Carcinoma hepatocelular: el tipo más común de cáncer de hígado puede pasar años sin síntomas

El carcinoma hepatocelular, el tipo más frecuente de cáncer de hígado, puede detectarse mediante estudios por imágenes en algunos casos, sin necesidad de biopsia. El tratamiento dependerá del estadio de la enfermedad, la función hepática y el estado general del paciente.

Andrea Bazurto Gutiérrez

    Carcinoma hepatocelular: el tipo más común de cáncer de hígado puede pasar años sin síntomas

    El carcinoma hepatocelular es el tipo más común de cáncer de hígado y suele desarrollarse en personas con enfermedades hepáticas crónicas, como la cirrosis causada por hepatitis B o hepatitis C. Sin embargo, también puede aparecer en personas sin enfermedad hepática avanzada. Debido a que en sus etapas iniciales generalmente no produce síntomas, el diagnóstico temprano y una evaluación integral son fundamentales para definir el tratamiento más adecuado.

    Un equipo especializado es clave desde el diagnóstico

    El Dr. Sean Cleary, cirujano hepático, recomienda que las personas diagnosticadas con cáncer de hígado sean atendidas en centros con experiencia en esta enfermedad y con un equipo multidisciplinario integrado por hepatólogos, cirujanos hepáticos y de trasplante, oncólogos médicos y radiólogos.

    Además, destaca la importancia de que los pacientes participen activamente en las decisiones sobre su atención, haciendo preguntas sobre las alternativas terapéuticas, sus beneficios y posibles riesgos para elegir, junto con el equipo médico, la opción más adecuada.

    También aconseja evitar factores que puedan provocar un mayor daño al hígado, como el consumo de alcohol y tabaco, además de mantener una alimentación saludable y realizar actividad física de manera regular.

    ¿Siempre es necesaria una biopsia?

    A diferencia de otros tipos de cáncer, el carcinoma hepatocelular puede diagnosticarse en algunos pacientes sin necesidad de realizar una biopsia.

    De acuerdo con Mayo Clinic, estudios por imágenes como la tomografía computarizada y la resonancia magnética pueden ofrecer información suficiente para establecer el diagnóstico cuando presentan características compatibles con este tipo de tumor. Sin embargo, en otras situaciones sí puede ser necesario obtener una muestra de tejido mediante una biopsia hepática para confirmar el diagnóstico.

    La biopsia consiste en introducir una aguja fina a través de la piel para extraer una pequeña muestra del hígado, procedimiento que conlleva riesgos como sangrado, moretones e infección.

    Determinar el estadio permite elegir el tratamiento

    Una vez confirmado el diagnóstico, el siguiente paso consiste en establecer el estadio del cáncer, es decir, conocer el tamaño del tumor, su ubicación y si se ha diseminado a otras partes del cuerpo.

    Para ello pueden utilizarse tomografías computarizadas, resonancias magnéticas y gammagrafías óseas. Esta información permite definir tanto las opciones de tratamiento como el pronóstico de la enfermedad.

    Las opciones terapéuticas dependen del avance del cáncer

    El tratamiento del cáncer de hígado se adapta al estadio de la enfermedad, la función del hígado, la edad y el estado general de salud del paciente.

    Cuando el tumor es pequeño y el hígado conserva un funcionamiento adecuado, puede considerarse la cirugía para extirpar el tumor junto con una pequeña porción de tejido sano. En algunos pacientes con enfermedad en etapas tempranas, el trasplante hepático también puede ser una alternativa.

    Entre los tratamientos localizados se incluyen:

    • Ablación por radiofrecuencia para destruir las células cancerosas mediante calor.

    • Crioablación, que elimina el tumor utilizando frío extremo.

    • Inyección directa de alcohol en el tumor.

    • Quimioembolización, que administra medicamentos de quimioterapia directamente en el hígado.

    • Radioembolización mediante pequeñas esferas que liberan radiación sobre el tumor.

    Cuando estas alternativas no son posibles o el cáncer se encuentra más avanzado, pueden emplearse radioterapia, terapias dirigidas, inmunoterapia y quimioterapia, según las características de cada paciente.

    Asimismo, los cuidados paliativos pueden incorporarse junto con los tratamientos oncológicos para aliviar síntomas, controlar el dolor y mejorar la calidad de vida.

    Factores de riesgo que aumentan la probabilidad de desarrollar cáncer de hígado

    El principal factor de riesgo para el carcinoma hepatocelular es la cirrosis. También aumentan el riesgo:

    • Infección por hepatitis B o hepatitis C.

    • Enfermedad hepática esteatósica relacionada con la disfunción metabólica (antes denominada hígado graso no alcohólico).

    • Diabetes.

    • Obesidad.

    • Enfermedades hereditarias como la hemocromatosis y la enfermedad de Wilson.

    • Consumo excesivo de alcohol.

    • Tabaquismo.

    • Exposición a aflatoxinas presentes en alimentos contaminados por ciertos mohos.

    Prevención: reducir el daño hepático disminuye el riesgo

    Aunque no todos los casos pueden prevenirse, reducir el riesgo de cirrosis ayuda a disminuir la probabilidad de desarrollar carcinoma hepatocelular.

    Entre las principales recomendaciones se encuentran moderar el consumo de alcohol, mantener un peso saludable, vacunarse contra la hepatitis B, tomar medidas para prevenir la hepatitis C y buscar tratamiento cuando exista infección por hepatitis B o C.

    Las personas con mayor riesgo, como quienes presentan cirrosis o infección por hepatitis B o C, deben consultar con su equipo médico sobre la conveniencia de realizar pruebas de detección periódicas, que generalmente incluyen una ecografía abdominal y un análisis de sangre cada seis meses.

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