La Dra. Shakira Bou explicó que la dermatitis atópica es una enfermedad inflamatoria crónica de la piel que suele iniciar en la infancia, aunque también puede aparecer en la adultez. Advirtió que el calor, el estrés y algunos alérgenos pueden agravar los brotes, pero destacó que existen tratamientos para controlar la enfermedad y mejorar la calidad de vida.

Durante la tercera edición de ExpoSalud, celebrada en el Coliseo Salvador Dijols de Ponce, especialistas en dermatología ofrecieron orientación y evaluación a pacientes con enfermedades de la piel. En ese escenario, la Dra. Shakira Bou, Dermatology Research Fellow de la Ponce Health Sciences University (PHSU), abordó las principales características de la dermatitis atópica, una condición frecuente que afecta la barrera cutánea y puede impactar significativamente la calidad de vida.
La dermatitis atópica es una enfermedad inflamatoria crónica de la piel que, por lo general, comienza durante la niñez, aunque también puede manifestarse por primera vez en la adultez. Según explicó la Dra. Bou, existe una predisposición genética y es frecuente encontrar antecedentes familiares de la enfermedad.
Además, señaló que la condición suele estar asociada con pacientes que padecen asma o rinitis alérgica.
"La dermatitis atópica usualmente presenta desde la niñez. Está asociada muchas veces a pacientes que tienen asma, rinitis alérgica y también se ve mucho en pacientes con historial familiar de esta condición", explicó.
La especialista indicó que uno de los factores implicados es la deficiencia de filagrina, una proteína fundamental para mantener la integridad de la barrera cutánea. Cuando esta proteína está disminuida, la piel pierde parte de su capacidad de protección, se vuelve más sensible y favorece la aparición de síntomas.
Entre las manifestaciones clínicas más frecuentes, la Dra. Bou destacó el prurito intenso y la aparición de parches rojizos, especialmente en zonas de flexión como el interior de los codos y detrás de las rodillas.
El rascado constante genera un círculo vicioso en el que la picazón provoca más rascado y, como consecuencia, aparecen excoriaciones y lesiones que deterioran aún más la piel.
"El paciente empieza presentando mucho picor en el cuerpo y se le forman parches rojizos. Al rascarse, se activa el ciclo de picor y termina con heridas por tanto rascarse", explicó.
La especialista advirtió que la alteración de la barrera de la piel no solo favorece la resequedad, sino que también incrementa la susceptibilidad a infecciones cutáneas.
Indicó que estos pacientes pueden desarrollar con mayor facilidad infecciones debido a que la piel pierde parte de su función protectora.
Asimismo, explicó que la enfermedad puede afectar desde áreas localizadas hasta comprometer gran parte del cuerpo, incluyendo las manos, lo que dificulta la realización de actividades cotidianas y laborales.
"Dependiendo de dónde estén las lesiones, definitivamente la calidad de vida del paciente se afecta", señaló.
La Dra. Bou explicó que las altas temperaturas representan uno de los principales desencadenantes de los brotes, por lo que recomendó mantener ambientes frescos siempre que sea posible.
Añadió que otros factores, como el polvo del Sahara, distintos alérgenos ambientales y el estrés emocional, también pueden favorecer el aumento del picor y la inflamación.
"El calor los exacerba. También se ha visto que muchos alérgenos hacen que los pacientes tiendan a rascarse más y eso activa nuevamente el ciclo del picor", indicó.
Como parte del manejo diario, la especialista recomendó mantener una hidratación constante de la piel utilizando cremas humectantes de grado médico, sin fragancias ni colorantes, aplicándolas inmediatamente después del baño, cuando la piel aún conserva humedad.
También aconsejó:
Tomar baños cortos con agua tibia.
Evitar el agua caliente.
Mantener la piel fresca.
Reducir el uso de detergentes irritantes.
Preferir detergentes hipoalergénicos para la ropa.
Evitar, en la medida de lo posible, el uso frecuente de alcohol y desinfectantes de manos que puedan resecar la piel.
"La barrera de la piel está afectada y, si no la mantenemos bien humectada, la piel se reseca más y vuelve a activarse el ciclo de picor", explicó.
La Dra. Bou enfatizó que la dermatitis atópica es una enfermedad crónica que no tiene cura, aunque sí dispone de múltiples alternativas terapéuticas para controlar los síntomas y reducir la frecuencia de los brotes.
Entre las opciones mencionó los antihistamínicos para aliviar el picor, los esteroides tópicos prescritos por el especialista y, en pacientes con enfermedad moderada o severa que no responden a las terapias convencionales, medicamentos biológicos más recientes.
Explicó que algunos de estos tratamientos ya cuentan con aprobación para pacientes pediátricos desde los seis meses de edad.
"Lo importante es que los pacientes sepan que esta condición no se cura, pero sí tiene tratamiento y existen alternativas que ayudan mucho a controlar la enfermedad", concluyó.
La especialista agregó que el manejo de estos pacientes suele realizarse mediante un enfoque multidisciplinario entre dermatólogos y alergistas, especialmente en quienes presentan enfermedades alérgicas asociadas como asma o rinitis alérgica.