Enzimas hepáticas elevadas en niños: ¿cuándo pueden alertar sobre una enfermedad del hígado?

Un resultado elevado de ALT o AST puede reflejar inflamación del hígado y, cuando persiste durante meses, requiere investigar su causa. El gastroenterólogo pediátrico y hepatólogo de trasplante Dr. Leonardo Hormaza explica qué condiciones pueden estar detrás, cuáles son las señales de alerta y cuándo es necesario acudir a un especialista.

Andrea Bazurto Gutiérrez

    Enzimas hepáticas elevadas en niños: ¿cuándo pueden alertar sobre una enfermedad del hígado?

    Las enzimas hepáticas elevadas en un análisis de sangre pueden ser una de las primeras señales de que existe inflamación en el hígado, incluso cuando el niño no presenta síntomas evidentes. Aunque el término hepatitis puede generar preocupación por su asociación con infecciones virales, el concepto médico hace referencia a la inflamación del hígado y puede tener múltiples causas.

    Así lo explicó el Dr. Leonardo Hormaza, presidente de la Asociación de Gastroenterología y Hepatología Pediátrica de Puerto Rico, durante la Convención Anual de la organización, donde se abordó, entre otros temas, la elevación de enzimas hepáticas en pacientes pediátricos con y sin obesidad.

    "Cuando las enzimas del hígado están elevadas, el nombre médico es hepatitis", señaló el especialista, quien destacó que no necesariamente significa que el paciente tenga hepatitis A, B o C.

    En muchos casos, la inflamación puede estar relacionada con infecciones, particularmente virales, que pueden resolverse por sí solas. Sin embargo, cuando las enzimas permanecen elevadas durante un periodo prolongado, la situación requiere una evaluación más profunda.

    Cuando las enzimas permanecen elevadas

    Las principales enzimas que se evalúan para identificar alteraciones hepáticas son la ALT y la AST, que forman parte de pruebas de laboratorio utilizadas habitualmente en la evaluación médica.

    Hormaza explicó que si las enzimas permanecen elevadas durante aproximadamente seis meses, puede considerarse que existe una inflamación hepática crónica, por lo que es necesario determinar qué está provocándola.

    La importancia de identificar la causa radica en que una inflamación persistente puede generar daño progresivo en el hígado.

    El especialista también aclaró que la bilirrubina no es una enzima hepática. Su elevación puede indicar problemas relacionados con la excreción de esta sustancia, por lo que debe interpretarse de manera diferente dentro de la evaluación del paciente.

    Obesidad y enfermedad hepática metabólica

    En los niños con obesidad, una de las principales preocupaciones ante una elevación persistente de las enzimas hepáticas es la enfermedad hepática asociada a alteraciones metabólicas.

    El especialista explicó que la obesidad pediátrica se ha relacionado con un aumento de problemas vinculados al denominado síndrome metabólico, que puede involucrar alteraciones en el azúcar en sangre, colesterol y otros procesos del organismo, además del hígado.

    En este contexto aparece la enfermedad hepática asociada al metabolismo, conocida anteriormente como hígado graso no alcohólico o non-alcoholic fatty liver disease (NAFLD). El cambio de terminología busca reflejar que se trata de una condición relacionada con alteraciones metabólicas que pueden afectar a diferentes sistemas del organismo.

    Un niño delgado también puede presentar alteraciones

    Aunque el hígado graso es una causa frecuente de elevación crónica de enzimas hepáticas, especialmente en el contexto de alteraciones metabólicas, un niño sin obesidad que presenta este hallazgo también necesita ser evaluado.

    Hormaza señaló que algunos pacientes delgados pueden desarrollar enfermedad hepática relacionada con alteraciones de la insulina, como ocurre en determinados pacientes con diabetes tipo 1. Sin embargo, cuando un niño delgado presenta enzimas hepáticas elevadas de manera persistente, es necesario ampliar la búsqueda.

    Entre las posibilidades que deben considerarse están la hepatitis autoinmune, la enfermedad celíaca y los trastornos de la tiroides, entre otras enfermedades.

    "Hay que buscar una causa de por qué", enfatizó el especialista, al destacar que una elevación crónica de las enzimas no debe considerarse un hallazgo normal.

    El diagnóstico requiere identificar primero la causa

    La evaluación de un paciente pediátrico con enzimas hepáticas elevadas puede requerir diferentes pruebas y seguimiento durante un periodo determinado.

    Aunque la biopsia hepática continúa siendo una herramienta de referencia para confirmar determinados diagnósticos, Hormaza explicó que se trata de un procedimiento invasivo y que no necesariamente es el primer paso.

    Por ello, los especialistas suelen comenzar con estudios de laboratorio y seguimiento periódico para determinar si las alteraciones desaparecen o si existe una causa persistente.

    Cuando se identifica una posible enfermedad, la biopsia puede utilizarse para confirmar el diagnóstico y orientar el tratamiento.

    El tratamiento depende de la enfermedad

    No existe un único tratamiento para las enzimas hepáticas elevadas, ya que la estrategia depende directamente de la causa identificada.

    En casos de hepatitis autoinmune, por ejemplo, pueden utilizarse corticosteroides para disminuir la inflamación y posteriormente medicamentos inmunomoduladores.

    Cuando el problema corresponde a enfermedades metabólicas específicas, el tratamiento también cambia. En la enfermedad de Wilson, caracterizada por una acumulación excesiva de cobre en el organismo, se utilizan medicamentos destinados a favorecer la eliminación de este mineral.

    En pacientes con alteraciones relacionadas con el hierro, el manejo busca reducir la acumulación de este mineral. Mientras tanto, en el hígado graso asociado a alteraciones metabólicas, las intervenciones sobre el estilo de vida forman parte fundamental del manejo.

    Muchas veces no hay síntomas

    Uno de los principales desafíos es que las enfermedades hepáticas pediátricas pueden avanzar sin producir síntomas evidentes.

    De acuerdo con Hormaza, muchos de los pacientes que llegan a su consulta fueron identificados porque su pediatra realizó análisis de rutina y encontró enzimas hepáticas elevadas.

    Cuando aparecen síntomas, la fatiga o el cansancio pueden ser una de las manifestaciones más frecuentes. Sin embargo, se trata de un síntoma inespecífico que puede tener múltiples explicaciones, particularmente durante la adolescencia.

    Otros signos, como la coloración amarillenta de la piel o de los ojos, pueden aparecer cuando existe una enfermedad hepática más avanzada y requieren atención médica.

    Dos etapas de la infancia requieren especial atención

    El especialista destacó que algunas enfermedades hepáticas presentan mayor frecuencia de identificación en determinadas etapas de la vida.

    En los bebés, una de las condiciones importantes que evalúan los gastroenterólogos pediátricos es la atresia biliar, una enfermedad en la que los conductos que permiten drenar la bilis desde el hígado no se desarrollan adecuadamente.

    Posteriormente, otra etapa en la que pueden detectarse diferentes problemas hepáticos es la adolescencia, cuando algunas condiciones comienzan a manifestarse o son identificadas durante evaluaciones médicas.

    El seguimiento pediátrico puede ayudar a detectar el problema

    Ante la posibilidad de que las enfermedades hepáticas sean asintomáticas, Hormaza recomendó mantener un seguimiento regular con el pediatra o médico primario.

    El especialista también resaltó la importancia de controlar los factores asociados con la obesidad y las alteraciones metabólicas desde edades tempranas.

    Una alimentación equilibrada, limitar el consumo de bebidas azucaradas y otros alimentos con alto contenido de carbohidratos simples, mantener una adecuada hidratación y realizar actividad física pueden contribuir a reducir el riesgo de desarrollar enfermedad hepática metabólica.

    "Necesitamos ayuda de todos", sostuvo Hormaza al destacar que el abordaje puede involucrar al médico primario, gastroenterólogo, dietista o nutricionista, trabajadores sociales y profesionales vinculados con la actividad física.

    El trabajo coordinado entre estas disciplinas, concluyó, permite ofrecer un manejo integral y contribuir a un mejor pronóstico para los pacientes pediátricos con enfermedades hepáticas.

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