y la chikunguña.

    Aunque convivimos con ellos desde siempre, solo en los últimos años la ciencia ha logrado comprender con mayor detalle cómo encuentran a sus víctimas y por qué algunas personas parecen atraerlos más que otras.

    Un sofisticado sistema de búsqueda

    Contrario a lo que podría pensarse, los mosquitos no nos encuentran por casualidad. Las hembras —las únicas que pican porque necesitan proteínas de la sangre para producir sus huevos— utilizan una combinación de señales para localizar a sus huéspedes.

    El primer rastro es el dióxido de carbono que exhalamos al respirar. Los mosquitos pueden detectar mínimas variaciones en la concentración de este gas y seguir su trayectoria hasta acercarse a una posible fuente de alimento.

    Una vez identifican la presencia de CO2, otros sentidos entran en acción. La visión les permite detectar siluetas y colores que se asemejan a la piel humana, mientras que el calor corporal y la humedad de la piel les ayudan a confirmar que se encuentran frente a un objetivo adecuado.

    El olor corporal marca la diferencia

    La razón principal por la que algunas personas reciben más picaduras que otras parece estar en la química de su cuerpo.

    La piel humana libera cientos de compuestos volátiles que conforman una especie de "firma olfativa" única para cada individuo. Los mosquitos han evolucionado para reconocer muchos de estos compuestos y utilizarlos como guía para identificar a sus presas.

    Los investigadores han encontrado que factores genéticos podrían explicar gran parte de esta diferencia de atractivo. Algunas personas producen mayores cantidades de sustancias como el ácido láctico, uno de los compuestos que más atraen a estos insectos.

    Además, la microbiota de la piel también influye. Las bacterias que habitan naturalmente en distintas zonas del cuerpo modifican los olores que emitimos y pueden hacer que algunas personas resulten especialmente atractivas para los mosquitos.

    ¿Influye el grupo sanguíneo?

    Uno de los mitos más extendidos es que los mosquitos prefieren a quienes tienen la sangre "más dulce". La evidencia científica no respalda esta creencia.

    Sin embargo, algunos estudios sugieren que los mosquitos podrían mostrar cierta preferencia por las personas con grupo sanguíneo O. Aunque los resultados no son concluyentes, los investigadores consideran posible que los insectos detecten compuestos asociados a los antígenos sanguíneos presentes en el sudor o la saliva.

    Embarazo, ejercicio y otros factores

    No todo depende de la genética. Algunas condiciones fisiológicas también pueden aumentar el riesgo de sufrir picaduras.

    La actividad física incrementa la producción de dióxido de carbono, eleva la temperatura corporal y favorece la sudoración, tres señales que resultan atractivas para los mosquitos.

    De igual manera, las mujeres en etapas avanzadas del embarazo suelen exhalar más CO2 y generar mayor calor corporal, lo que podría explicar por qué reciben más picaduras que otras personas.

    Cuando las enfermedades ayudan a los mosquitos

    Las investigaciones también han revelado un fenómeno inquietante: ciertas infecciones pueden modificar el olor corporal de las personas y hacerlas más atractivas para los mosquitos.

    Estudios experimentales han mostrado que enfermedades como el dengue, el zika o la malaria alteran la composición de las bacterias presentes en la piel, favoreciendo la producción de sustancias químicas que atraen a los insectos. Esto podría facilitar la transmisión de estos patógenos entre diferentes personas.

    Un desafío creciente para la salud pública

    El problema podría agravarse en los próximos años. El aumento de las temperaturas asociado al cambio climático está favoreciendo la expansión de especies de mosquitos que antes estaban limitadas a regiones tropicales.

    Expertos advierten que enfermedades como el dengue podrían extenderse a nuevas zonas geográficas, aumentando el riesgo para millones de personas.

    Mientras los científicos continúan investigando cómo funcionan los complejos mecanismos de búsqueda de los mosquitos y desarrollan repelentes más eficaces, una conclusión parece clara: estos insectos poseen una estrategia sorprendentemente robusta para encontrarnos, incluso cuando creemos haber pasado desapercibidos.

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