Estudios en población geriátrica han observado posibles mejoras en síntomas como la ansiedad y la agitación, pero todavía no existe evidencia suficiente para establecer su eficacia y seguridad como alternativa terapéutica a largo plazo.

El uso del cannabis con fines terapéuticos en pacientes con trastornos neurológicos y psiquiátricos continúa bajo investigación. Aunque algunos estudios han identificado posibles beneficios en síntomas específicos, la evidencia disponible todavía no permite considerarlo una alternativa terapéutica establecida para condiciones como la enfermedad de Alzheimer.
Uno de los campos que ha despertado interés es el tratamiento de los síntomas conductuales asociados con la demencia. Actualmente, se desarrolla un estudio de fase 2 que evalúa la eficacia del cannabis para disminuir la agitación en pacientes con enfermedad de Alzheimer.
La investigación se realiza bajo regulaciones farmacéuticas y no está relacionada con dispensarios comerciales. El objetivo es determinar si este tipo de intervención puede ofrecer beneficios clínicos concretos y establecer su perfil de seguridad.
Experiencias realizadas en poblaciones geriátricas han reportado mejoras en algunos pacientes con demencia, particularmente en síntomas como la ansiedad y la agitación. También se han descrito cambios favorables en la socialización y el bienestar general en determinados contextos.
Sin embargo, estos resultados corresponden a poblaciones específicas y no pueden extrapolarse automáticamente a personas jóvenes o a pacientes que presentan únicamente un diagnóstico de ansiedad.
De hecho, todavía existe incertidumbre sobre la evidencia que respalda el uso del cannabis para tratar la ansiedad en población general. La falta de estudios controlados suficientes hace necesario interpretar estos posibles beneficios con cautela.
Como parte de las investigaciones en curso, se evalúa en Puerto Rico, el sur de Florida y una región francófona de Canadá un sirope que combina cannabis y melatonina para tratar determinados síntomas asociados con la demencia.
El producto permanece bajo investigación y no está disponible en el mercado como tratamiento aprobado para esta indicación. Los resultados de este tipo de estudios serán necesarios para determinar si existe un beneficio clínico que pueda justificar su utilización terapéutica.
Mientras se investigan sus posibles aplicaciones terapéuticas, otros trabajos científicos han estudiado los riesgos asociados con el consumo de cannabis, particularmente su relación con los trastornos psicóticos.
Investigaciones recientes han identificado mecanismos mediante los cuales el cannabis podría interferir con procesos del desarrollo cerebral, incluida la llamada poda sináptica, un mecanismo natural mediante el cual el cerebro elimina conexiones neuronales innecesarias.
Esta alteración podría tener implicaciones especialmente en personas con vulnerabilidad a desarrollar síntomas psicóticos.
Una revisión sistemática que analizó 13 estudios también encontró una asociación significativa entre el consumo de cannabis y la aparición de psicosis. Factores como la cantidad consumida, la edad de inicio, la susceptibilidad genética y experiencias de trauma durante la infancia podrían influir en esta relación.
No obstante, los investigadores todavía estudian la dirección exacta de esta asociación. Es decir, no está completamente establecido si el consumo de cannabis aumenta directamente el riesgo de psicosis o si las personas con una predisposición previa a estos trastornos tienen mayor probabilidad de recurrir al cannabis como una forma de automedicación.
Otros datos provenientes de registros nacionales de Dinamarca encontraron una asociación entre el trastorno por consumo de cannabis y un mayor riesgo de desarrollar esquizofrenia, particularmente entre hombres jóvenes de 16 a 25 años.
Los investigadores estimaron que cerca del 20% de los casos de esquizofrenia en este grupo podrían prevenirse evitando el trastorno por consumo de cannabis.
Estos hallazgos reflejan la complejidad de estudiar el cannabis desde una perspectiva médica. Mientras determinadas investigaciones exploran su potencial para controlar síntomas específicos en pacientes con demencia, otras advierten sobre posibles riesgos para la salud mental.
Por ahora, la evidencia no permite considerar el cannabis como un tratamiento general para el alzhéimer, la ansiedad u otros trastornos neurológicos o psiquiátricos. Los resultados de los ensayos clínicos en curso serán fundamentales para determinar qué beneficios puede ofrecer, en qué pacientes y bajo qué condiciones de seguridad.