El músculo del corazón puede engrosarse de forma silenciosa, obstruir su función y derivar en fallo cardíaco.

Los conflictos armados en Irán, Palestina y Ucrania no solo dejan víctimas físicas: dejan sociedades enteras fracturadas emocionalmente. Así lo advierte la doctora Sonia Santiago, psicóloga clínica con doctorado y presidenta de la organización pacifista Madres contra la Guerra, quien en entrevista con el programa Salud y Bienestar de Noticias 247 analizó las consecuencias psicológicas de las guerras en curso.
Según Santiago, los daños mentales en los países afectados son permanentes. Irán acumula más de 3.700 muertes confirmadas por su Ministerio de Salud, Palestina supera las 75.000, y Ucrania registra más de 10.000 víctimas fatales. El Líbano, por su parte, alberga más de un millón de refugiados.
"Estamos viendo una situación de mucho dolor espiritual. Y estas ansiedades emocionales se sienten no solamente por las personas que están directamente invadidas."
Para la especialista, el núcleo familiar es el más vulnerable cuando desaparecen las condiciones básicas de vida. Vivienda, agua potable, alimentación y educación no son privilegios, sino derechos que al ser negados desencadenan consecuencias graves.
"El no tener ese acceso, el saberse en una situación de vulnerabilidad, escuchar detonaciones, sentir que tu vida está en riesgo, te provoca una ansiedad extraordinaria, ansiedad que si se mantiene persistentemente se puede tornar en condiciones de trastorno de salud mental severos y permanentes."
Entre esos trastornos, Santiago menciona el estrés postraumático, la depresión mayor y, en casos extremos, episodios psicóticos.
La doctora también señaló el impacto sobre las familias de los soldados, especialmente los menores. Citó investigaciones de la doctora Sara, realizadas con más de 10.000 docentes en Maryland y Virginia, que evidencian en los hijos de militares mayor tendencia al fracaso escolar, conductas violentas y atracción hacia las armas.
"¿Cómo es posible que mi padre y mi madre estén en una situación de guerra, que les toque dar guerra y que dependan de las armas para poder sobrevivir? Eso afecta muchísimo."
Aun para quienes viven lejos de las zonas de combate, en países como Estados Unidos, Puerto Rico o América Latina, la guerra llega a través del celular. Santiago advirtió sobre el consumo compulsivo de imágenes violentas, muchas de ellas generadas o distorsionadas por inteligencia artificial, y sobre la responsabilidad que recae en los adultos.
"Si tú sabes que este niño ha visto imágenes en las noticias, las escucha, tú tienes la responsabilidad de explicarle, escucharle, dejar que ese niño se desahogue y decirle cosas como: eso no les toca a los muchachos."
La especialista insistió en que los padres y tutores deben convertir esos momentos en oportunidades pedagógicas para enseñar que existen formas no violentas de resolver los conflictos.