Cáncer y tromboembolismo: pacientes pueden tener hasta 23 veces más riesgo durante el tratamiento

El riesgo de tromboembolismo venoso puede ser hasta 12 veces mayor en pacientes con cáncer y alcanzar 23 veces más durante el tratamiento oncológico activo.

Andrea Bazurto Gutiérrez

    Cáncer y tromboembolismo: pacientes pueden tener hasta 23 veces más riesgo durante el tratamiento

    La trombosis asociada al cáncer es una complicación frecuente y potencialmente grave que puede aparecer en distintos momentos de la evolución de la enfermedad. Su riesgo depende de factores relacionados con el paciente, el tipo y estadio del tumor y los tratamientos recibidos.

    Un riesgo que cambia durante el proceso oncológico

    La jefa de la Unidad de Trombosis de MD Anderson Madrid-Hospiten, Raquel de Oña, explicó que los pacientes con cáncer pueden presentar un riesgo de tromboembolismo venoso hasta 12 veces mayor que la población general y hasta 23 veces mayor durante el tratamiento oncológico activo.

    La especialista señaló que la trombosis asociada al cáncer, conocida como CAT por sus siglas en inglés (Cancer-Associated Thrombosis), comprende eventos trombóticos arteriales y venosos que pueden presentarse en cualquier momento de la evolución de la enfermedad.

    Según De Oña, el riesgo no responde a una única causa, sino que es multifactorial, heterogéneo y dinámico, por lo que puede cambiar a medida que avanza el proceso oncológico.

    Entre los factores relacionados con el paciente se encuentran la hipertensión arterial, la diabetes, la dislipemia, el consumo de tabaco o alcohol, los antecedentes de trombosis y la inmovilización o el sedentarismo.

    También influyen las características del cáncer. Algunos tumores, como los de páncreas o pulmón, presentan un riesgo particular, al igual que los estadios avanzados y los primeros meses posteriores al diagnóstico.

    A estos factores se suman los relacionados con el tratamiento, entre ellos determinadas quimioterapias, la inmunoterapia, la hormonoterapia, los catéteres venosos centrales y las intervenciones quirúrgicas.

    Detectar las señales puede facilitar una atención temprana

    La aparición de una trombosis puede complicar el manejo del paciente oncológico, ya que puede requerir hospitalización, retrasar tratamientos programados y hacer más complejas las decisiones relacionadas con la anticoagulación debido al riesgo de sangrado.

    Además, los eventos trombóticos pueden generar un impacto emocional importante. De acuerdo con la especialista, el diagnóstico puede provocar miedo y convertirse en una experiencia traumática, debido a que la trombosis está asociada con un aumento de la morbimortalidad.

    Los eventos trombóticos pueden manifestarse mediante síntomas o detectarse de manera incidental durante las pruebas de seguimiento del cáncer. Las manifestaciones dependen del vaso afectado, su ubicación, la extensión y la gravedad de la obstrucción.

    En una trombosis venosa profunda pueden aparecer hinchazón, dolor o aumento del volumen de una pierna o un brazo. Por su parte, una embolia pulmonar puede provocar dificultad respiratoria de inicio brusco, dolor en el tórax, taquicardia, mareo, fiebre o pérdida de conciencia.

    Cuando existe afectación trombótica cerebral, pueden presentarse síntomas neurológicos repentinos, como dificultad para hablar, pérdida de fuerza o sensibilidad en un lado del cuerpo y alteraciones de la visión.

    Reconocer estas señales de alarma permite solicitar atención médica de manera precoz.

    Evaluación individual para prevenir complicaciones

    Uno de los objetivos de la Unidad de Trombosis de MD Anderson Madrid-Hospiten es identificar a los pacientes que reciben tratamiento oncológico activo y presentan un mayor riesgo trombótico, al tiempo que se evalúa su riesgo hemorrágico.

    Esta valoración es individual y dinámica, por lo que debe revisarse durante el tratamiento. En determinados pacientes seleccionados puede considerarse la tromboprofilaxis primaria con anticoagulantes durante el periodo de mayor riesgo.

    Sin embargo, la especialista enfatiza que prevenir la trombosis no significa anticoagular a todos los pacientes.

    Educación para pacientes, familiares y cuidadores

    La educación constituye otro de los pilares del abordaje. En consulta se explica qué es la trombosis asociada al cáncer, por qué aumenta el riesgo, cuáles son sus señales de alarma, cuándo solicitar atención médica y cómo utilizar de manera segura los tratamientos anticoagulantes.

    El entorno cercano del paciente también puede desempeñar un papel importante. Familiares y cuidadores pueden ayudar a identificar cambios que el paciente podría atribuir al cansancio propio del tratamiento, favorecer el cumplimiento de las recomendaciones y actuar ante la aparición de una señal de alarma.

    "El objetivo es que cada paciente conozca su riesgo individual y las medidas disponibles para reducirlo", señaló De Oña.

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