El legendario pivote falleció a los 62 años tras una batalla de tres a cuatro años contra el cáncer colorrectal; el mundo del deporte boricua le rinde homenaje

José Rafael Piculín Ortiz Rijos, la figura más trascendental del baloncesto puertorriqueño, falleció en las primeras horas de la madrugada, a los 62 años de edad. Nacido en 1963, el gigante sangermeño libró una larga batalla contra el cáncer de colon que finalmente llegó a su fin, dejando un vacío inmenso en el deporte nacional y en el corazón de miles de fanáticos.
La noticia fue confirmada por Juan Ramos, presidente de la Federación de Baloncesto de Puerto Rico, en una conferencia de prensa matutina. Según informó, el fallecimiento ocurrió alrededor de las 2:00 de la madrugada, aunque no fue hasta las 7:00 de la mañana que se hizo pública la pérdida.
Piculín comenzó su carrera en los primeros años de la década del ochenta con los Atléticos de San Germán, equipo al que llevó a su primer campeonato nacional en 1985, poniendo fin a una sequía de 35 años sin título. Su dominio bajo el aro era tan absoluto que el legendario entrenador Fufi Santori lo describió con una frase que se volvió histórica: "Piculín Ortiz en sí mismo es un sistema ofensivo."
A lo largo de su trayectoria local también vistió los uniformes de los Cangrejeros de Santurce, con quienes dominó la liga entre 1998 y 2003, conquistando cuatro campeonatos en ese período y amenazando el histórico récord de victorias consecutivas de los Vaqueros de Bayamón. Su rival y amigo Francisco Papiro León, uno de los grandes pívots de la liga que enfrentó a Piculín en innumerables duelos épicos entre Ponce y San Germán, no dudó al ser consultado sobre quién es el mejor jugador en la historia nacional: "Eso tiene nombre y apellido: Piculín Ortiz."
Las cifras con el equipo nacional de Puerto Rico hablan por sí solas. En su carrera con la selección, Piculín registró 168 victorias y 78 derrotas, para un porcentaje de victorias de 68.3%. Participó en tres Juegos Panamericanos — ganando bronce en Indianapolis 1987, oro en Cuba 1991 y plata en México — además de cuatro Mundiales FIBA, los Goodwill Games de 1990 y 1994 donde Puerto Rico se coronó campeón, y los Juegos Olímpicos de Atenas 2004, donde la selección alcanzó el sexto lugar.
Uno de los momentos más recordados de su carrera con el equipo nacional fue en el Torneo de las Américas de 1995 en Argentina, donde Puerto Rico conquistó el oro en lo que se conoció como "Los Doce Magníficos." Tan poca fe había en las posibilidades del equipo que la delegación de Puerto Rico no llevó siquiera el himno nacional para el medallero.
Tuvieron que cantarlo a capella. En el partido decisivo ante el anfitrión Argentina, fue Piculín quien destruyó la resistencia rival y cimentó una victoria que aún se recuerda como una de las mayores hazañas del deporte boricua.
En 2003, a sus 40 años, protagonizó acaso su momento más simbólico: un cuádruple doble en el Coliseo Roberto Clemente ante Canadá que le dio a Puerto Rico el pasaporte olímpico a Atenas 2004. Un año después, ese mismo grupo de jóvenes — con Carlos Arroyo como figura — derrotó al equipo de estrellas de la NBA en los propios Juegos Olímpicos. Piculín estaba allí. Como siempre.
El cronista deportivo Richie Lugo Marrero, uno de los más reconocidos historiadores del deporte puertorriqueño, resumió así el legado de Piculín: "Cada vez que hubo un momento importante, ahí estaba Piculín para dar la bola, para defender, para dar tapones, para mantener al equipo unido en la cancha. Y su compromiso con la bandera de Puerto Rico no tenía comparación. Se negó a firmar contratos millonarios en Europa solo para poder representar a su país."
En sus últimos años, Piculín se reinventó como comunicador a través de su podcast Goldcast, donde entrevistó a grandes figuras del deporte. Con su inteligencia natural y su acceso único a los protagonistas del baloncesto, el programa reveló historias inéditas de vestuario y de cancha que ningún periodista externo hubiera podido obtener. Fue, según quienes lo conocían, una transición hermosa y digna hacia esta etapa final de su vida.
Francisco Papiro León, compañero de equipo en los Juegos Centroamericanos de 1986 y adversario en memorables series eliminatorias, describió con emoción su relación personal con Piculín: "Yo le llamaba cada rato preguntando por su salud. Era cliente mío con los pasteles. Hablé con él hace un par de semanas y me dijo que había dado una recaída, que estaba tranquilo. Siempre estábamos vacilando uno al otro."
La comunidad deportiva espera conocer los detalles del velatorio para rendir un último homenaje presencial al campeón. Papiro León lanzó un llamado a todos: "Los que puedan decir presente, esa sería la mejor ovación para él, para darle ese último aplauso."
Puerto Rico pierde hoy a su más grande embajador deportivo. Piculín Ortiz no solo ganó campeonatos; enseñó a un pueblo entero a creer en sí mismo.
El cáncer colorrectal es el tipo de cáncer que afecta el colon o el recto, y es uno de los más frecuentes a nivel mundial. La historia de Piculín Ortiz, quien batalló durante tres a cuatro años contra esta enfermedad, nos recuerda que nadie está exento, sin importar su historial de vida activa y saludable.
Lo más importante que debes saber es que el cáncer colorrectal, cuando se detecta a tiempo, tiene tasas de curación muy altas. La detección temprana lo cambia todo.
Presta atención a señales como cambios persistentes en los hábitos intestinales, sangre en las heces, dolor abdominal frecuente, pérdida de peso sin explicación o fatiga inusual. Estos síntomas no siempre indican cáncer, pero merecen evaluación médica sin demora.
A partir de los 45 años, toda persona debe hablar con su médico sobre la colonoscopía u otras pruebas de detección, independientemente de si tiene síntomas. Si tienes antecedentes familiares de cáncer colorrectal, esa conversación debe ocurrir antes.
Honrar la memoria de Piculín Ortiz también significa cuidarnos. Agenda hoy esa cita médica que llevas tiempo postergando. Tu vida vale la pena protegerla.