Dolor abdominal y síndrome de intestino irritable: Así el estrés puede estar afectando su salud digestivo

Expertos abordan cómo los desequilibrios emocionales afectan órganos como el corazón, el sistema digestivo y la piel, y qué se puede hacer al respecto.

Laura Guio

    Dolor abdominal y síndrome de intestino irritable: Así el estrés puede estar afectando su salud digestivo

    ¿Cuántas veces hemos dicho "tengo el estómago encogido" antes de un examen o "se me revolvió el estómago" en un momento de gran tensión? Lo que parece solo una forma de hablar tiene, en realidad, una base científica sólida. 

    En una reciente emisión del programa Telesalud: La clínica en casa, el Dr. Julián Carreño y el psicólogo clínico, Luis Ortiz Hadad fueron directos al respecto: "la ansiedad puede afectar prácticamente cualquier órgano, pero hay algunos que son los principales diana que reciben el impacto de esos desequilibrios psicológicos; básicamente el corazón, el aparato digestivo e incluso la piel."

    Para ilustrarlo, el especialista recurrió a ejemplos cotidianos que resonaron entre los oyentes: el infarto provocado por un episodio de ira, la úlcera que "sacó" el estrés sostenido, o la diarrea que aparece puntualmente en época de exámenes. "Eso no es porque se comió algo", aclaró el Dr. Luis Ortiz Hadad "es sencillamente que se producen desequilibrios en nuestra fisiología, en nuestro funcionamiento."

    El cerebro emocional: el gran director de orquesta

    El médico hizo énfasis en la importancia del sistema límbico —conocido también como el cerebro emocional—, una región del cerebro desde la cual se originan muchas de las alteraciones físicas asociadas a estados de ansiedad o estrés. 

    "No hace mucho que estamos conociendo la importancia de lo que es la inteligencia o madurez emocional, o lo que se ha llamado el cerebro emocional o límbico", señaló el Dr. Luis, "es interesantísimo conocerlo, porque desde ahí se producen todas estas alteraciones."

    Y añadió un mensaje de optimismo: entender ese mecanismo no solo sirve para prevenir daños, sino que abre la puerta a un poder real sobre la propia salud. "En la medida en que nosotros lo entendemos y logramos controlarlo, impresionante todo lo que podemos hacer por nosotros mismos", afirmó. 

    "Cómo podemos mejorar nuestra salud, nuestra efectividad a todos los niveles: en los negocios, en lo laboral, en las relaciones de pareja y en todas nuestras relaciones sociales."

    ¿Qué es la ansiedad intestinal y por qué cada vez se habla más de ella?

    La ciencia respalda lo que el Dr. Carreño explicó en el programa. La llamada ansiedad intestinal es una manifestación psicosomática en la que el estrés y las emociones se traducen en síntomas físicos que afectan directamente al sistema digestivo.

     En el centro de este fenómeno se encuentra el eje intestino-cerebro: una red de comunicación bidireccional entre el sistema nervioso central y el sistema nervioso entérico, también llamado el "segundo cerebro". Cuando el cerebro percibe una amenaza —aunque solo sea psicológica—, activa la respuesta de "lucha o huida", lo que altera la motilidad intestinal, la producción de enzimas digestivas y el flujo sanguíneo al tracto gastrointestinal.

    El síndrome del intestino irritable (SII), una de las expresiones más reconocidas de esta conexión, afecta a entre el 10 % y el 20 % de la población general, con una prevalencia dos o tres veces mayor en mujeres que en hombres.

    Las señales del cuerpo: síntomas que no deben ignorarse

    Los síntomas más comunes de la ansiedad intestinal incluyen:

    • Dolor abdominal y calambres

    • Hinchazón y náuseas

    • Diarrea alternada con estreñimiento

    • Sensación constante de malestar abdominal

    • Urgencia por ir al baño sin causa alimentaria aparente

    Desde la psicología, estos síntomas no se consideran una debilidad ni una casualidad: son un lenguaje emocional que el cuerpo usa cuando la mente no encuentra otra forma de expresar un conflicto interno. Reconocerlos y asociarlos a experiencias de estrés, miedos o inseguridades es el primer paso hacia el procesamiento del malestar.

    ¿Qué puede ayudar? De la respiración a la psicoterapia

    Tratar la ansiedad intestinal implica actuar en dos niveles: el corporal y el mental. Entre las herramientas más recomendadas se encuentran la respiración diafragmática, que calma el sistema nervioso parasimpático; el mindfulness, que permite observar las sensaciones corporales sin juzgarlas; y el journaling o escritura expresiva, útil para externalizar emociones no verbalizadas.

    En los casos donde los síntomas persisten, limitan la vida social o afectan el estado de ánimo, la intervención de un profesional de la salud mental se vuelve fundamental. Enfoques como la terapia cognitivo-conductual (TCC), la terapia de aceptación y compromiso (ACT), el mindfulness terapéutico (MBCT) e incluso el EMDR han demostrado eficacia en el manejo de estas condiciones.

     La intervención temprana es clave para evitar la cronificación del malestar, y la colaboración entre psicólogos, médicos y nutricionistas ofrece al paciente el abordaje más completo y personalizado.




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