En Puerto Rico, el 22,2 % de los adolescentes de 12 a 17 años con necesidades especiales de salud incluidos en el indicador oficial recibió servicios para prepararse para la atención adulta en 2023. La coordinación entre profesionales y la planificación anticipada figuran entre los retos señalados por las autoridades sanitarias.

El paso de los servicios pediátricos a la atención médica para adultos representa un desafío para los jóvenes con enfermedades crónicas y necesidades especiales de salud. La transición exige más que cambiar de especialista: requiere coordinar tratamientos, transferir el historial clínico y preparar al paciente para asumir progresivamente un papel activo en el manejo de su salud.
En Puerto Rico, el informe de salud maternoinfantil publicado por la Administración de Recursos y Servicios de Salud de Estados Unidos (HRSA, por sus siglas en inglés) recoge que el 22,2 % de los jóvenes de 12 a 17 años con necesidades especiales de salud incluidos en el indicador recibió los servicios necesarios para prepararse para la atención adulta, según los datos de 2023. La cifra corresponde a esa población específica y no representa a todos los adolescentes de la isla.
El mismo informe identifica dificultades en la preparación de los pacientes y en la organización de los servicios. Entre los proveedores encuestados, el 90 % señaló la falta de tiempo como una barrera para la transición, el 89 % mencionó la ausencia de un coordinador y el 83 % indicó una colaboración insuficiente entre profesionales sanitarios. Estos porcentajes corresponden a las respuestas de los proveedores consultados y no a la proporción de pacientes que experimenta cada problema.
Las barreras adquieren especial relevancia cuando el paciente necesita varios especialistas, tratamientos continuos o servicios de apoyo. Si no existe una planificación adecuada, el cambio de sistema puede dificultar la identificación de un médico adulto, la continuidad de las citas o el acceso a información clínica esencial.
En junio de 2025, la Comisión de Pago y Acceso a Medicaid y CHIP (MACPAC) presentó recomendaciones federales para mejorar la transición de niños y jóvenes con necesidades especiales de salud hacia los servicios para adultos. El informe señaló dificultades relacionadas con el cambio de proveedores, la posible pérdida de beneficios cubiertos y la falta de planes individualizados y mecanismos consistentes para documentar la transición.
La Academia Americana de Pediatría (AAP), la Academia Americana de Médicos de Familia (AAFP) y el Colegio Americano de Médicos (ACP) respaldan un modelo estructurado para preparar a los adolescentes para la atención adulta. Sus recomendaciones se articulan mediante los seis elementos de transición de Got Transition, un programa de la Alianza Nacional para Avanzar la Salud Adolescente.
El modelo propone establecer una política de transición, dar seguimiento al progreso del joven, evaluar sus habilidades de autocuidado, elaborar un plan individualizado, transferir la atención a un profesional adulto y confirmar que el proceso se completó. La planificación comienza durante la adolescencia y se adapta a las necesidades clínicas, familiares y de desarrollo de cada paciente.
Entre los aspectos que deben abordarse están la comprensión de la enfermedad, el conocimiento de los medicamentos, la capacidad para concertar citas, la comunicación directa con los profesionales y la identificación de especialistas adultos. El objetivo es que la transferencia no dependa únicamente de cumplir 18 años, sino de un proceso organizado que preserve la continuidad asistencial.
Un estudio publicado en 2025 en la revista Pediatrics, de la AAP, aporta contexto sobre la magnitud del problema en Estados Unidos. La investigación analizó datos de la Encuesta Nacional de Salud Infantil de 2018 a 2022, con una muestra de 77.280 jóvenes de 12 a 17 años. Sus resultados indicaron que solo el 18 % había recibido servicios de preparación para la transición por parte de sus profesionales sanitarios. El estudio también encontró diferencias según factores demográficos, cobertura médica y acceso a un modelo de atención coordinada. Estos resultados corresponden a Estados Unidos y no deben interpretarse como una estimación específica para Puerto Rico.
El plan estatal de salud maternoinfantil para el ciclo 2025-2030 incluye estrategias para fortalecer la transición hacia la atención adulta. Entre ellas figuran la educación de los proveedores, la colaboración con entidades que ofrecen servicios para adultos y la promoción de la preparación entre los jóvenes y sus familias.
El documento establece como objetivo elevar del 22,2 % al 23 % la proporción de jóvenes con necesidades especiales de salud que reciben los servicios de transición contemplados en el indicador. También plantea medidas para evaluar la preparación de los pacientes atendidos en centros pediátricos regionales. Se trata de metas programáticas, no de resultados que ya se hayan alcanzado.
El seguimiento de estos objetivos permitirá evaluar si las medidas contribuyen a mejorar la preparación de los jóvenes y la coordinación entre los servicios pediátricos y adultos. Para medir los avances también será importante contar con información periódica sobre la transferencia efectiva de pacientes, la continuidad de los tratamientos y las experiencias de las familias.