:La bacteria Salmonella no infectó el tejido cardíaco de forma directa, sino que desencadenó una respuesta inmunitaria exagerada. El sistema de defensa de la paciente, generó una tormenta inflamatoria que afectó al miocardio.

Una mujer de 24 años, sin antecedentes médicos de importancia ni factores de riesgo cardiovascular, acudió al servicio de urgencias por un dolor torácico de inicio súbito. El dolor era de carácter retroesternal, agudo, y se exacerbaba claramente con los movimientos corporales y con la inspiración profunda, pero cedía parcialmente cuando la paciente se inclinaba hacia adelante.
Como antecedente relevante, la paciente refería haber presentado una semana antes un cuadro de diarrea acuosa abundante, vómitos y malestar general, que se resolvió espontáneamente tres días antes del ingreso sin necesidad de tratamiento específico.
Al momento de la evaluación, la paciente se encontraba en buen estado general, afebril y con signos vitales estables: frecuencia cardíaca de 88 latidos por minuto y presión arterial de 118/72 mmHg.
El examen físico fue completamente normal, sin hallazgos patológicos a nivel cardiovascular, respiratorio ni abdominal. No había signos de insuficiencia cardíaca, roces pericárdicos ni soplos.
Ante la sospecha de compromiso cardíaco, se solicitaron análisis de sangre que revelaron una elevación significativa de la troponina I cardíaca, con un valor inicial de 459 ng/L y un pico máximo de 972 ng/L (valor normal < 34 ng/L), lo que confirmaba daño miocárdico.
Asimismo, los marcadores de inflamación estaban notablemente elevados, con una proteína C reactiva (PCR) de 116 mg/L. El resto del hemograma, así como las pruebas de función renal y hepática, se encontraban dentro de parámetros normales.
Dado el antecedente gastrointestinal reciente, se realizó un cultivo de heces, el cual detectó la presencia de Salmonella enterica subespecie I mediante técnica de PCR. Para descartar otras causas comunes de miocarditis, se realizó un panel serológico extenso que incluyó virus cardiotropos como Coxsackie, adenovirus, Epstein-Barr, SARS-CoV-2, influenza, citomegalovirus, VIH, hepatitis B y C, y parvovirus B19, todos con resultados negativos.
También se descartaron infecciones por Mycoplasma pneumoniae, Coxiella burnetii, Borrelia burgdorferi y estreptococo (ASO negativo). Los hemocultivos fueron igualmente negativos, descartando la presencia de bacterias en el torrente sanguíneo.
El electrocardiograma (ECG) mostró alteraciones sutiles pero características: una elevación cóncava del segmento ST y una depresión del segmento PR, hallazgos que sugerían compromiso tanto del pericardio como del miocardio (miopericarditis).
El ecocardiograma transtorácico, sin embargo, fue normal: no mostró derrame pericárdico, las cavidades cardíacas tenían un tamaño adecuado y la función de bomba del corazón era excelente, con una fracción de eyección del ventrículo izquierdo del 63%.
Para obtener un diagnóstico de certeza y caracterizar el daño tisular, se realizó una resonancia magnética cardíaca (RMC), considerada hoy en día la técnica de imagen no invasiva de referencia para la miocarditis.
Este estudio confirmó el diagnóstico al evidenciar un leve edema en la región subepicárdica y áreas de realce tardío con gadolinio en la pared inferolateral del corazón, hallazgos inequívocos de inflamación aguda del músculo cardíaco. La función sistólica de ambos ventrículos se mantenía preservada y no se observaron signos de fibrosis crónica.
Con todos estos elementos, se estableció el diagnóstico de miocarditis aguda secundaria a gastroenteritis por Salmonella. Se consideró que el mecanismo fisiopatológico más probable no era una infección directa del corazón, dada la ausencia de bacteriemia, sino una respuesta inmunitaria sistémica exagerada.
En este tipo de reacción, las endotoxinas bacterianas desencadenan una tormenta de citocinas proinflamatorias que, atraídas hacia el miocardio, provocan edema e inflamación sin que exista invasión directa del microbio.
Dado que la infección gastrointestinal ya se había resuelto y la paciente no presentaba signos de sepsis, se optó por un manejo conservador sin antibióticos. Se inició tratamiento con colchicina a dosis de 500 µg al día, con el objetivo de controlar la respuesta inflamatoria a nivel pericárdico y miocárdico.
La evolución fue favorable: el dolor torácico desapareció en los primeros días y los niveles de troponina descendieron progresivamente hasta su normalización. La paciente fue dada de alta al sexto día de hospitalización.
Al momento del alta, se indicó a la paciente evitar cualquier actividad física intensa o deportiva durante un periodo de seis meses, medida fundamental para permitir la recuperación completa del tejido cardíaco y prevenir posibles arritmias. Se programó una resonancia magnética cardíaca de control a los tres meses para verificar la resolución del edema y descartar la presencia de fibrosis residual.
Este caso ilustra una complicación extremadamente rara de una infección común. Según los autores (O. Paschalis, P. Njoku, A.K.J. Mandal et al), la miocarditis asociada a Salmonella no tifoidea en pacientes inmunocompetentes es un evento poco frecuente, pero debe sospecharse ante la presencia de dolor torácico de características pericárdicas en el contexto de un cuadro diarreico reciente.
La elevación de troponina, aunque sensible para detectar daño cardíaco, es inespecífica y requiere correlación con hallazgos de imagen. En este sentido, la resonancia magnética cardíaca jugó un papel crucial al confirmar el diagnóstico sin necesidad de recurrir a métodos invasivos como la biopsia endomiocárdica.
El manejo con colchicina resultó eficaz, apoyándose en la evidencia de estudios como ICAP y CORP que respaldan su uso en el espectro de las miopericarditis.
La decisión de no administrar antibióticos se basó en la resolución espontánea de la gastroenteritis y la ausencia de bacteriemia, alineándose con las guías de manejo para infecciones no complicadas por Salmonella.
En conclusión, este caso destaca la importancia de una historia clínica detallada y un enfoque diagnóstico escalonado que permita identificar etiologías poco comunes de miocarditis.
Un diagnóstico temprano y un tratamiento conservador dirigido a controlar la inflamación se asocian, como en esta paciente, con una recuperación completa y un pronóstico favorable.