Aunque los análisis sanguíneos ofrecen una opción más cómoda para el cribado del cáncer colorrectal, su menor capacidad para detectar cánceres tempranos y pólipos precancerosos genera preocupación entre los especialistas.

La actualización de las guías de la American Cancer Society sobre el cribado del cáncer colorrectal incorporó nuevas pruebas de heces como opciones preferidas y añadió los análisis sanguíneos como una alternativa no preferida. La decisión ha generado debate debido a la facilidad de estos análisis, pero también a sus limitaciones para detectar lesiones que pueden ser determinantes en la prevención de la enfermedad.
Durante las últimas dos décadas, los análisis sanguíneos han despertado interés como una alternativa para aumentar la participación en el cribado. La posibilidad de aprovechar una extracción de sangre rutinaria podría evitar al paciente tener que manipular muestras de heces o someterse directamente a una colonoscopia.
Para los médicos, además, este método facilita el seguimiento del proceso: pueden solicitar el análisis, enviar al paciente al laboratorio, verificar que se realice y recibir posteriormente los resultados.
Un estudio citado en la guía reportó una tasa de realización del cribado de 91% con un análisis sanguíneo, frente al 26% registrado cuando se solicitó una prueba de heces. En el caso de la colonoscopia, un estudio europeo encontró una tasa de realización de apenas 42% entre las personas a quienes se ofreció esta prueba.
La principal preocupación señalada por la Dra. Aasma Shaukat es que la facilidad de una extracción sanguínea no debe imponerse sobre la capacidad de la prueba para detectar la enfermedad.
Los dos análisis sanguíneos con estudios de validación clínica considerados en la nueva guía presentan menor sensibilidad para los cánceres en etapas iniciales que las pruebas de heces. Además, su capacidad para identificar lesiones precursoras avanzadas, incluidos pólipos precancerosos, no supera la esperada por azar.
Esto es relevante porque una parte importante del beneficio del cribado proviene precisamente de detectar el cáncer colorrectal en etapas tempranas y encontrar y retirar pólipos precancerosos antes de que puedan evolucionar.
El caso del análisis sanguíneo Shield ilustra una de las principales preocupaciones. Según el estudio de validación clínica citado, su sensibilidad para detectar cáncer de colon en estadio 1 fue de 65%.
En términos prácticos, esto significa que de cada 100 personas con cáncer en estadio 1 que se sometan a la prueba, aproximadamente 35 podrían recibir un resultado negativo pese a tener la enfermedad.
La preocupación también alcanza a los resultados positivos. Una persona puede obtener un resultado positivo en el análisis sanguíneo y posteriormente someterse a una colonoscopia de alta calidad sin que se encuentre cáncer ni lesiones avanzadas.
La actualización de la American Cancer Society establece que el análisis sanguíneo no debe considerarse la primera opción para el cribado.
La recomendación es reservarlo como alternativa para personas que rechazan las pruebas de detección recomendadas, como las pruebas de heces o la colonoscopia, o que no llegan a realizárselas.
Además, antes de solicitarlo, los profesionales deben explicar al paciente que el análisis tiene una eficacia menor y que existe la posibilidad de pasar por alto un cáncer o un pólipo precanceroso.
Otro punto fundamental es que un resultado sanguíneo anómalo requiere una colonoscopia de seguimiento.
Para la Dra. Shaukat, todavía existen interrogantes sobre cómo incorporar los análisis sanguíneos de forma segura a los programas de cribado.
Entre las preguntas pendientes están determinar cuándo ofrecer esta alternativa, qué pacientes deben considerarse realmente no sometidos a cribado después de varios intentos y cómo debe realizarse la toma de decisiones compartida antes de solicitar el análisis.
La preocupación aumenta ante la comercialización directa al consumidor y la promoción de estas pruebas en televisión y redes sociales, ya que podría llevar a personas que sí están dispuestas y pueden realizarse una colonoscopia o una prueba de heces a optar por una alternativa de menor rendimiento.
La recomendación planteada es recopilar más evidencia y datos sobre los indicadores de cribado antes de impulsar una implementación amplia.
Mientras continúan los estudios y las iniciativas de expertos, sistemas de salud, aseguradoras y sociedades de gastroenterología, una posibilidad son los programas piloto adaptados a las características de cada población y sistema sanitario.
El objetivo, plantea la Dra. Shaukat, debe ser avanzar hacia pruebas que sean más eficaces, no invasivas, accesibles y costo-efectivas, sin sustituir prematuramente las modalidades de cribado que actualmente ofrecen un mayor beneficio.