La autoridad regulatoria de EE. UU. avaló el uso de la lumateperona (Caplyta) para prevenir recaídas en adultos con esquizofrenia, tras demostrar una reducción del 63 % en el riesgo y una alta tasa de estabilidad clínica durante seis meses.

La Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos aprobó una nueva indicación para la lumateperona (Caplyta), ampliando su uso a la prevención de recaídas en adultos con esquizofrenia, una condición psiquiátrica caracterizada por episodios recurrentes que afectan la percepción, el pensamiento y la conducta.
La decisión se sustentó en un ensayo clínico fase 3 que mostró que el tratamiento con lumateperona, administrado una vez al día, prolonga significativamente el tiempo hasta la recaída en comparación con placebo durante un periodo de 26 semanas.
Los resultados evidenciaron que los pacientes tratados con 42 mg diarios presentaron un 63 % menos riesgo de recaída, mientras que el 84 % se mantuvo estable durante seis meses, un indicador clave en el manejo a largo plazo de la enfermedad.
Además, el fármaco demostró retrasar la interrupción del tratamiento por cualquier causa, incluida la recaída, lo que refuerza su potencial como herramienta terapéutica sostenida.
El psiquiatra Christoph U. Correll destacó que las recaídas representan uno de los mayores desafíos en la esquizofrenia, ya que pueden revertir avances terapéuticos y aumentar el riesgo de hospitalización.
Según el especialista, contar con opciones que prolonguen la estabilidad clínica permite mejorar la calidad de vida de los pacientes y reducir la carga sobre los sistemas de salud.
En cuanto a seguridad, la lumateperona mantuvo un perfil consistente con estudios previos, sin nuevos eventos adversos relevantes. El efecto secundario más frecuente fue el dolor de cabeza, reportado en al menos el 5 % de los pacientes y con una incidencia superior al placebo.
Actualmente, la lumateperona ya está aprobada en Estados Unidos para el tratamiento de la esquizofrenia, así como para episodios depresivos asociados al trastorno bipolar I y II, y como terapia complementaria en el trastorno depresivo mayor, ampliando así su utilidad en el campo de la salud mental.