La cobertura boscosa de las cuencas hidrográficas influye en la capacidad de los terrenos para captar y retener agua. En Puerto Rico, las cuencas de los lagos Carraízo y La Plata tienen 36% de cobertura boscosa. En contraste, la cuenca del lago Dos Bocas alcanza 80% de cobertura y abastece al área metropolitana. El señalamiento surge en medio de los problemas de abastecimiento y racionamiento de agua que enfrenta la isla.

La reducción de la cobertura boscosa en las cuencas hidrográficas puede afectar la capacidad natural de los terrenos para manejar el agua de lluvia. Así lo plantea Arturo Massol Deyá, director ejecutivo de Casa Pueblo, en una columna de opinión publicada en El Nuevo Día, en la que relaciona el desarrollo urbano, la pérdida de bosques y la crisis de agua que enfrenta Puerto Rico.
Según los datos presentados en el artículo, las cuencas hidrográficas de los lagos Carraízo y La Plata cuentan con solo 36% de cobertura boscosa, mientras que la cuenca del lago Dos Bocas alcanza un 80%.
Análisis sostienen que la diferencia tiene relevancia ante los problemas de abastecimiento que experimenta la isla y plantea que una mayor presencia de bosques favorece la captación y retención del agua.
La cuenca del lago Dos Bocas, que ha sido defendida de proyectos de minería y de un gasoducto, presenta 80% de cobertura boscosa, de acuerdo con la información divulgada en la publicación.
Esta zona abastece al área metropolitana de San Juan, descrita en el artículo como la región más subsidiada del país, con un suministro de 80 millones de galones de agua diarios.
El planteamiento contrasta con la situación de las cuencas de Carraízo y La Plata, donde la cobertura boscosa alcanza apenas 36%.
El artículo señala que el desarrollo con permisos a mansalva ha contribuido a impermeabilizar gran parte de las cuencas hidrográficas. Esta transformación reduce la capacidad natural del terreno para absorber y manejar el agua de lluvia.
También se vincula la crisis de agua con una reducida capacidad de recarga de los embalses durante los periodos secos y con la sedimentación, factores que afectan el almacenamiento del recurso.
En ese contexto, plantea que el problema no debe atribuirse únicamente a los patrones de lluvia o a fenómenos climáticos, sino que también debe analizarse el modelo de desarrollo y su impacto sobre las cuencas.
Distintos sectores de Puerto Rico enfrentan problemas de disponibilidad de agua, con interrupciones prolongadas en el servicio y racionamientos que han afectado a residentes de municipios como San Juan, Carolina, Loíza, Trujillo Alto, Canóvanas, Guaynabo, Juncos y Río Grande.
Además, que aunque los embalses se encontraban en relativo buen estado, entre ellos Carraízo, Garzas, Caonillas, Guajataca, Dos Bocas, Carite y Patillas, algunos residentes experimentaban racionamiento.
La situación evidencia la necesidad de considerar la protección de las cuencas hidrográficas como parte de las estrategias para garantizar el suministro de agua.
La protección de los bosques y de las cuencas hidrográficas debe formar parte de las medidas para enfrentar los problemas de agua.
La propuesta apunta a mirar la crisis de abastecimiento más allá del periodo de sequía y a considerar la conservación de las áreas naturales como parte de la capacidad de Puerto Rico para manejar y almacenar sus recursos hídricos.
Fuente: El Nuevo Día, columna de opinión "Que no le pase a la isla lo que le pasó a San Juan", de Arturo Massol Deyá, publicada el 16 de agosto de 2026.