Aunque Puerto Rico dispone de tratamientos capaces de curar la mayoría de los casos de hepatitis C, expertos y autoridades coinciden en que el mayor obstáculo continúa siendo identificar a las personas infectadas antes de que desarrollen cirrosis, cáncer de hígado u otras complicaciones.

Hace apenas unos años, hablar de erradicar la hepatitis C en Puerto Rico parecía una meta ambiciosa. Sin embargo, la llegada de antivirales orales altamente efectivos transformó el panorama y abrió la posibilidad real de eliminar una enfermedad que durante décadas fue una de las principales causas de enfermedad hepática terminal y trasplante de hígado. Hoy, el desafío ya no radica únicamente en el tratamiento, sino en detectar a tiempo a quienes desconocen que viven con el virus.
La historia reciente de la hepatitis C en Puerto Rico ha estado marcada por un cambio radical. Durante años, la infección representó una de las principales causas de cirrosis y trasplante hepático. No obstante, con la disponibilidad de tratamientos orales capaces de alcanzar tasas de curación cercanas al 100% en la mayoría de los pacientes, especialistas comenzaron a plantear que la erradicación de la enfermedad era científicamente posible.
El infectólogo Jorge L. Santana advirtió ya en 2025 que el principal obstáculo no era la ausencia de medicamentos, sino la gran cantidad de personas que desconocían que estaban infectadas y, por tanto, nunca llegaban al diagnóstico ni al tratamiento. También insistió en que alcanzar la eliminación requería compromiso gubernamental, inversión sostenida y estrategias de salud pública enfocadas en la detección temprana.
Según el Departamento de Salud de Puerto Rico, la hepatitis C suele transmitirse por contacto con sangre infectada, principalmente mediante el uso compartido de agujas u otros equipos para inyectarse drogas. En más de la mitad de las personas, la infección evoluciona hacia una enfermedad crónica que puede permanecer sin síntomas durante décadas antes de manifestarse con daño hepático avanzado.
La agencia recuerda que la enfermedad puede derivar en cirrosis, carcinoma hepatocelular y descompensación hepática, mientras que entre un 5% y un 25% de las personas infectadas desarrollarán cirrosis en un periodo de 10 a 20 años.
Como parte de esa estrategia, el Departamento de Salud mantiene un Sistema de Vigilancia Epidemiológica de Hepatitis C en coordinación con los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), mediante el cual se investigan casos, se identifican brotes y se reportan obligatoriamente los diagnósticos realizados por médicos y laboratorios. La hepatitis C figura entre las enfermedades de notificación obligatoria que deben informarse dentro de los cinco días laborables posteriores a su confirmación.
El informe correspondiente al periodo entre enero y mayo de 2024 documentó 2.097 casos reportados, de los cuales 2.096 correspondieron a hepatitis C crónica y uno a hepatitis C aguda. Además, durante ese mismo periodo no se identificaron brotes asociados a la enfermedad en la isla.
La vigilancia epidemiológica también evidencia un patrón definido de la enfermedad en Puerto Rico. El 73,5% de los casos reportados en 2024 correspondió a hombres, mientras que los grupos de 55 a 64 años y de 65 años o más concentraron más de la mitad de los diagnósticos registrados.
En las investigaciones epidemiológicas realizadas durante 2023, el uso de drogas representó el principal factor de riesgo reportado, seguido por antecedentes de encarcelamiento y el contacto sexual.
Durante la Convención Anual de la Sociedad de Infectólogos de Puerto Rico en 2026, el doctor Jorge Santana señaló que la isla dispone actualmente de tratamientos orales capaces de curar entre el 95% y el 97% de los pacientes en apenas ocho a doce semanas. Sin embargo, explicó que muchas personas nunca llegan a beneficiarse porque desconocen que están infectadas o porque, tras una prueba positiva de anticuerpos, no se realiza oportunamente la prueba confirmatoria mediante ARN o PCR.
El propio informe del Departamento de Salud respalda la importancia de fortalecer ese proceso. Entre sus principales recomendaciones figura implementar pruebas universales al menos una vez en la vida para todos los adultos, realizar "RNA reflex testing" tras una prueba positiva de anticuerpos y ampliar el tamizaje en poblaciones con mayor riesgo de exposición.
A pesar de los avances terapéuticos, especialistas y autoridades coinciden en que la eliminación de la hepatitis C dependerá menos del desarrollo de nuevos medicamentos y más de la capacidad del sistema sanitario para identificar oportunamente a las personas infectadas, garantizar su acceso a pruebas confirmatorias y vincularlas al tratamiento antes de que aparezcan complicaciones irreversibles.
La erradicación de la hepatitis C continúa siendo una posibilidad real, pero exige una respuesta coordinada entre el sistema de salud, los responsables de la política pública y la sociedad para evitar que una enfermedad curable siga avanzando en silencio.