Paciente con infección por VIH sin tratamiento reciente consulta por lesiones cutáneas necróticas e isquemia en miembros inferiores.

Una mujer de 42 años con antecedente de infección por VIH en estadio avanzado, quien había suspendido su terapia antirretroviral durante cinco meses. Consultó por dolor intenso en miembros inferiores de cinco días de evolución, acompañado de parestesias en distribución distal y edema progresivo.
Posteriormente desarrolló lesiones cutáneas caracterizadas por máculas eritemato-violáceas con necrosis de patrón retiforme en pies, asociadas a ampollas tensas. Al examen físico se evidenció compromiso vascular con disminución de pulsos distales y signos de hipoperfusión, junto con alteraciones sensitivas compatibles con neuropatía periférica.
Los estudios de laboratorio descartaron infecciones concomitantes relevantes y enfermedades autoinmunes. La angiotomografía mostró engrosamiento y disminución del calibre de arterias de mediano vaso en miembros inferiores, sin evidencia de trombosis aguda. Los estudios electrodiagnósticos confirmaron una neuropatía mixta sensitivo-motora.
La biopsia cutánea evidenció inflamación de vasos de mediano calibre con infiltrado de neutrófilos, compatible con vasculitis tipo poliarteritis nodosa. En conjunto con los hallazgos clínicos, se estableció el diagnóstico de poliarteritis nodosa asociada a VIH.
Dada la severidad del cuadro, caracterizado por isquemia crítica y compromiso neurológico, se inició tratamiento con glucocorticoides a dosis altas. Posteriormente, y ante la persistencia del riesgo de progresión, se añadió ciclofosfamida con aval del equipo de infectología, considerando el estado de inmunosupresión de la paciente.
Durante la hospitalización se observó mejoría del dolor y de la perfusión tisular, sin aparición de nuevas lesiones necróticas. En el seguimiento ambulatorio a tres meses, la paciente permanecía sin recaídas clínicas ni progresión de la enfermedad, aunque con persistencia de algunos déficits sensitivos.
De acuerdo a Jennifer Delgadillo Velásquez et al., la asociación entre vasculitis y VIH es rara, con una prevalencia reportada menor al 1%. Su incidencia ha disminuido notablemente con el uso generalizado de terapia antirretroviral. Cuando ocurre, suele afectar vasos pequeños y medianos, con manifestaciones predominantemente cutáneas y neurológicas.
Los mecanismos fisiopatológicos propuestos incluyen daño directo viral, depósito de complejos inmunes y desregulación del sistema inmune. A diferencia de la poliarteritis nodosa clásica, la forma asociada a VIH tiende a ser menos sistémica, con menor compromiso visceral.
El tratamiento representa un reto clínico, ya que requiere balancear la inmunosupresión necesaria para controlar la vasculitis con el riesgo de infecciones oportunistas. Los glucocorticoides constituyen la base del manejo, mientras que inmunosupresores como la ciclofosfamida se reservan para casos graves.