Autoridades de salud advierten que la recuperación del servicio de agua en distintas regiones no elimina el riesgo de contaminación. Recomiendan hervir o desinfectar el agua antes de consumirla y extremar precauciones en poblaciones vulnerables.

La reciente crisis de escasez de agua en distintas zonas de Puerto Rico ha encendido las alertas en el sector salud. Según Miriam Ramos, Principal oficial de epidemiología del Departamento de salud de Puerto Rico, la situación no responde únicamente al cambio climático, sino a múltiples fallas en la infraestructura, incluyendo la rotura de un sistema principal de distribución conocido como el "supertubo", que ha generado salideros y afectaciones simultáneas en la zona metropolitana, la región este y el suroeste del país.
Desde un enfoque de salubridad, el fenómeno trasciende lo técnico o político y plantea un reto directo para la salud pública y la prevención de enfermedades.
Las interrupciones del servicio de agua potable no se han limitado a un solo punto del sistema. A las averías del supertubo se suman fallas adicionales en otras regiones, lo que ha provocado una afectación simultánea en múltiples comunidades.
La situación, según el análisis sanitario, no solo implica un problema de ingeniería o costos, sino un riesgo directo para la salud de la población.
Una de las principales alertas es el momento en que el servicio se restablece. El agua puede arrastrar residuos y partículas acumuladas en las tuberías, por lo que no siempre es apta para consumo inmediato.
Las recomendaciones indican dejar correr el agua entre 3 y 5 minutos antes de usarla. Sin embargo, incluso después de este proceso, puede ser necesario potabilizarla.
Miriam Ramos explicó que el método más seguro es hervir el agua.
El proceso correcto consiste en:
Llevar el agua a ebullición hasta observar burbujas constantes.
Mantenerla hirviendo durante aproximadamente 3 minutos.
Retirarla del fuego y dejarla reposar.
Almacenarla en envases limpios, libres de químicos o detergentes.
Mantener los recipientes tapados hasta su consumo.
También puede utilizarse desinfección con cloro: aproximadamente 8 gotas por galón, agitar y dejar reposar al menos 30 minutos antes de ingerirla.
Las autoridades advierten que no debe asumirse que el agua clara es automáticamente potable. La mayoría de bacterias, virus y parásitos no son visibles ni tienen olor.
Por ello, no se recomienda usar agua no tratada para:
Baño o contacto con heridas abiertas
Higiene de pacientes encamados
Lavado de utensilios médicos o zonas expuestas
Consumo directo o preparación de alimentos
Incluso el uso para aseo corporal debe evaluarse con precaución para evitar irritaciones o infecciones.
Los grupos con mayor riesgo ante esta emergencia son:
Menores de un año
Adultos mayores
Pacientes encamados o con dispositivos médicos invasivos
En el caso de bebés, se recomienda utilizar exclusivamente agua hervida o embotellada para la preparación de fórmulas, debido a la inmadurez de su sistema gastrointestinal.
El sistema de salud mantiene monitoreo activo para detectar posibles aumentos de enfermedades gastrointestinales o cutáneas asociadas a la crisis.
Según las autoridades, existe un sistema de vigilancia sindrómica que permite identificar alertas en salas de emergencia y notificar casos de forma obligatoria, con el fin de anticipar brotes y activar respuestas sanitarias.