En el marco del Día Internacional de la Mujer, experto explica por qué el movimiento cotidiano y no necesariamente el ejercicio extremo, es la clave para que las mujeres alcancen un bienestar integral a lo largo de toda su vida.

Cada vez que una mujer sube unas escaleras, sale a caminar con sus hijos o simplemente se estira al despertar, está haciendo algo mucho más profundo de lo que parece: está construyendo salud desde sus cimientos.
Esa es la esencia del enfoque salutogénico, una perspectiva que pone el foco no en la enfermedad, sino en los factores que generan y fortalecen el bienestar desde el origen.
Así lo explica Saúl Pérez Rubio, coordinador del programa Profesional en Deportes y Actividad Física de la Fundación Universitaria Compensar (UCompensar), quien en una entrevista con la Revista de Medicina y Salud Pública abordó, con motivo del Día Internacional de la Mujer, la importancia de la actividad física en la salud femenina.
El término puede sonar técnico, pero su idea central es sencilla: en lugar de esperar a estar enfermos para actuar, la salutogénesis propone entender, desde ya, qué nos mantiene saludables. Para Pérez Rubio, este enfoque se articula en tres pilares: la comprensibilidad (entender qué ocurre en el cuerpo), la manejabilidad (sentir que se tienen recursos para afrontar los desafíos diarios) y la significatividad (percibir que la vida tiene un propósito).
"La mujer atraviesa múltiples cambios biológicos, sociales y emocionales a lo largo de su vida, mucho mayores porque al final de cuentas los cuerpos somos química."
Esta realidad química hace que la salud femenina demande una mirada integral que contemple las dimensiones física, mental, social, emocional y espiritual en cada etapa de la vida.
Uno de los mayores obstáculos para que las personas adopten una vida más activa es la creencia de que, si no se va al gimnasio a hacer una rutina intensa, el esfuerzo no vale la pena. Pérez Rubio desmiente este mito con contundencia.
"Muchas veces pensamos que si no voy al gimnasio y realmente voy a hacer pesas, no estoy haciendo una actividad física adecuada. Pero el cuerpo se mantiene con otro tipo de actividades: con hábitos saludables, con el caminar, con el subir escaleras, con el caminar con nuestra familia."
La clave, insiste, está en la sostenibilidad: es preferible una caminata de 20 minutos que se repita cada día a dos horas de ejercicio intenso que se abandone a la semana. Los 150 minutos de actividad moderada recomendados a la semana se pueden repartir fácilmente en salidas al parque, jugar con los hijos o pasear la mascota.
El movimiento no beneficia solo al cuerpo. Pérez Rubio subraya que cada vez que el cuerpo se mueve, libera endorfinas y otras hormonas que impactan directamente el estado de ánimo, la calidad del sueño y la capacidad para manejar el estrés —un factor especialmente relevante en un contexto donde el burnout femenino es una realidad creciente.
"Al bajar el cortisol, alcanzamos a tener una mayor cantidad de hormonas que nos van a tener felices o tranquilos e inclusive que nos van a ayudar a dormir mejor."
Este equilibrio hormonal incide directamente en la forma en que las mujeres procesan los problemas cotidianos, en su humor y en la calidad de sus relaciones interpersonales.
Entre las modalidades de actividad física de bajo impacto, el trabajo en piscina ocupa un lugar destacado. Al cambiar las cargas que soportan las articulaciones, el medio acuático ofrece ventajas únicas: es accesible para personas con sobrepeso, para adultos mayores y para mujeres embarazadas que desean mantenerse activas con supervisión profesional.
"La natación es uno de los deportes que más mejora la salud cardiovascular. Además, al estar en horizontalidad, estamos generando un trabajo importante con todo el cuerpo."
A ello se suman los beneficios sobre la salud mental: reducción del estrés, mejora del estado de ánimo, favorecimiento de la relajación y mejor calidad del sueño.
La conciencia del propio cuerpo —saber qué hace cada músculo y en qué momento— es otro eje fundamental. Disciplinas como el yoga, el pilates y el taichí trabajan precisamente ese aspecto: el control postural, la respiración y la propiocepción. Esa conciencia muscular, acumulada con el tiempo, fortalece el cuerpo y reduce el riesgo de lesiones en las actividades del día a día.
El mensaje final del experto apunta a una meta que trasciende la estética o el rendimiento deportivo: envejecer con dignidad y autonomía.
"¿Qué quiero que pase conmigo en una edad más adulta? El saber que puedo tener una mejor actividad física si bailo más, si disfruto más la vida desde el movimiento."
Y para quienes aún no saben por dónde empezar, Pérez Rubio tiene un consejo tan simple como poderoso: empezar un día bailando frente al televisor. Porque moverse, en últimas, es una forma de cuidarse —y cuidarse, en el marco del Día Internacional de la Mujer, es también un acto político.