Tras meses de atribuir sus síntomas al estrés y al envejecimiento, una paciente de 58 años fue diagnosticada con anemia normocítica normocrómica secundaria a enfermedad renal crónica. El tratamiento mejoró significativamente su capacidad funcional y calidad de vida.

Una mujer de 58 años acudió al servicio de Medicina Interna por presentar cansancio progresivo desde hacía aproximadamente seis meses. Refería dificultad para realizar actividades cotidianas que antes realizaba sin esfuerzo, como subir escaleras, caminar varias cuadras o realizar las labores domésticas.
Además, manifestaba sensación de debilidad generalizada, mareos ocasionales, disminución de la concentración y episodios de palpitaciones al realizar esfuerzos moderados.
La paciente comentó que atribuía sus síntomas al envejecimiento y al estrés, por lo que no buscó atención médica de forma temprana. Entre sus antecedentes personales patológicos destacaban hipertensión arterial diagnosticada hacía diez años y enfermedad renal crónica estadio III secundaria a nefroesclerosis hipertensiva.
Se encontraba en tratamiento con losartán y amlodipino, con seguimiento irregular. Negaba sangrados digestivos, hematuria, pérdida importante de peso o antecedentes recientes de infecciones. Tampoco refería cambios en sus hábitos alimenticios.
Durante los últimos meses, la paciente notó un deterioro progresivo de su capacidad funcional. Inicialmente experimentó fatiga al final del día, pero posteriormente comenzó a presentar agotamiento incluso después de actividades mínimas.
En las semanas previas a su consulta desarrolló disnea de esfuerzo y sensación de palpitaciones, lo que motivó finalmente su visita al hospital. La paciente relató que había acudido previamente a consultas médicas por el mismo motivo, donde recibió suplementos vitamínicos sin mejoría significativa.
Debido a la persistencia de los síntomas, se decidió realizar una evaluación más exhaustiva.
Al ingreso se encontró una paciente consciente, orientada y cooperadora. Presentaba palidez cutaneomucosa evidente, especialmente en conjuntivas y lechos ungueales. Los signos vitales mostraron una presión arterial de 145/90 mmHg, frecuencia cardíaca de 102 latidos por minuto, frecuencia respiratoria de 20 respiraciones por minuto, temperatura de 36.7 °C y saturación de oxígeno de 97 % al aire ambiente.
Durante la exploración cardiovascular se identificó taquicardia sin soplos significativos. La auscultación pulmonar fue normal. El abdomen era blando, depresible y no doloroso a la palpación, sin evidencia de visceromegalias.
No se observaron adenopatías periféricas ni signos de sangrado activo.
Estudios de Laboratorio
El hemograma reveló los siguientes resultados:
· Hemoglobina: 8.7 g/dL
· Hematocrito: 27 %
· Eritrocitos: 3.1 millones/mm³
· Volumen Corpuscular Medio (VCM): 89 fL
· Hemoglobina Corpuscular Media (HCM): 30 pg
· Recuento de reticulocitos: disminuido
· Leucocitos: 7,200/mm³
· Plaquetas: 250,000/mm³
Los estudios bioquímicos mostraron
· Creatinina sérica: 2.4 mg/dL
· Urea: 68 mg/dL
· Hierro sérico: normal
· Ferritina: normal-alta
· Vitamina B12: normal
· Ácido fólico: normal
· Velocidad de sedimentación globular: elevada
La morfología del frotis periférico evidenció eritrocitos de tamaño y coloración normales, compatibles con anemia normocítica normocrómica.
La presencia de una disminución significativa de la hemoglobina acompañada de un volumen corpuscular medio normal orientó hacia una anemia normocítica. La ausencia de deficiencia de hierro, vitamina B12 o ácido fólico descartó las causas nutricionales más frecuentes.
El antecedente de enfermedad renal crónica, junto con la disminución de la producción de reticulocitos, sugirió una reducción en la síntesis de eritropoyetina por parte del riñón como principal mecanismo fisiopatológico.
Tras integrar los hallazgos clínicos y de laboratorio, se estableció el diagnóstico de anemia normocítica normocrómica secundaria a enfermedad renal crónica.
Diagnóstico Definitivo
Anemia normocítica normocrómica secundaria a enfermedad renal crónica estadio III.
Tratamiento
Se inició tratamiento con agentes estimulantes de la eritropoyesis bajo supervisión especializada, además de suplementación con hierro según protocolo para optimizar la respuesta hematológica. Paralelamente, se reforzó el control de la hipertensión arterial y se programó seguimiento conjunto por Nefrología y Medicina Interna.
Asimismo, se brindó educación a la paciente sobre la importancia de la adherencia terapéutica y el seguimiento periódico de la función renal para prevenir complicaciones futuras.
Evolución Clínica
Tras ocho semanas de tratamiento, la paciente presentó una mejoría significativa de la fatiga y de su capacidad funcional. Los controles de laboratorio mostraron un incremento gradual de la hemoglobina hasta 10.9 g/dL, acompañado de una reducción de los síntomas que limitaban su calidad de vida.
La paciente logró reincorporarse a sus actividades habituales y comprendió la importancia de mantener un seguimiento médico continuo para evitar nuevas descompensaciones.
Discusión
La anemia normocítica es una alteración hematológica frecuente que puede pasar desapercibida durante largos períodos debido a que sus síntomas suelen ser inespecíficos.
Entre sus principales causas se encuentran las enfermedades crónicas, la insuficiencia renal, trastornos inflamatorios, enfermedades autoinmunes y algunas neoplasias.
En la enfermedad renal crónica, la disminución de la producción de eritropoyetina provoca una reducción de la formación de glóbulos rojos en la médula ósea, generando una anemia que afecta significativamente la calidad de vida y aumenta el riesgo de complicaciones cardiovasculares.
Este caso pone de manifiesto cómo síntomas aparentemente comunes, como el cansancio persistente, pueden ocultar enfermedades de gran impacto clínico y social cuando no se investigan de manera adecuada.
La fatiga persistente no debe considerarse una consecuencia normal de la edad o del estrés. Miles de personas conviven con anemia sin saberlo, atribuyendo sus síntomas al trabajo, al cansancio cotidiano o al envejecimiento.
La detección temprana mediante controles médicos periódicos puede evitar complicaciones graves y mejorar significativamente la calidad de vida de los pacientes.
Conclusión
La anemia normocítica normocrómica es una manifestación frecuente de enfermedades crónicas, especialmente de la enfermedad renal. Su reconocimiento temprano permite instaurar un tratamiento oportuno, reducir la morbilidad y mejorar el pronóstico del paciente. Este caso demuestra la importancia de valorar adecuadamente síntomas aparentemente simples que pueden ser la primera señal de una enfermedad sistémica de gran relevancia.