Dificultad para tragar y atragantamientos: Así puede identificar la esofagitis eosinofílica y tratarla

La condición inflamatoria, conocida hace apenas 20 años, puede controlarse con tratamiento continuo y tiene dos medicamentos aprobados por la FDA.

Laura Guio

    Dificultad para tragar y atragantamientos: Así puede identificar la esofagitis eosinofílica y tratarla

    El 22 de mayo se conmemora el Día Mundial de Concienciación de Esofagitis Eosinofílica, una enfermedad inflamatoria crónica del esófago cuyo diagnóstico ha ido en aumento, especialmente en Puerto Rico. 

    La revista Medicina y Salud Pública conversó con el Dr. Antonio del Valle, gastroenterólogo pediátrico, para entender sus causas, síntomas, diagnóstico y opciones de tratamiento disponibles hoy.

    Una respuesta inmune que se confunde con alergia

    La esofagitis eosinofílica no es una alergia alimentaria convencional, aunque comparte algunos elementos con ella. 

    Según el Dr. del Valle, se trata de "una condición de inflamación crónica del esófago" en la que el cuerpo genera una respuesta inmunológica ante proteínas provenientes del ambiente o de los alimentos. A diferencia de una alergia clásica, cuya reacción es inmediata, "la esofagitis eosinofílica es un proceso inmune, es una respuesta inmune del cuerpo, pero es gradual."

    Esa progresión lenta es, precisamente, uno de los factores que complican el diagnóstico temprano. La inflamación sostenida puede derivar en fibrosis y, eventualmente, en un estrechamiento del esófago que dificulta severamente la deglución.

    Los síntomas cambian según la edad del paciente

    La enfermedad se diagnostica en todas las edades, desde infantes hasta adultos, y sus manifestaciones varían significativamente según el grupo etario. En niños menores de 12 años, los síntomas más frecuentes son náuseas, vómitos repetidos y rechazo a la alimentación. "Los más chiquititos dejan de comer, no están comiendo bien", explicó el especialista.

    En preadolescentes y adolescentes, el cuadro clínico cambia. El síntoma más característico es la disfagia, es decir, la dificultad para tragar. El paciente "se empieza a tardar más porque tiene que pasar más trabajo" al comer, o presenta episodios recurrentes de atragantamiento que no están relacionados con el tamaño de las porciones, sino con la inflamación progresiva del esófago.

    En algunos casos, la primera señal visible es una urgencia médica. "Cuando nos llaman a los gastroenterólogos pediátricos que tienen un adolescente en sala de emergencia con un pedazo atascado de comida, ya uno empieza a pensar que lo más probable es que sea esto", señaló el Dr. del Valle. Esto ocurre con mayor frecuencia al ingerir carnes duras como pollo o churrasco.

    Del estudio radiológico a la biopsia: así se confirma el diagnóstico

    El diagnóstico de esofagitis eosinofílica requiere un proceso escalonado. El médico suele recomendar primero un estudio de tragado o tragado de bario, un examen radiológico que permite descartar otras causas de disfagia. Si el resultado no revela anomalías estructurales evidentes, el siguiente paso es la endoscopía.

    Durante el procedimiento endoscópico se toman biopsias del tejido esofágico, que son analizadas por un patólogo. El diagnóstico se confirma cuando se detecta un número elevado de eosinófilos, el tipo de glóbulo blanco asociado a los procesos alérgicos e inflamatorios.

     "Se establece que tiene que haber un cierto número por cada campo de la histología, de la patología, y entonces ahí establecemos el diagnóstico", precisó el gastroenterólogo.

    Tratamientos disponibles: dieta, medicamentos y agentes biológicos

    Las opciones terapéuticas varían según la edad y la gravedad de la enfermedad. Una alternativa es el manejo dietético, que implica eliminar e introducir alimentos de forma controlada mientras se repiten endoscopías para evaluar la respuesta. 

    Sin embargo, el Dr. del Valle advirtió que "las pruebas alérgicas de alergias clásicas no nos ayudan mucho para distinguir qué alimento me está causando el proceso", lo que hace este abordaje más complejo en la práctica clínica local.

    En materia farmacológica, existen dos medicamentos aprobados por la FDA para esta condición. Uno de ellos es el Dupilumab, un agente monoclonal biológico que el especialista describió como "buenísimo para controlar la inflamación."

     No obstante, por tratarse de medicamentos costosos, su uso "queda para aquellos pacientes que ya fallaron tratamiento a las otras alternativas o a los que ya tienen una severidad mayor", dado que requieren autorización previa de los planes médicos.

    La mejoría clínica con tratamiento adecuado puede observarse con relativa rapidez. Las endoscopías de seguimiento se realizan a los seis meses o al año para confirmar la reducción de la inflamación. "En la mayoría de los casos, cuando repetimos la endoscopía, está muchísimo mejor", afirmó el médico.

    Una enfermedad crónica que se controla, no se cura

    Uno de los mensajes más importantes que transmitió el Dr. del Valle es que la esofagitis eosinofílica no tiene cura hasta el momento. "Una vez se diagnostica, no se quita. Va a continuar. Es como el asma o como otras condiciones crónicas." Por ello, la adherencia al tratamiento es indispensable para mantener la calidad de vida del paciente.

    Se trata además de una enfermedad relativamente nueva en el conocimiento médico. "La mayoría de las enfermedades las conocemos hace 50, 100 años. Esto es una enfermedad que hemos venido a conocer desde los últimos 20 años", contextualizó el especialista. Hace apenas una década se creía que los niños podían superarla; hoy la evidencia indica lo contrario.

    ¿Dónde buscar información confiable?

    Para quienes deseen profundizar en el tema, el Dr. del Valle recomendó acudir a fuentes especializadas como www.thisiseoe.com, así como a las páginas oficiales de las sociedades de gastroenterología pediátrica de Norteamérica y Europa. Sobre todo, instó a mantener "buena comunicación con el médico primario" para obtener referidos oportunos a especialistas y evitar el retraso diagnóstico que aún caracteriza a esta enfermedad.


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