OMS: Nuevas guías mundiales contra la obesidad infantil

La Organización Mundial de la Salud publicó sus primeras directrices mundiales para el manejo de la obesidad en niños y adolescentes, con recomendaciones diferenciadas por edad que priorizan alimentación, actividad física y cambios conductuales.

Jorge Mario Murillo González

    OMS: Nuevas guías mundiales contra la obesidad infantil

    La Organización Mundial de la Salud (OMS) estableció por primera vez unas directrices mundiales para el tratamiento de la obesidad en niños y adolescentes, ante el aumento sostenido de esta enfermedad y sus consecuencias sobre la salud física y mental durante las primeras etapas de la vida.

    Las recomendaciones, publicadas este 7 de octubre de 2026, plantean un modelo de atención integral y centrado en cada paciente y su familia. La OMS recomienda intervenciones estructuradas sobre alimentación, actividad física y cambios de comportamiento, mientras que reserva el uso de medicamentos y la cirugía para determinados adolescentes bajo condiciones específicas.

    El organismo estima que en 2024 unos 170 millones de niños y adolescentes de entre 5 y 19 años vivían con obesidad en todo el mundo: aproximadamente 70 millones tenían entre 5 y 9 años y 100 millones eran adolescentes de 10 a 19 años. La prevalencia mundial de obesidad en este grupo de edad pasó de 2 % en 1990 a 8 % en 2024, lo que representa un incremento de cuatro veces.

    Una enfermedad que requiere atención integral

    La OMS considera la obesidad una enfermedad crónica y recidivante que puede controlarse mediante una atención adecuada. Su impacto puede comenzar desde edades tempranas y aumentar el riesgo posterior de enfermedades no transmisibles, entre ellas diabetes tipo 2 y enfermedades cardiovasculares.

    Pero las consecuencias no se limitan a la salud física. Los niños y adolescentes que viven con obesidad también pueden enfrentarse a estigmatización, discriminación y acoso escolar, factores que pueden afectar su bienestar emocional y su calidad de vida.

    Por esta razón, las nuevas directrices recomiendan que la atención incluya también la salud mental y que los profesionales trabajen junto con las familias mediante estrategias adaptadas a la edad y a las necesidades de cada paciente.

    Alimentación, actividad física y cambios de conducta

    Para los niños y adolescentes que viven con obesidad, la OMS recomienda intervenciones estructuradas relacionadas con la alimentación, la actividad física y el cambio de comportamiento.

    Estas estrategias pueden aplicarse de manera individual o dentro de programas multimodales que integren diferentes componentes de atención.

    La organización también contempla intervenciones de salud digital como una opción condicionada, siempre que exista supervisión de padres o cuidadores.

    El objetivo, según la OMS, no debe limitarse a conseguir una reducción del peso corporal. El tratamiento debe orientarse a mejorar la salud, el funcionamiento y el bienestar del niño o adolescente, con seguimiento a largo plazo y continuidad en la atención.

    ¿Qué recomienda la OMS para los menores de 10 años?

    Una de las principales diferencias de las nuevas directrices está relacionada con la edad.

    Para los niños de 0 a 9 años, la OMS no recomienda el uso de medicamentos para tratar la obesidad, cirugía bariátrica ni dispositivos destinados a la pérdida de peso.

    En este grupo, el abordaje debe concentrarse en intervenciones estructuradas relacionadas con alimentación, actividad física y cambios sostenibles en los comportamientos, con participación de la familia y seguimiento sanitario.

    La recomendación busca evitar trasladar automáticamente tratamientos desarrollados para adultos o adolescentes a niños pequeños, cuyas necesidades de crecimiento y desarrollo requieren un manejo específico.

    Medicamentos y cirugía: cuándo pueden considerarse

    En adolescentes de 10 a 19 años, la OMS contempla la posibilidad de utilizar medicamentos aprobados para el tratamiento de la obesidad cuando un programa multimodal supervisado de cambios en el estilo de vida no haya alcanzado los resultados esperados.

    La recomendación no significa que todos los adolescentes con obesidad deban recibir medicamentos. Su utilización debe formar parte de una estrategia integral y estar acompañada por seguimiento profesional.

    La cirugía bariátrica también puede considerarse en adolescentes con obesidad grave, pero únicamente bajo condiciones estrictas y dentro de una atención especializada.

    La diferencia entre estos grupos de edad constituye uno de los elementos centrales de las nuevas directrices: el tratamiento debe adaptarse al desarrollo y a las necesidades clínicas de cada paciente.

    El problema va más allá de la consulta médica

    Para la OMS, el tratamiento individual no es suficiente para revertir el aumento mundial de la obesidad infantil y adolescente.

    El organismo también reclama políticas públicas que faciliten el acceso a alimentos saludables y a oportunidades seguras para realizar actividad física. Entre las áreas que requieren intervención se encuentran los sistemas alimentarios, la educación, el urbanismo, el transporte y la protección social.

    La organización advierte que los entornos en los que viven los niños pueden influir en sus posibilidades de acceder a una alimentación saludable y realizar actividad física, por lo que la respuesta requiere acciones que trasciendan al sector sanitario.

    Una nueva mirada sobre la obesidad desde la infancia

    Las nuevas directrices forman parte de un enfoque de atención durante todo el curso de vida. La OMS busca establecer recomendaciones que permitan abordar la obesidad desde la infancia y la adolescencia hasta la edad adulta.

    El aumento de casos registrado durante las últimas décadas refuerza la necesidad de identificar y atender la enfermedad de manera temprana. En 2024, además de los 170 millones de niños y adolescentes con obesidad, unos 400 millones de personas de 5 a 19 años presentaban sobrepeso, según las estimaciones de la organización.

    Para la OMS, enfrentar esta tendencia requiere combinar atención clínica, acompañamiento familiar, promoción de hábitos saludables y políticas públicas que modifiquen los entornos que dificultan una alimentación adecuada y la actividad física.

    Las primeras directrices mundiales sobre obesidad infantil y adolescente establecen así un principio central: el manejo de esta enfermedad no debe reducirse a una cifra en la báscula, sino orientarse hacia la salud, el desarrollo, el bienestar y la calidad de vida de niños y adolescentes.

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