Retrasar nueve meses el diagnóstico de cáncer de vejiga podría aumentar un 30% la mortalidad

El cáncer de vejiga es asintomático en sus primeras etapas, lo que convierte a la hematuria en la única señal de alerta temprana. Una geriatra explica por qué en Puerto Rico los pacientes llegan tarde al diagnóstico y qué debe hacer el médico de cabecera ante el primer hallazgo.

Laura Guio

    Retrasar nueve meses el diagnóstico de cáncer de vejiga podría aumentar un 30% la mortalidad

    La sangre en la orina, aunque desaparezca al día siguiente, puede ser el primer indicio de un cáncer de vejiga. Una condición silenciosa en sus etapas iniciales que, si no se investiga a tiempo, puede costar la vida.

    La revista Medicina y Salud Pública conversó con la doctora Doris Iturrino, geriatra y especialista en medicina interna, en el marco del mes de concienciación sobre el cáncer de vejiga, bajo la iniciativa "La hematuria siempre habla".

    Un hallazgo frecuente que exige atención inmediata

    La hematuria, o presencia de sangre en la orina, es más común de lo que se cree en la consulta médica. Puede presentarse de forma visible para el paciente o detectarse únicamente a través de un análisis de laboratorio. En cualquiera de los dos casos, la doctora Iturrino es enfática: "cuando hay sangre, no importa si sea sangre franca o sangre microscópica, requiere investigación inmediata y referir de inmediato a urología."

    Además del sangrado visible, existen otras señales que los pacientes no deben subestimar, como el ardor al orinar, la frecuencia urinaria excesiva o una sensación de pesadez en el área de la vejiga. También pueden presentarse infecciones urinarias recurrentes que no responden adecuadamente al tratamiento, lo cual, según la especialista, "es una alerta que hay que verificar, que hay ahí debajo de todo eso, qué es lo que está realmente pasando."

    Una enfermedad silenciosa en sus primeras etapas

    Uno de los aspectos más peligrosos del cáncer de vejiga es que puede desarrollarse sin síntomas evidentes. "El cáncer de vejiga es asintomático al principio, así que no duele en las primeras etapas. 

    Ya cuando empieza a doler es que ya tenemos una afección más terrible y más fuerte", explicó la doctora Iturrino, subrayando la importancia del análisis microscópico de la orina como herramienta de detección temprana.

    La demora en el diagnóstico tiene consecuencias directas sobre la supervivencia del paciente. La especialista señaló que "si pasan nueve meses sin ser diagnosticado, ya se sabe que el paciente tiene que haber estado por lo menos nueve meses o más con el cáncer de vejiga, y aumenta un treinta por ciento de posibilidad de que la mortalidad aumente", en contraste con los casos detectados a tiempo, donde las probabilidades de sobrevivencia mejoran considerablemente.

    El perfil del paciente y los factores de riesgo

    El cáncer de vejiga afecta principalmente a varones mayores de cincuenta años con historial de tabaquismo. 

    La doctora Iturrino recomienda que al llegar un paciente con estas características a la consulta, el médico de cabecera realice de inmediato un cernimiento de factores de riesgo, además de los estudios correspondientes: análisis microscópico de orina, evaluación de función renal e imágenes de las vías urinarias mediante urografía por CT o tomografía de abdomen y pelvis con o sin contraste.

    Barreras que retrasan el diagnóstico en Puerto Rico

    El acceso oportuno al diagnóstico enfrenta múltiples obstáculos en la isla. La distancia geográfica hacia los especialistas, la escasez relativa de urólogos, las preautorizaciones de los planes médicos y, sobre todo, la resistencia cultural de los propios pacientes, son factores que complican el proceso. 

    "Los hombres mayores dicen: 'eso me pasa, eso no es nada, eso se me va a quitar'", describió la doctora, quien reconoce que muchas veces debe convencer a sus propios pacientes de acudir al urólogo. Ante estas barreras, insiste en que el referido no debe esperar meses: "debe ser algo en la misma semana que se encuentra este problema."

    El médico de cabecera, pieza clave en el seguimiento

    Una vez que el paciente es referido al urólogo, el rol del médico primario no termina. Al contrario, se vuelve indispensable para el manejo integral del paciente y su familia, especialmente en la población geriátrica.

     "El urólogo maneja el tumor y recomienda los tratamientos; yo me encargo de manejar al paciente como un todo y a su familia", precisó la doctora Iturrino. Además, recordó que "esta enfermedad es una vigilancia de por vida", por lo que involucrar a cuidadores y familiares resulta fundamental para garantizar la adherencia al tratamiento y no perder el seguimiento.

    El mensaje para los pacientes y sus familias

    La doctora Iturrino cerró con un llamado directo a la población: "Si ven sangre en algún momento y no duele, eso no es normal. Si ven sangre, tienen que acudir a su médico primario, aunque no duela, aunque se vaya al otro día." 

    Hizo énfasis también en prestar atención a cambios en el color de la orina, ya sea un tono marrón oscuro o rojo claro, como señales que no deben postergarse.

     El mensaje es claro: consultar al médico de cabecera a tiempo puede marcar la diferencia entre un diagnóstico temprano y uno tardío con consecuencias irreversibles.


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