Especialista desglosó los principales desafíos de la vacunación en pacientes con enfermedades autoinmunes y reumatológicas, desmontando mitos frecuentes y entregando orientaciones prácticas para médicos y pacientes.

El Congreso PANLAR 2026, celebrado en Ciudad de Panamá del 27 al 30 de abril, reunió a especialistas de toda América en torno a la reumatología. En ese escenario, el Dr. Paulo Barreras, inmunólogo clínico y alergólogo, abordó uno de los temas más sensibles y, a la vez, más urgentes en el manejo del paciente reumático: la vacunación.
Para el Dr. Barreras, la vacunación en estos pacientes no es una decisión unilateral del médico, sino un proceso que involucra al paciente como actor central. "Hay que ser más explicativo. El paciente tiene acceso a información. Creo que hay que explicar por qué, en qué momento", afirmó el especialista, quien también destacó que vivimos una era de horizontalización de la medicina en la que el paciente y el médico comparten el mismo nivel de diálogo.
El riesgo que enfrentan los pacientes reumatológicos proviene de tres frentes simultáneos: la enfermedad autoinmune en sí misma, que genera una disfunción inmunológica inherente; el tratamiento inmunosupresor, que puede mermar tanto la inmunidad humoral como la celular; y la menor efectividad potencial de las vacunas en ese contexto. "Todo esto entre la enfermedad y el tratamiento aumenta el riesgo de infecciones", resumió Barreras.
El especialista diferenció claramente entre las vacunas inactivadas o recombinantes, consideradas seguras para estos pacientes, y las vacunas vivas atenuadas, que "podrían activar la enfermedad para la cual están producidas y podría ser un problema para el paciente reumatológico si tiene inmunosupresión en ese momento."
En cuanto al momento ideal para vacunarse, el Dr. Barreras fue enfático: lo óptimo es hacerlo justo antes de iniciar un tratamiento biológico inmunosupresor. También aclaró que varias vacunas pueden aplicarse el mismo día, especialmente en pacientes que esperan nuevos ciclos de inmunomoduladores, ya que "no vale la pena atrasar el tratamiento y tampoco esperar dos, tres eventos de tres vacunas distintas si se puede hacer el mismo día."
Respecto al metotrexato, señaló que no hay problema con las vacunas inactivadas, aunque si se tratara de otro tipo de vacunas habría que considerar pausas. En cuanto a los corticoides, indicó que si la dosis supera los 20 mg diarios "es preferible esperar a bajar de 20 mg porque la inmunidad por el mismo corticoide está suprimida arriba de esas dosis", aunque aclaró que si la estabilidad de la enfermedad no lo permite, igualmente se debe vacunar.
El Dr. Barreras señaló que la vacuna contra la influenza es "un must, obligatoria anual." En cuanto a la vacuna contra el neumococo, destacó la disponibilidad en Panamá de la PC20, que induce inmunidad celular, y mencionó que en el esquema de Estados Unidos ya bajó la edad de indicación en personas inmunocompetentes a los 50 años. Atribuyó parte de este fenómeno a la llamada deuda inmunológica pos-pandemia: "pasamos dos o tres años encerrados con mascarilla, no nos enfrentamos a ningún microorganismo y ahora el sistema inmunológico, que es un atleta experto en maratones, quedó tres años encerrado y lo ponemos a correr enfrentándose a múltiples microorganismos."
Sobre la vacuna contra el herpes zóster, el Dr. Barreras subrayó su importancia crítica en pacientes reumatológicos. "Las enfermedades reumatológicas son la posición tres, cuatro, cinco, seis de la incidencia del zóster, y el lupus está cerquita de la infección por VIH", alertó.
Mencionó que el 99% de las personas porta el virus de la varicela y que las reactivaciones pueden ocurrir cuando cae la inmunidad, con consecuencias especialmente graves en estos pacientes: "imagínense tener una enfermedad reumatológica con una neuralgia herpética. El que no la ha tenido creo que no sabe lo doloroso que es eso."
Respecto al papiloma humano, indicó su relevancia para pacientes de 26 a 45 años no vacunados previamente, ya que "todo paciente con enfermedad autoinmune tiene predisposición a infecciones y predisposición a neoplasia."
Uno de los momentos más importantes de la charla fue la refutación de creencias erróneas que circulan entre los pacientes. Sobre el temor a que las vacunas causen brotes de la enfermedad, el especialista explicó que "las vacunas sí pueden producir eventos transitorios inmunológicos, pero no hay evidencia de que causen una enfermedad per se. Mientras que las infecciones que se previenen por las vacunas sí pueden en algunos casos activar enfermedades autoinmunes."
Frente a la preocupación de que vacunar a los familiares pueda contagiar al paciente, aclaró que ocurre exactamente lo contrario: el entorno de vacunación del paciente reumatológico "debe ser completo, sobre todo las personas que más lo frecuentan."
Y ante la creencia de que los medicamentos anulan por completo la vacuna, respondió que si bien pueden mermar la inmunidad, "de todas maneras hay que vacunarse porque se busca el momento entre el tratamiento o la dosis o los ciclos para vacunarse."
Para los pacientes en tratamiento con Rituximab, el Dr. Barreras explicó que la ventana ideal para vacunarse es antes de la próxima dosis, esperando dos semanas después de aplicada la vacuna, y que las vacunas vivas deben evitarse. Sobre los inhibidores JAK, como upadacitinib y baricitinib, indicó que se recomienda una pausa de una semana antes de la vacunación.
Finalmente, el especialista recordó que incluso con la enfermedad activa es posible vacunarse, siempre en diálogo con el médico tratante y evaluando el riesgo de cada infección frente al estado clínico del paciente. "Hay que vacunarse aunque la enfermedad esté activa, conversando con su médico, conversando sobre el riesgo de la enfermedad que tiene versus la actividad de la enfermedad y de ajustar dosis", concluyó el Dr. Barreras.