Una investigación liderada en Puerto Rico evidencia que las mujeres con diagnóstico positivo de VIH presentan mayor riesgo de cáncer de cuello uterino, además de enfrentar retrasos en el diagnóstico y tratamiento. El estudio identifica barreras del sistema de salud, el estigma asociado al VIH y las desigualdades en el acceso a servicios médicos como factores clave que afectan la atención oncológica.

El cáncer de cuello uterino continúa siendo uno de los principales problemas de salud pública a nivel global. Según datos citados en la investigación, a nivel mundial ocupa el cuarto lugar en incidencia y mortalidad entre las mujeres, con cerca del 94% de las muertes concentradas en países de ingresos bajos y medios.
En Puerto Rico, esta enfermedad representa el séptimo cáncer más diagnosticado en mujeres, con una incidencia superior a la de Estados Unidos. Además, el territorio enfrenta simultáneamente una carga significativa de VIH, lo que aumenta el riesgo en poblaciones vulnerables.
La presentación fue realizada por la Dra. Marievelisse Soto Salgado, doctora en Salud Pública con especialidad en Determinantes Sociales de la Salud y maestría en Ciencias con especialidad en Epidemiología, en un espacio académico vinculado a la investigación de la División de Control de Cáncer y Ciencias Poblacionales del Centro Comprensivo de Cáncer de la Universidad de Puerto Rico (CCCUPR) y del Recinto de Ciencias Médicas de la Universidad de Puerto Rico.
El proyecto, presentado durante el seminario virtual mensual de mayo 2026 del AHEAD Interest Group, iniciativa liderada por la Dra. Soto-Salgado, forma parte del Center for the Promotion of Cancer Health Research (CePCHe) y recibe fondos del Instituto Nacional de Ciencias Médicas Generales de los Institutos Nacionales de la Salud (NNIGMS-NIH, por sus siglas en inglés; subvención 5P20GM148324-03).
La investigación recuerda que el cáncer de cuello uterino es, en gran medida, prevenible gracias a la vacunación contra el virus del papiloma humano (VPH), la detección temprana y el tratamiento oportuno de lesiones precancerosas.
Sin embargo, las desigualdades en el acceso a servicios de salud, la falta de educación, las bajas tasas de vacunación contra el VPH y el diagnóstico tardío siguen determinando fuertes diferencias regionales en la incidencia y mortalidad de la enfermedad.
La Dra. Soto-Salgado compartió hallazgos de estudios previos sobre la relación entre el VIH y el cáncer cervical. Según la evidencia disponible, las mujeres con diagnóstico positivo de VIH tienen hasta seis veces más riesgo de desarrollar cáncer de cuello uterino en comparación con mujeres de la población general. Además, el cáncer puede progresar más rápido en pacientes con inmunosupresión no controlada. Asimismo, una carga viral elevada y niveles bajos de células CD4 influyen directamente en la persistencia de la infección por el VPH en esta población.
La especialista explicó que el inicio temprano de la terapia antirretroviral reduce el riesgo de desarrollar cáncer de cuello uterino, aunque no lo elimina por completo.
La investigadora resaltó que en Puerto Rico se diagnostican alrededor de 200 casos de cáncer cervical cada año. Entre 45 y 50 muertes anuales se atribuyen a esta enfermedad, cuya incidencia es mayor que en Estados Unidos (10.6 vs. 6.3 casos por cada 100,000 mujeres en 2022).
Además, se identificó que las mujeres con diagnóstico positivo de VIH suelen ser diagnosticadas en estadios más avanzados, lo que empeora su pronóstico.
Uno de los componentes del estudio que lidera la Dra. Soto-Salgado analizó datos pareados de cáncer y VIH provenientes del Registro Central de Cáncer de Puerto Rico y del Sistema de Vigilancia de VIH/SIDA entre 2010 y 2021, comparando mujeres con y sin diagnóstico positivo de VIH.
Los resultados sugieren que las mujeres con VIH tienen mayor probabilidad de experimentar retrasos en el diagnóstico tras su última citología cervical (prueba de Papanicolau o Pap) y de retrasos en el inicio del primer curso del tratamiento oncológico tras el diagnóstico de cáncer en comparación con mujeres de la población general.
El punto de referencia utilizado para definir un retraso fue de 60 días, tanto para el diagnóstico como para el inicio del tratamiento oncológico, según estándares de rendimiento del Programa de Prevención y Detección Temprana de Cáncer de Mama y Cuello Uterino del CCCUPR, financiado por los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés).
El componente cualitativo del estudio reveló factores preliminares que dificultan el acceso oportuno a la atención médica:
Entre las principales barreras identificadas se mencionaron: fragmentación del sistema de salud, escasez de ginecólogos oncólogos, limitaciones del seguro médico, estigma asociado al VIH y falta de comunicación entre proveedores, entre otros factores.
Por otra parte, entre los facilitadores identificados se destacaron: navegación de pacientes, cuidado rutinario de VIH, comunicación efectiva entre profesionales de la salud y participación en estudios clínicos, entre otros.
Los testimonios recopilados reflejan el impacto que continúa teniendo el estigma asociado al VIH.
Algunas pacientes expresaron temor a revelar su diagnóstico de VIH al momento de recibir atención médica, lo que puede retrasar el acceso a servicios especializados.
Otras, en contraste, destacaron el rol positivo de la relación médico-paciente en su proceso de afrontamiento del cáncer.
La investigación se enmarca en las metas de la Organización Mundial de la Salud (OMS), que busca eliminar el cáncer cervical como problema de salud pública mediante la reducción de la incidencia a menos de 4 casos por cada 100,000 mujeres.
También se alinean con la Estrategia Mundial contra el Sida 2021-2026 de ONUSIDA (UNAIDS), que promueve la integración de servicios de salud, incluyendo la prevención, detección y tratamiento del cáncer de cuello uterino como parte de la atención integral del VIH. Esta estrategia busca que el 90% de las mujeres con diagnóstico positivo de VIH tengan acceso a servicios integrados o coordinados para el tratamiento tanto del VIH como del cáncer de cuello uterino.
La investigadora enfatizó la necesidad de integrar los servicios de VIH y salud ginecológica en las clínicas de VIH, fortalecer la detección temprana, reducir las barreras de acceso a especialistas en ginecología oncológica, mejorar la educación sobre la vacunación contra el VPH y reducir el estigma asociado al VIH en los entornos clínicos.