Mente y cuerpo en colapso: Cuando el pánico deja de ser "psicológico" y se torna en una emergencia física

Expertos abordaron en profundidad qué son los ataques de pánico, por qué el cuerpo reacciona de forma tan extrema y, sobre todo, cuándo ignorarlos puede convertirse en una amenaza real para la vida.

Laura Guio

    Mente y cuerpo en colapso: Cuando el pánico deja de ser psicológico y se torna en una emergencia física

    En la más reciente emisión de Telesalud: Clínica en Casa, el Dr. Julián Carreño y el psicólogo clínico Luis Ortiz Hadad desmontaron mitos sobre los ataques de pánico, explicaron la conexión mente-cuerpo y alertaron sobre el peligro real que representa subestimar la ansiedad extrema.

    ¿Cuántas personas han llegado corriendo a urgencias convencidas de que tenían un infarto, solo para que el médico les dijera que era «solo estrés»? Esa es la historia de miles de pacientes que, sin saberlo, atravesaron un ataque de pánico.


    "No se está inventando los síntomas": La conexión mente-cuerpo

    Ante la duda —tan frecuente en consultorios y salas de emergencias— de si los síntomas del pánico son reales o imaginados, el Dr. Ortiz Hadad fue categórico: son reales, tienen una base fisiológica concreta y merecen atención médica seria.

    "Si nosotros en un momento de pánico, de ansiedad, de estrés excesivo, se pueden disparar una serie de neurotransmisores y nuestro cuerpo está funcionando. No es que me lo estoy imaginando, mi cuerpo está alterado, pero ciertamente el origen está en ese trastorno que me está afectando."

    La explicación, lejos de ser tranquilizadora, abrió paso a una advertencia que pocas veces se escucha con tanta claridad en un espacio de divulgación médica.

    Una advertencia que incomoda: El pánico puede matar

    El especialista fue más allá al señalar los riesgos de minimizar estos episodios. Con una contundencia poco habitual en el lenguaje médico divulgativo, advirtió que lo que parece ser «solo nervios» puede derivar en consecuencias físicas graves.

    "Esos trastornos que está presentando sí pueden ser mentales, pueden ser psicológicos, pero incluso aún siendo mental y psicológico, sí pueden poner en riesgo su vida." 

    En casos extremos, indicó el especialista, los episodios de pánico sostenido pueden incluso desencadenar un infarto. El corazón y el cerebro, recordó, no funcionan en compartimentos separados.

    El estrés como medalla: Cuando el orgullo se vuelve un riesgo

    Uno de los pasajes más reveladores de la emisión fue cuando Ortiz Hadad apuntó a un fenómeno cultural que normaliza —e incluso celebra— el exceso de estrés. En la sociedad contemporánea, señaló, estar estresado se ha convertido en sinónimo de productividad e importancia.

    "Nosotros vemos el estrés como sinónimo de persona importante. Si tú no tienes estrés, eres un don nadie. O sea, tenemos un poquito esa imagen y hasta nos gusta que nos vean estresados y corriendo. Y ciertamente, si bien es cierto que cierta dosificación de estrés es propia de una vida sana y normal, el exceso definitivamente nos destruye."

    Esta normalización, explicó, impide que las personas reconozcan cuándo han cruzado una línea peligrosa. No todo estrés es igual, y aprender a distinguir el umbral entre el estrés funcional y el que enferma es, según los especialistas, una habilidad que puede salvar vidas.

    El sistema nervioso en guerra consigo mismo

    Para explicar por qué el estrés crónico "nos destruye", el Dr. Ortiz Hadad recurrió a una imagen sencilla pero poderosa: el sistema nervioso autónomo funciona como dos equipos que deben trabajar en equilibrio. 

    El sistema nervioso simpático es el que nos prepara para la acción —el estrés, los retos, las emergencias físicas como infecciones o accidentes—. El parasimpático, por su parte, opera en condiciones de calma.

    "Sería como el mantenimiento, como los cuidados." dijo Luis Ortiz Hadad, al describir la función del sistema nervioso parasimpático

    Cuando el simpático trabaja de forma sostenida y sin descanso —porque el estrés no cesa—, el parasimpático no puede cumplir su función reparadora. El organismo queda atrapado en un estado de alerta permanente que lo desgasta desde adentro. 

    Ese desequilibrio, alertaron los especialistas, es el terreno fértil donde germinan los trastornos de ansiedad, los ataques de pánico y, en los casos más graves, el daño cardiovascular.




    Más noticias de Psiquiatría y psicología