Científicos desarrollaron partículas biodegradables capaces de reprogramar el sistema inmunitario desde adentro del cuerpo, sin necesidad de extraer ni modificar células en laboratorio.

Un equipo de investigadores de Johns Hopkins Medicine presentó un avance que podría transformar el tratamiento del cáncer y las enfermedades autoinmunes.
Según el estudio publicado en la revista Science Advances, desarrollaron nanopartículas biodegradables capaces de "educar" a las células inmunitarias para que detecten y destruyan células patógenas dentro del propio organismo del paciente.
La tecnología apunta a superar una de las principales limitaciones de las terapias actuales: la necesidad de extraer células del paciente, modificarlas en laboratorio y reintroducirlas, un proceso costoso, lento y de difícil acceso.
Las partículas están compuestas por cadenas de polímeros que se biodegradan en contacto con el agua. Su superficie lleva dos tipos de moléculas —anticuerpos antiCD3 y antiCD28— que les permiten identificar y adherirse a las células T del sistema inmune. Una vez dentro, liberan una carga de ARNm: instrucciones moleculares para que las células T expresen receptores capaces de reconocer y destruir células B cancerosas o causantes de lupus.
El doctor Jordan Green, profesor de Ingeniería Biomédica en Johns Hopkins, describió el mecanismo como similar al funcionamiento por etapas de un cohete: las nanopartículas buscan su objetivo, se adhieren, penetran la pared celular, se degradan y liberan su contenido genético.
Una ventaja clave frente a otros diseños es su simplicidad: mientras otros grupos han desarrollado nanopartículas lipídicas con cinco componentes, este modelo requiere solo tres.
Adicionalmente, investigaciones previas del mismo equipo demostraron que aproximadamente el 10% de estas partículas logra escapar de los compartimentos de degradación celular para entregar su carga genética, frente al 1% o 2% de otras alternativas.
Las pruebas en animales mostraron resultados contundentes. A las 24 horas de una única inyección en ratones sanos, el 95% de las células B objetivo habían desaparecido de la sangre circulante, y alrededor del 50% fueron destruidas en el bazo.
Una semana después, las células B recuperaron aproximadamente la mitad de su nivel original, lo que sugiere que el efecto es controlable y reversible.
Las terapias CAR-T —que consisten en extraer células T del paciente, modificarlas genéticamente en laboratorio y reinyectarlas— han demostrado eficacia en cánceres de la sangre como la leucemia y el linfoma. Sin embargo, su producción es individual, costosa y requiere semanas de proceso, lo que limita su disponibilidad.
La propuesta de Johns Hopkins busca sortear esas barreras. Al actuar directamente dentro del cuerpo, la terapia podría fabricarse a escala industrial, reducir costos y ampliar el acceso a pacientes que hoy no tienen opciones.
El proyecto cuenta con el respaldo de los Institutos Nacionales de Salud y una subvención de más de 40 millones de dólares de la Agencia de Proyectos de Investigación Avanzada para la Salud (ARPA-H), en asociación con la biotecnológica ImmunoVec.