Aunque suele confundirse con cansancio común, la fatiga asociada a la esclerosis múltiple es un síntoma neurológico complejo que afecta hasta al 90 % de los pacientes. Especialistas destacan que el ejercicio regular, el sueño adecuado y la conservación de energía son claves para recuperar el control.

La fatiga es uno de los síntomas más frecuentes y debilitantes de la esclerosis múltiple, una enfermedad neuro inmunológica que afecta al sistema nervioso central. Según explicó la neuróloga Marelisa Albelo Martínez, neuróloga con subespecialidad en Esclerosis Múltiple y Neuroinmunología, entre el 80 % y el 90 % de las personas con esta condición experimentan fatiga, mientras que entre el 50 % y el 60 % la identifican como el síntoma que más limita su calidad de vida.
Durante una conferencia educativa sobre el manejo de la fatiga en pacientes con esclerosis múltiple, la especialista destacó que este síntoma va mucho más allá del cansancio habitual y requiere un abordaje integral para mejorar el bienestar físico y emocional de quienes viven con la enfermedad.
La doctora Albelo explicó que la fatiga relacionada con la esclerosis múltiple puede manifestarse como agotamiento físico y mental, incluyendo dificultades de concentración conocidas como brain fog o "niebla mental".
"No es solo estar cansado. Es un agotamiento físico y mental desproporcionado al esfuerzo realizado", señaló la neuróloga.
Muchos pacientes describen la sensación como si "les desconectaran la electricidad" o como si "el motor se apagara" de forma repentina durante el día. Además, a diferencia del cansancio común, suele no mejorar simplemente con descansar o dormir.
Aunque no existe una explicación única sobre el origen de la fatiga, los especialistas entienden que varios mecanismos contribuyen a su aparición.
Por un lado, el cerebro de una persona con esclerosis múltiple debe trabajar más para compensar el daño en la mielina, la capa que recubre las fibras nerviosas y permite la transmisión rápida de las señales nerviosas. Por otro lado, la inflamación característica de la enfermedad activa múltiples procesos biológicos que demandan una gran cantidad de energía.
La sensibilidad al calor también desempeña un papel importante. Las altas temperaturas, la humedad, las duchas muy calientes o el ejercicio intenso sin una adecuada hidratación pueden empeorar la fatiga al afectar aún más la conducción nerviosa.
"Esto es algo real y es un proceso que forma parte de la condición", enfatizó Albelo.
La especialista advirtió que no toda la fatiga debe atribuirse automáticamente a la esclerosis múltiple.
Problemas de sueño, apnea obstructiva, insomnio, anemia, deficiencia de vitamina D, alteraciones de la tiroides, depresión o algunos medicamentos pueden aumentar significativamente la sensación de agotamiento.
Por ello, recomendó que los pacientes trabajen junto a sus médicos para identificar y tratar cualquier condición adicional que pueda estar contribuyendo al problema.
Uno de los pilares del manejo de la fatiga es la llamada terapia de conservación de energía, una estrategia que suele desarrollarse junto a terapeutas ocupacionales.
Este enfoque se basa en cuatro principios:
Priorizar las actividades realmente importantes.
Planificar las tareas para realizarlas en los momentos de mayor energía.
Pausar o distribuir los esfuerzos a lo largo del día.
Posicionarse de manera que las actividades requieran menos esfuerzo físico.
La neuróloga explicó que adaptarse no debe verse como una derrota, sino como una estrategia inteligente para maximizar la energía disponible.
"Te estás adaptando de forma inteligente y estratégica para poder maximizar tu energía", afirmó.
Entre las recomendaciones prácticas mencionó realizar compras en línea, preparar comidas para varios días, utilizar sillas para algunas tareas domésticas y programar descansos antes de actividades exigentes.
Aunque puede parecer contradictorio para quienes ya se sienten agotados, la actividad física regular es una de las intervenciones más efectivas.
Según Albelo, el ejercicio ayuda a desarrollar resistencia física, mejora el sueño, fortalece la movilidad y favorece la salud cerebral. "El ejercicio es la medicina para la fatiga", aseguró.
La especialista destacó que el factor más importante no es la intensidad, sino la constancia. Incluso sesiones de cinco o diez minutos al día pueden generar beneficios cuando se realizan de forma regular.
Para evitar el empeoramiento de los síntomas, recomendó ejercitarse en ambientes frescos, mantenerse hidratado y preferiblemente realizar actividad física temprano en la mañana.
La calidad del sueño también es fundamental. Mantener horarios regulares para acostarse, reducir el uso de pantallas antes de dormir y limitar el consumo de cafeína pueden contribuir a un mejor descanso.
En cuanto a la alimentación, Albelo indicó que la dieta mediterránea es la más recomendada para estos pacientes. Esta incluye frutas, vegetales, granos integrales, aceite de oliva, pescado y otras fuentes de grasas saludables, mientras limita los alimentos ultraprocesados y el exceso de azúcar.
La especialista también subrayó la importancia de atender la salud mental. La ansiedad y la depresión pueden agravar la fatiga y crear un círculo difícil de romper.
Por ello, recomendó un abordaje multidisciplinario que incluya neurólogos, psicólogos, terapeutas, grupos de apoyo, meditación y actividades como el yoga.
Existen algunos medicamentos estimulantes que pueden utilizarse en ciertos casos para ayudar a controlar la fatiga. Sin embargo, la evidencia científica sobre su efectividad es variable y deben emplearse con precaución debido a posibles efectos secundarios.
La neuróloga insistió en que estos tratamientos no sustituyen medidas fundamentales como el ejercicio, el sueño adecuado, la alimentación saludable y las estrategias de conservación de energía.
"Se trata de hacer pequeños cambios consistentemente para poder poco a poco ir mejorando la calidad de vida", concluyó.