Aislamiento social amenaza la salud mental de los adultos mayores en Puerto Rico

Experto alerta sobre la crisis de salud mental que enfrenta el 33% de la población puertorriqueña mayor de 60 años, agravada por la escasez de especialistas y la sobremedicación.

Laura Guio

    Aislamiento social amenaza la salud mental de los adultos mayores en Puerto Rico

    En una entrevista concedida al programa Salud y Bienestar de Noticias 24/7, en el espacio de la Revista de Medicina y Salud Pública (MSP). Conversamos con José Acarón, Director Ejecutivo de AARP Puerto Rico,  quien explicó que la salud mental no es un estado que aparece de repente, sino el resultado de décadas de experiencias procesadas —o mal procesadas— a lo largo de la vida.

     Según el directivo, el principal factor de riesgo entre los adultos mayores en la isla hoy no es una enfermedad crónica ni la falta de medicamentos: es la soledad. "El aislamiento social es peor para la salud que fumarse 13 cigarrillos diarios", afirmó.

    El fenómeno se agrava porque muchos adultos mayores viven solos tras la emigración de sus familias hacia Estados Unidos continental. Esa soledad desemboca en depresión, que a su vez deteriora la salud física: eleva la presión arterial, debilita el sistema inmunológico y actúa como detonante de enfermedades neurodegenerativas. "La depresión es el combustible para enfermedades como el alzhéimer y otras demencias", advirtió Acarón.

    Pocos especialistas, mucha medicación

    La escasez de profesionales capacitados para atender la salud mental de personas mayores es otro nudo crítico.

    Acarón señaló que la mayoría de los psicólogos en formación se inclina hacia la psicología infantil o escolar, dejando desatendida a una población que ya representa el 33% de los habitantes de la isla. 

    A ello se suma un problema cultural y sistémico: la tendencia de algunos médicos a considerar la depresión como algo natural en la vejez. "Se cree que la gente mayor es normal que esté deprimida. No, no lo es", subrayó el directivo, quien advirtió que esa actitud lleva a no realizar diagnósticos adecuados ni ofrecer los tratamientos necesarios.

    Acarón también cuestionó el modelo predominante de atención, que prioriza la prescripción farmacológica sobre la terapia psicológica y los cambios en el estilo de vida. Mencionó la automedicación —especialmente con ansiolíticos y pastillas para dormir— como una bomba de tiempo que muchas familias no identifican como tal.

    La doble carga del adulto mayor que trabaja y cuida nietos

    Muchos abuelos en Puerto Rico se han convertido en cuidadores principales de sus nietos, asumiendo una responsabilidad de tiempo completo sin remuneración, mientras el costo de vida sigue aumentando y sus ingresos permanecen fijos. 

    Para Acarón, hay una diferencia fundamental que define el impacto en la salud mental: "Si yo quiero volver a trabajar es una cosa; si tengo que regresar a trabajar sin quererlo, ya es otra. Y ahí es que viene la parte de salud mental."

    Alianzas y acciones en marcha

    Ante este panorama, AARP trabaja en una alianza con la Universidad Alvernia y la Escuela de Medicina de Ponce para ampliar los servicios de salud mental para adultos mayores más allá del área metropolitana, extendiéndose también a Ponce y Mayagüez.

     El esfuerzo involucra un grupo de trabajo de alrededor de 25 organizaciones, entre ellas hospitales como el SIMA en Guayama y el San Juan Capestrano. Para Acarón, la clave está en que cada persona tenga un propósito de vida claro, participación social activa y acceso real a servicios especializados. "Se está haciendo", reconoció, "pero todavía muy poco."


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