Hígado graso en Puerto Rico: hasta 25% de los casos de cáncer hepático surgen antes de la cirrosis

La enfermedad hepática esteatósica por disfunción metabólica exige un diagnóstico oportuno mediante elastografía y cálculo de riesgo para prevenir complicaciones cardiovasculares y hepáticas graves en la población de Puerto Rico.

Andrea Perozo Pardo

    Hígado graso en Puerto Rico: hasta 25% de los casos de cáncer hepático surgen antes de la cirrosis

    La enfermedad hepática esteatósica asociada a disfunción metabólica (MASLD), antes conocida como hígado graso, se ha consolidado como la causa principal de enfermedad hepática crónica. En Puerto Rico, la alta prevalencia de obesidad central, diabetes tipo 2, hipertensión y dislipidemias sitúa a esta condición como una prioridad clínica. Sobre su magnitud y evolución, la doctora Bárbara Rosado, gastroenteróloga y subespecialista en trasplante hepático, explica: "Hoy se conoce como enfermedad hepática esteatósica asociada a disfunción metabólica lo que antes llamábamos hígado graso. La nomenclatura cambió recientemente para destacar la esencia del problema: los trastornos metabólicos... En Puerto Rico, todos estos componentes metabólicos son muy prevalentes, por lo que este diagnóstico también es común. Incluso, es una de las principales indicaciones para el trasplante hepático, particularmente en mujeres y personas mayores de 65 años. Se estima que en los próximos años será la principal indicación para trasplante de hígado tanto en Puerto Rico como en Estados Unidos".

    Pese a transcurrir inicialmente de forma asintomática, la patología puede progresar hacia inflamación severa y cicatrización. Al respecto, la especialista detalla: "La enfermedad hepática esteatósica asociada a disfunción metabólica puede evolucionar a una enfermedad más avanzada. Algunos pacientes pueden llegar a tener cirrosis. El factor pronóstico más importante de progresión es la fibrosis, que es la cicatrización o el endurecimiento del hígado. Los pacientes con cicatrización moderada —F2, según la clasificación de la biopsia hepática, que sigue siendo el estándar de referencia— o fibrosis significativa —F3— son quienes tienen mayor riesgo de desarrollar cirrosis". A esta progresión contribuyen múltiples factores, incluyendo comorbilidades combinadas, historial familiar de cirrosis, consumo de alcohol y predisposiciones genéticas como la variante en el gen PNPLA3, identificada en la población hispana y puertorriqueña.

    Diagnóstico temprano y herramientas no invasivas en el nivel primario

    Para superar el subdiagnóstico, la atención primaria dispone de métodos no invasivos. Sobre la elastografía hepática, la doctora Rosado señala que se trata de "una herramienta no invasiva, parecida a un sonograma: se coloca el equipo entre las costillas y, mediante varias mediciones, se puede determinar si el hígado está endurecido y estimar las distintas etapas de fibrosis, incluida la cirrosis. También permite establecer la cantidad de grasa en el hígado". De forma complementaria, la calculadora FIB-4 integra edad, plaquetas y enzimas hepáticas (AST y ALT) para descartar o sugerir daño avanzado. Como subraya la experta a modo de alerta clínica, un conteo de plaquetas por debajo de 150 ("un valor por debajo de 150 puede ser una señal de alerta de que el hígado podría estar endureciéndose") justifica una derivación oportuna al especialista.

    Cuando la fibrosis progresa a cirrosis, aumentan los riesgos de hipertensión portal, várices esofágicas, ascitis y fallo hepático. Asimismo, la vigilancia oncológica del carcinoma hepatocelular representa un reto fundamental. Al respecto, la especialista advierte: "Además, en esta enfermedad se observa que hasta un 20 o 25 % de los casos de cáncer de hígado pueden aparecer en pacientes que todavía no han desarrollado cirrosis, lo que hace más retante su seguimiento y vigilancia". Por ello, se recomienda la monitorización activa mediante ultrasonido y alfafetoproteína en estadios F2 o F3.

    Riesgo cardiovascular global y abordaje terapéutico adaptado a Puerto Rico

    El impacto de la enfermedad metabólica hepática trasciende el hígado. Sobre el riesgo sistémico, la doctora Rosado puntualiza: "No solo los pacientes con enfermedad hepática esteatósica asociada a disfunción metabólica están en riesgo de complicaciones hepáticas. Incluso quienes todavía no tienen fibrosis y solo presentan grasa en el hígado tienen un riesgo elevado de mortalidad cardiovascular. De hecho, la causa principal de muerte en esta población son los eventos cardiovasculares, como los infartos y los accidentes cerebrovasculares".

    Para contrarrestar esta progresión, el manejo exige un enfoque multidisciplinario que combine ejercicio físico (150 a 200 minutos semanales) y modificaciones dietéticas realistas. Respecto a la cultura alimentaria local, la especialista destaca: "Es un reto grande porque, culturalmente, salir a comer es parte de la vida social en Puerto Rico. Hay que ser realistas con los pacientes. No significa que nunca puedan comer una fritura, pero las frituras no deben formar parte de la dieta diaria... Las bebidas carbonatadas y los alimentos altos en fructosa, como los que contienen sirope de maíz, pueden ser muy perjudiciales. Se puede intentar eliminarlos y tomar más agua. El café, que forma parte de nuestra cultura, se ha asociado con un efecto protector para el hígado; unas tres tazas de café negro sin azúcar pueden tener ese efecto". Este esquema integral se complementa con nuevos tratamientos farmacológicos aprobados por la FDA para reducir la grasa y la fibrosis hepática.

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