"Tío Víctor": el pediatra que ha acompañado a generaciones de familias en Puerto Rico

Desde 1980, el médico ha acompañado a niños y familias de toda la isla. Hoy, mientras mira con preocupación el relevo generacional de la pediatría, defiende una medicina que combine los avances tecnológicos con la cercanía humana.

Lukas Salomón Osorio

    "Tío Víctor": el pediatra que ha acompañado a generaciones de familias en Puerto Rico

    Para muchos de sus pacientes, el doctor Víctor Torres Santo Domingo no es solamente el pediatra que los atendió durante la infancia. Es también una figura cercana que ha acompañado a sus familias a lo largo de los años, hasta ganarse un lugar especial en sus vidas. Algunos lo llaman cariñosamente "Tío Víctor"; otros, incluso los más jóvenes, lo conocen como "Víctor Lindo".

    Detrás de esos nombres hay una trayectoria que comenzó en 1980 y que, durante más de cuatro décadas, ha estado dedicada al cuidado de la población pediátrica de Puerto Rico. "Yo llevo desde 1980 y desde ese entonces le he brindado servicio a la población de todo Puerto Rico. La práctica de la medicina se convierte en un ámbito familiar", recuerda el especialista.

    Su testimonio refleja una dimensión de la pediatría que va más allá de diagnosticar enfermedades y prescribir tratamientos: la relación de confianza que se construye con los niños y sus cuidadores, la continuidad de la atención y el acompañamiento a las familias en distintas etapas de la vida.

    Pero, después de tantos años de ejercicio, Torres Santo Domingo también observa con inquietud los desafíos que enfrenta la especialidad, particularmente la formación de nuevos profesionales y la necesidad de garantizar que las próximas generaciones tengan acceso a atención pediátrica.

    Suso Santana, una huella imborrable desde sus primeros pasos profesionales 

    En su recorrido profesional, el doctor recordó con especial cariño a Suso Santana, a quien describió en términos afectuosos y reconoció por el apoyo que le brindó cuando comenzaba su camino en la medicina. 

    Torres Santo Domingo guarda un gran recuerdo de él y destacó la importancia que tuvo su ayuda durante aquella etapa inicial, una muestra de cómo, detrás de una trayectoria dedicada al cuidado de los demás, también existen personas que dejan una huella decisiva en la vida de quienes comienzan.

    Una transformación en los nacimientos

    El pediatra también recuerda cuánto ha cambiado la población infantil a la que atiende la especialidad. Según sus cifras, cuando comenzó a ejercer, el contexto de nacimientos en Puerto Rico era muy distinto al actual.

    "En el tiempo que yo comenzaba en la pediatría, los que estudiábamos de esto teníamos presencia en más de 75 mil nacimientos y esa cantidad se ha reducido a cerca de 17 mil", comenta.

    La disminución de los nacimientos transforma las necesidades de los servicios pediátricos, pero no elimina la importancia de contar con profesionales preparados para atender a la población infantil. Los cambios demográficos, la distribución geográfica de los médicos y las condiciones de acceso a los servicios son elementos que deben considerarse al planificar la atención de los próximos años.

    Las cifras mencionadas por el especialista requieren contrastarse con los registros demográficos oficiales para precisar los periodos y las categorías a las que corresponden. Aun así, su preocupación apunta a una cuestión central: cómo asegurar que los niños y sus familias puedan recibir atención oportuna y especializada.

    El reto de formar una nueva generación de pediatras

    La preocupación del especialista también responde a los desafíos de sostenibilidad de la fuerza laboral pediátrica. Según las cifras que compartió, el interés por estudiar esta especialidad ha disminuido tanto en Puerto Rico como en otros países.

    "En muchos países la pediatría es una de las especialidades más olvidadas", afirma. El médico también señala que los pediatras deben competir con otros sectores por los recursos y las condiciones necesarias para sostener sus prácticas. "Los pediatras tenemos que competir contra la farmacia y las entidades privadas", sostiene.

    A su juicio, esta situación se suma a un cambio demográfico dentro de la propia profesión. Torres Santo Domingo estima que más del 60 % de los pediatras que ejercen actualmente en Puerto Rico tiene más de 65 años, una realidad que plantea interrogantes sobre la disponibilidad futura de especialistas.

    "Uno de los retos de Puerto Rico es tener una generación nueva de pediatras", advierte. La renovación de la fuerza laboral médica es importante para garantizar la continuidad de los servicios, especialmente en una especialidad que acompaña a los pacientes desde el nacimiento hasta la adolescencia y que también orienta a sus familias sobre prevención, crecimiento y desarrollo. 

    Una medicina que necesita tecnología, pero también cercanía

    El desarrollo de nuevas herramientas tecnológicas ha transformado la práctica médica, desde las posibilidades diagnósticas hasta las alternativas terapéuticas. Sin embargo, para el pediatra, estos avances deben acompañarse de una formación sólida y de una relación cercana con los pacientes.

    "Nuestros nuevos médicos me están preocupando, por el entrenamiento que se les está dando hoy y por toda la tecnología que se está poniendo a disposición", expresa.

    Su reflexión pone sobre la mesa una pregunta relevante para la educación médica: cómo integrar las nuevas herramientas sin perder de vista la escucha, la comunicación y el juicio clínico que requiere la atención de un niño.

    En pediatría, el cuidado no depende únicamente de identificar una enfermedad. También exige comprender el desarrollo infantil, reconocer las necesidades particulares de cada etapa y trabajar de la mano con madres, padres y cuidadores. Para Torres Santo Domingo, la experiencia acumulada durante décadas forma parte de ese conocimiento que debe transmitirse a quienes comienzan su carrera.

    "A nosotros nos retira la vida"

    Pese a los retos, Torres Santo Domingo no habla de su trayectoria como una etapa concluida. Su deseo es continuar atendiendo a sus pacientes y conservar ese vínculo que ha construido durante décadas.

    "Los pediatras no nos retiramos, a nosotros nos retira la vida. Espero continuar para poder brindar mis servicios por muchos años más", expresa.

    La frase resume la vocación con la que ha ejercido desde 1980 y la relación que ha cultivado con generaciones de familias puertorriqueñas. Para quienes lo llaman "Tío Víctor" o "Víctor Lindo", su identidad profesional está ligada también a la confianza, el afecto y la presencia constante.

    Su historia recuerda que la pediatría no se limita al tratamiento de enfermedades: también consiste en acompañar el crecimiento, orientar a las familias y construir relaciones que pueden mantenerse durante años.

    Mientras Puerto Rico enfrenta el desafío de formar nuevos pediatras y garantizar el relevo generacional, la experiencia de médicos como Torres Santo Domingo deja una pregunta abierta para el futuro de la especialidad: cómo asegurar que los avances de la medicina lleguen acompañados de la humanidad que convierte la atención sanitaria en un vínculo de confianza.

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