Hepatitis C: más del 95% de los pacientes puede curarse, pero muchos aún no saben que tienen el virus

La Dra. Bárbara Rosado Carrión destaca la importancia de realizar la prueba de detección, incluso sin factores de riesgo, ante una enfermedad que puede avanzar durante años sin síntomas y provocar cirrosis y cáncer de hígado.

Andrea Bazurto Gutiérrez

    Hepatitis C: más del 95% de los pacientes puede curarse, pero muchos aún no saben que tienen el virus

    La hepatitis C puede avanzar en silencio durante años, pero hoy es una enfermedad altamente curable. Así lo explicó en entrevista con la revista MSP, la Dra. Bárbara Rosado Carrión, gastroenteróloga con subespecialidad en trasplante hepático, quien destacó que los tratamientos actuales permiten eliminar el virus en más del 95% de los pacientes en períodos de entre ocho y 12 semanas.

    Uno de los principales desafíos, sin embargo, sigue siendo encontrar a las personas infectadas antes de que aparezcan complicaciones. Según la especialista, una proporción importante de quienes tienen hepatitis C desconoce su diagnóstico porque la infección puede permanecer asintomática y no necesariamente producir alteraciones evidentes en las enzimas hepáticas.

    "Todos nos debemos hacer la prueba, irrespectivo de si hay factores de riesgo", enfatizó Rosado Carrión.

    Una prueba que debería ser rutinaria

    La especialista explicó que actualmente la recomendación es realizar al menos una vez la prueba de anticuerpos contra el virus de la hepatitis C en adultos, independientemente de que tengan o no factores de riesgo.

    En Puerto Rico, además, se han impulsado medidas para ampliar la detección. Rosado Carrión señaló que la Ley 67, aprobada en junio de 2023, estableció la realización rutinaria de pruebas para hepatitis A, B y C, mientras que posteriormente una orden administrativa incorporó la prueba de hepatitis C al certificado de salud.

    La primera prueba es una prueba de anticuerpos, que permite identificar si la persona ha estado expuesta al virus. Si el resultado es positivo, debe realizarse una prueba confirmatoria de ARN del virus de la hepatitis C, conocida también como carga viral, para determinar si existe una infección activa.

    Una infección que puede terminar en cirrosis

    El problema de no detectar la infección a tiempo es que la hepatitis C puede convertirse en una enfermedad crónica y provocar daño progresivo del hígado.

    Rosado Carrión explicó que cerca del 70% de las personas que se infectan pueden desarrollar hepatitis C crónica. Con el paso de los años, la infección puede producir fibrosis y cirrosis, aumentando también el riesgo de cáncer de hígado.

    En etapas avanzadas pueden aparecer complicaciones como acumulación de líquido en el abdomen, sangrado por várices del esófago, ictericia, retención de líquidos y fallo hepático. Algunos pacientes pueden llegar a necesitar un trasplante.

    Estas complicaciones pueden prevenirse en muchos casos si la infección se identifica y trata antes de que el daño hepático avance.

    ¿Quiénes tienen mayor riesgo?

    Aunque la especialista insiste en que la prueba no debe limitarse a quienes tienen factores de riesgo, identificó varios grupos con mayor posibilidad de exposición al virus.

    Entre ellos se encuentran las personas que utilizan drogas inyectables, quienes tienen determinadas prácticas sexuales de riesgo, personas con múltiples parejas sexuales, hombres que tienen sexo con hombres, personas que recibieron transfusiones de sangre antes de 1992 y quienes se realizan tatuajes en establecimientos que no cumplen con las medidas sanitarias correspondientes.

    También destacó la importancia de realizar la prueba durante el embarazo debido al riesgo de transmisión al bebé.

    El reto de las drogas inyectables y las cárceles

    En Puerto Rico, la especialista señaló particularmente dos escenarios que requieren mayor atención: el uso de drogas inyectables y la población penitenciaria.

    Según Rosado Carrión, el uso de drogas inyectables constituye actualmente el principal factor de riesgo en la isla, mientras que haber estado en prisión representa otro factor de importancia.

    La hepatóloga sostuvo que se estima que alrededor del 25% de la población carcelaria está infectada, aunque advirtió sobre deficiencias en la detección y acceso a tratamientos dentro de estas instituciones.

    Esto representa un reto de salud pública, debido a que las personas que no son diagnosticadas ni tratadas pueden continuar transmitiendo el virus y regresar posteriormente a la comunidad.

    Tratamientos de corta duración

    La especialista destacó que uno de los mayores avances frente a la hepatitis C son los antivirales de acción directa. Entre las terapias de primera línea mencionó Epclusa y Mavyret, tratamientos que pueden administrarse durante aproximadamente ocho a 12 semanas y alcanzar tasas de curación superiores al 95%.

    A diferencia de otras infecciones virales crónicas en las que los medicamentos controlan o suprimen el virus, en hepatitis C el objetivo es eliminarlo del organismo.

    Una vez confirmado el diagnóstico, los médicos también deben determinar el grado de fibrosis o la presencia de cirrosis. Para ello pueden utilizar métodos no invasivos como el FibroScan o la elastografía hepática.

    Esto es importante porque una persona que ya desarrolló cirrosis necesita seguimiento a largo plazo, incluso después de haber eliminado el virus, debido al riesgo residual de cáncer de hígado.

    El mensaje para la población

    Para Rosado Carrión, el mensaje es sencillo: no esperar a tener síntomas para hacerse la prueba.

    La hepatitis C puede permanecer silenciosa, pero actualmente existe una oportunidad que no estaba disponible décadas atrás: detectarla y curarla con tratamientos de corta duración y alta efectividad.

    La especialista exhortó a la población a hablar con su médico sobre la prueba y recordó que las personas con factores de riesgo deben mantener una vigilancia particular.

    "No hay ninguna razón para no ser evaluado y tratado", afirmó.

    Y cerró con una meta de salud pública: que Puerto Rico pueda avanzar hacia la eliminación de la hepatitis C para 2030.

    Más noticias de Infectología