El cardiólogo Ismael Ortiz Cartagena explica por qué la estenosis aórtica severa requiere evaluación antes de los síntomas, presenta nuevas estrategias coronarias y señala las barreras de acceso a tecnología cardiovascular en Puerto Rico hoy.

La estenosis aórtica severa puede avanzar y provocar daños en el corazón antes de que el paciente experimente manifestaciones clínicas. Por esta razón, los especialistas están prestando mayor atención a la identificación temprana de la enfermedad y a la posibilidad de intervenir antes de que aparezcan síntomas.
El doctor Ismael Ortiz Cartagena, cardiólogo intervencional del Hospital Pavía Santurce y presidente entrante de la Sociedad de Cardiología Intervencional de Puerto Rico, explicó que esperar hasta que el paciente presente dolor de pecho, fatiga, dificultad respiratoria o pérdida del conocimiento puede comprometer su evolución clínica.
Durante años, la estenosis aórtica severa asintomática se manejó mediante vigilancia, esperando la aparición de síntomas para considerar una intervención. Sin embargo, el especialista señaló que diferentes investigaciones han aportado evidencia a favor de evaluar tratamientos más tempranos.
Entre ellas mencionó el ensayo clínico EARLY TAVR, cuyos resultados respaldan el beneficio de considerar una intervención temprana en determinados pacientes, sin esperar necesariamente a que desarrollen manifestaciones clínicas.
«No debemos esperar que el paciente desarrolle síntomas ni para hacer evaluaciones ni para referirlo para una posible evaluación de cambio de válvula aórtica», sostuvo Ortiz Cartagena.
Uno de los principales desafíos en el manejo de esta enfermedad es reconocer que el deterioro del corazón puede comenzar antes de que el paciente manifieste señales evidentes.
El especialista explicó que, cuando aparecen síntomas como dolor torácico, fatiga, falta de aire, pérdida del conocimiento o insuficiencia cardíaca, el paciente puede presentar un daño cardiovascular considerable.
También advirtió sobre la posibilidad de muerte cardíaca súbita, una de las complicaciones asociadas a esta condición.
Por ello, insistió en que la evaluación debe ir más allá de determinar el grado de obstrucción de la válvula y considerar las consecuencias que la enfermedad está generando en el funcionamiento del corazón.
Ecocardiograma y biomarcadores en la evaluación
El ecocardiograma continúa siendo la herramienta fundamental para evaluar la estenosis aórtica. Sin embargo, Ortiz Cartagena explicó que los especialistas también deben analizar otros indicadores, como el gradiente de presión, la velocidad máxima del flujo y el área de apertura de la válvula.
A esto se suma la evaluación de las cavidades cardíacas, las presiones intracardíacas, las posibles arritmias y la presencia de hipertensión pulmonar.
En cuanto a los análisis de laboratorio, destacó la importancia de los biomarcadores BNP y proBNP, que pueden elevarse cuando el corazón experimenta una sobrecarga.
Según explicó, el incremento de estos indicadores puede alertar sobre pacientes cuyo corazón está realizando un esfuerzo mayor y que podrían evolucionar hacia síntomas o insuficiencia cardíaca.
El examen físico también conserva un papel importante. El cardiólogo recordó que la estenosis aórtica produce un soplo sistólico característico y que el momento en que alcanza su máxima intensidad puede aportar información sobre la gravedad de la enfermedad.
Por esta razón, hizo un llamado a los médicos para que examinen a sus pacientes, identifiquen estas señales y faciliten la realización de ecocardiogramas y las referencias correspondientes, incluso cuando todavía no existan síntomas.
Stents y balones medicados: una nueva estrategia coronaria
Otro de los temas abordados por el especialista fue la evolución de las intervenciones coronarias y la combinación de stents medicados con balones recubiertos de medicamentos.
Ortiz Cartagena explicó que, durante las últimas dos décadas, estos procedimientos han evolucionado desde el uso de balones hasta la incorporación de stents, dispositivos que permiten mantener abiertas las arterias obstruidas.
Sin embargo, uno de los problemas identificados es la reestenosis, que consiste en el nuevo estrechamiento de una arteria después de la colocación de un stent.
Frente a este escenario, la estrategia híbrida busca combinar ambas tecnologías: colocar un stent en el segmento que lo necesita y utilizar un balón medicado para tratar otras zonas de la arteria, evitando implantar segmentos extensos de metal cuando no sea necesario.
El especialista señaló que esta alternativa se encuentra todavía en una etapa temprana de desarrollo y estudio, pero representa una posibilidad para determinados pacientes.
Entre los perfiles que podrían beneficiarse mencionó a personas con diabetes y enfermedad coronaria difusa, pacientes con lesiones en bifurcaciones y aquellos que presentan reestenosis dentro de un stent previamente implantado.
En estos últimos casos, explicó que evitar la acumulación de dos o tres capas de metal puede ayudar a preservar el espacio interno de la arteria y mantener alternativas para futuros tratamientos.
El cambio hacia una estrategia híbrida no significa que los pacientes puedan suspender o reducir automáticamente sus medicamentos antiplaquetarios.
El doctor Ortiz Cartagena aclaró que tratamientos como la aspirina, el clopidogrel, el ticagrelor y el prasugrel continúan utilizándose de acuerdo con las características clínicas de cada paciente.
Explicó que, en pacientes con enfermedad coronaria crónica, la terapia dual puede mantenerse durante tres a seis meses, mientras que en aquellos que presentan un infarto agudo puede extenderse durante un año o incluso más, según la evaluación médica.
«La estrategia no dicta la duración de la terapia dual antiplaquetaria, sino el paciente y su presentación», precisó.
Puerto Rico enfrenta dificultades para ampliar el acceso tecnológico
Aunque los hospitales de Puerto Rico cuentan con infraestructura para incorporar tecnologías cardiovasculares avanzadas, el acceso a estos tratamientos enfrenta limitaciones relacionadas con los reembolsos de los planes médicos.
Ortiz Cartagena señaló que las dificultades en la remuneración a hospitales y proveedores afectan la disponibilidad de recursos y pueden retrasar la incorporación generalizada de nuevas alternativas terapéuticas.
También identificó la escasez de especialistas en cardiología intervencional como otro de los desafíos de la isla, en relación con las necesidades de su población.
«Queremos darle a nuestros pacientes los mejores cuidados al día y actualizados, y muchas veces estamos un poco atrás en comparación, digamos, con Estados Unidos por este tipo de situación de accesibilidad por fondos», manifestó.
El especialista destacó que Puerto Rico cuenta con profesionales que se han formado fuera de la isla y han regresado para ejercer su profesión. Sin embargo, consideró necesario fortalecer las gestiones con el Gobierno, las aseguradoras y las sociedades médicas para ampliar el acceso a estas tecnologías.
Integración médica, una de las prioridades de su presidencia
Como presidente entrante de la Sociedad de Cardiología Intervencional de Puerto Rico, Ortiz Cartagena planteó que una de sus principales prioridades será garantizar que los pacientes tengan acceso a nuevas tecnologías y tratamientos cardiovasculares.
También expresó su interés en fortalecer la integración entre las sociedades de cardiología de Puerto Rico y ampliar la colaboración con profesionales de medicina interna, cuidados críticos y medicina de emergencia.
Para el especialista, la cardiología intervencional no depende exclusivamente de los cardiólogos que realizan los procedimientos, sino también de los médicos que reciben inicialmente a los pacientes y pueden identificar las señales de una enfermedad cardiovascular.
«Ustedes son la primera línea de defensa de la enfermedad coronariana, ustedes son los primeros que ven este paciente. Mi mensaje sería: recuerden que nosotros somos un aliado para ustedes», expresó.
Finalmente, destacó que el intercambio de conocimientos y la actualización científica son fundamentales para ampliar las alternativas de tratamiento y mejorar la atención cardiovascular en Puerto Rico.