Las autoridades sanitarias de España y Estados Unidos discrepan sobre el caso de uno de los 17 repatriados del crucero afectado. La prueba fue enviada a dos laboratorios con resultados distintos, lo que reaviva el debate sobre la fiabilidad de las pruebas.

La autoridad sanitaria de Estados Unidos informó en la madrugada del lunes que uno de los 17 pasajeros repatriados del crucero MV Hondius había dado un "positivo leve" en la prueba PCR para el virus andino, una cepa del hantavirus. Sin embargo, el Ministerio de Sanidad español, encabezado por Mónica García, matizó de inmediato esa lectura.
Según explicó el ministerio, a bordo del buque en Cabo Verde se embarcó un epidemiólogo del Centro Europeo para la Prevención y el Control de las Enfermedades (ECDC), quien analizó a todos los contactos del barco y en especial a quienes habían tenido contacto estrecho con la pareja de ciudadanos neerlandeses fallecidos.
Las muestras fueron enviadas a dos laboratorios distintos: uno de ellos arrojó un resultado que las autoridades estadounidenses consideraron "positivo débil"; el otro dio negativo. Para las autoridades españolas, el resultado no era concluyente.
Pese a ello, Estados Unidos decidió evacuar al pasajero por separado, tratándolo como un caso positivo.
Un elemento central en la discrepancia entre los dos países es el estado clínico del pasajero en el momento del análisis. Desde el Ministerio de Sanidad español se subrayó que la persona "no manifestaba síntomas cuando estaba en Cabo Verde". Este detalle es relevante, ya que los protocolos de diagnóstico del hantavirus combinan habitualmente los resultados de laboratorio con la presencia o ausencia de manifestaciones clínicas.
El hantavirus es un virus ARN —al igual que el coronavirus—, lo que significa que utiliza ácido ribonucleico como material genético. Esta característica condiciona la técnica de diagnóstico necesaria: no basta con una PCR convencional, sino que se requiere una RT-PCR (Reacción en Cadena de la Polimerasa con Transcriptasa Inversa).
El proceso tiene dos pasos. Primero, una enzima llamada retrotranscriptasa convierte el ARN viral en ADN. Después, la enzima ADN-polimerasa amplifica ese ADN, generando millones de copias que permiten identificar si el material genético del virus está presente en la muestra. A diferencia de las pruebas de la COVID-19, que se realizaban mediante hisopo nasofaríngeo, en el caso del hantavirus la muestra se toma de sangre o suero. Los resultados pueden obtenerse en pocas horas.
Un "positivo débil" o "positivo leve" en una RT-PCR indica que la cantidad de material genético viral detectado en la muestra es muy baja, rozando el umbral de detección del equipo. En esos casos, pequeñas diferencias en los reactivos empleados, la sensibilidad del termociclador o incluso el tiempo transcurrido entre la toma de muestra y el análisis pueden hacer que un laboratorio registre una señal tenue y otro no detecte nada.
Este fenómeno, ya conocido durante la pandemia de la COVID-19, es especialmente relevante en fases muy tempranas de la infección o cuando la carga viral del paciente es baja.
Más allá de la RT-PCR, el hantavirus también puede detectarse mediante pruebas serológicas que identifican anticuerpos específicos IgM e IgG a través de la técnica ELISA. Un resultado positivo en IgM indica una infección reciente y suele aparecer entre el primer y el tercer día tras la aparición de síntomas, siendo detectable hasta 30 días después.
Los anticuerpos IgG aparecen algo más tarde y permanecen en el organismo durante un periodo más prolongado; su ausencia, según advierte el Ministerio de Salud de Argentina, podría ser indicadora de evolución desfavorable.
La combinación de varias técnicas —RT-PCR y serología— es la que ofrece mayor certeza diagnóstica, algo que cobra especial importancia cuando los resultados entre laboratorios no coinciden.