El cardiólogo destaca los progresos en el tratamiento de las enfermedades valvulares y las terapias personalizadas, pero advierte que mejorar la alimentación y el estilo de vida debe convertirse en una prioridad.

Las enfermedades del corazón continúan siendo una de las principales amenazas para la salud pública en Puerto Rico. Aunque los avances en cardiología permiten ofrecer alternativas terapéuticas cada vez más precisas, el cardiólogo Rigoberto Ramos considera que el reto también está fuera de los hospitales: transformar los hábitos de vida de la población para reducir el riesgo de complicaciones cardiovasculares.
"La enfermedad coronaria es la principal causa de muerte en Puerto Rico y Estados Unidos", señala el especialista. En Puerto Rico, las enfermedades del corazón ocuparon el primer lugar entre las causas de muerte en 2023, con 6.203 fallecimientos, equivalentes al 18,3 % del total, según datos del Centro Nacional de Estadísticas de Salud de Estados Unidos (NCHS).
Para Ramos, la respuesta requiere combinar el progreso científico con una mayor atención a la prevención. La alimentación, la actividad física y otros hábitos cotidianos forman parte de una estrategia que, a su juicio, debe adquirir mayor relevancia en las políticas de salud y en la vida diaria de los puertorriqueños.
La cardiología ha evolucionado en distintas áreas, entre ellas el manejo de las enfermedades de las válvulas cardíacas, que pueden afectar el flujo de sangre a través del corazón. Ramos destaca que los avances en este campo permiten ofrecer nuevas alternativas a determinados pacientes y contribuir a mejorar su atención.
"El avance a nivel de las válvulas y la evolución con el paso de los años nos permite ofrecerle tranquilidad a nuestros pacientes. En la medicina de hoy en día podemos actuar de manera particular en cada individuo y eso me llena de mucha emoción", expresó.
La innovación también resulta relevante en las enfermedades infiltrativas, un grupo de condiciones en las que determinadas sustancias se acumulan en los tejidos y pueden alterar el funcionamiento del corazón. Entre ellas se encuentran algunas formas de amiloidosis cardíaca, cuyo diagnóstico y tratamiento dependen del tipo específico de enfermedad.
En este ámbito, el especialista plantea la importancia de profundizar en los mecanismos moleculares que intervienen en estas condiciones para avanzar hacia estrategias terapéuticas más precisas.
Pese a los avances médicos, el cardiólogo insiste en que la innovación no puede desplazar la prevención. Su planteamiento es que Puerto Rico necesita convertir la promoción de hábitos saludables en un objetivo colectivo, con participación de los profesionales sanitarios, las instituciones y la ciudadanía.
"Tenemos que establecer como proyecto de país el cambio dramático del estilo de vida del puertorriqueño. El reto grande es cambiar esa visión para que podamos evolucionar en el estilo de vida del habitante de la isla y reducir los eventos cardiovasculares", puntualizó.
El especialista reconoce que disfrutar de las actividades sociales y culturales de la isla forma parte de la vida cotidiana, pero considera necesario acompañarlas de decisiones que favorezcan la salud cardiovascular. El desafío, explica, es modificar progresivamente una visión de los hábitos diarios que no siempre prioriza la prevención.
La evidencia médica respalda la importancia de actuar sobre factores de riesgo como la hipertensión arterial, el colesterol elevado, la diabetes, el tabaquismo, la inactividad física y la obesidad. Una alimentación equilibrada, la práctica regular de actividad física y el seguimiento médico pueden contribuir a disminuir el riesgo cardiovascular, aunque las medidas necesarias varían según los antecedentes y las condiciones de cada persona.