Un hombre de 58 años con diabetes tipo 2 e hipertensión fue ingresado en estado de descompensación severa tras suspender parcialmente su tratamiento por dificultades económicas. Presentó deshidratación, alteración del estado de conciencia y síntomas metabólicos agudos compatibles con cetoacidosis diabética moderada.

Paciente masculino de 58 años de edad, comerciante, con antecedentes personales de diabetes mellitus tipo 2 diagnosticada hace 12 años e hipertensión arterial desde hace 8 años.
El paciente refiere que en los últimos meses había abandonado parcialmente el tratamiento médico debido a dificultades económicas y a la falsa percepción de sentirse estable. Acude al servicio de emergencias acompañado por familiares debido a un cuadro clínico de una semana de evolución caracterizado por debilidad progresiva, intensa sed, aumento exagerado de la frecuencia urinaria, pérdida de peso aproximada de 8 kilogramos en dos meses, visión borrosa y fatiga extrema.
Durante las últimas 48 horas presentó además náuseas, vómitos, dolor abdominal difuso, dificultad para concentrarse y somnolencia creciente. Los familiares refieren que el paciente permaneció la mayor parte del tiempo acostado, con marcada disminución del estado de alerta y escasa ingesta de alimentos.
A su llegada al hospital se observó un paciente consciente pero desorientado en tiempo y espacio, con evidente estado de deshidratación. Presentaba mucosas secas, ojos hundidos y disminución de la elasticidad cutánea.
Los signos vitales mostraron:
· Presión arterial: 90/60 mmHg
· Frecuencia cardíaca: 118 latidos por minuto
· Frecuencia respiratoria: 28 respiraciones por minuto
· Temperatura: 37.2 °C
· Saturación de oxígeno: 96 %
· Peso: 84 kg
· Índice de masa corporal: 31 kg/m²
· En la exploración cardiovascular se evidenció taquicardia sin soplos.
El examen pulmonar mostró respiración profunda y rápida. El abdomen era blando, depresible y doloroso de forma leve a la palpación difusa. El examen neurológico reveló lentitud psicomotora sin déficit focal.
Los hallazgos físicos y los resultados de laboratorio, se estableció el diagnóstico de: Diabetes Mellitus Tipo 2 descompensada complicada con cetoacidosis diabética moderada y deshidratación severa.
El paciente fue ingresado a la unidad de cuidados intermedios donde se inició reposición intensiva de líquidos con solución salina isotónica. Posteriormente se administró insulina regular por vía intravenosa mediante infusión continua, con monitorización estricta de la glucemia capilar y del estado ácido-base.
Se realizó corrección de los trastornos electrolíticos, especialmente de los niveles de potasio, y vigilancia continua de la función renal. Además, se brindó educación diabetológica al paciente y a sus familiares sobre la importancia del cumplimiento terapéutico, la alimentación adecuada y el monitoreo regular de la glucosa.
Durante las primeras 24 horas se observó una mejoría progresiva del estado general. La glucemia descendió gradualmente hasta valores cercanos a 200 mg/dL, mientras que los parámetros ácido-base se normalizaron en las siguientes 48 horas.
Al quinto día de hospitalización el paciente se encontraba hemodinámicamente estable, orientado, sin síntomas digestivos y con adecuada tolerancia oral. Se instauró tratamiento con insulina basal-bolo y se coordinó seguimiento por endocrinología, nutrición y medicina interna.
Discusión
Este caso refleja una de las complicaciones agudas más graves de la diabetes mellitus. La falta de adherencia al tratamiento y el mal control metabólico favorecieron el desarrollo de una cetoacidosis diabética, condición potencialmente mortal si no se trata oportunamente. La educación continua del paciente diabético constituye una herramienta fundamental para prevenir complicaciones, reducir hospitalizaciones y mejorar la calidad de vida.