El Dr. Elías Navarro analiza el abordaje del ACV isquémico y hemorrágico. Desde la Tomografía inicial hasta la trombectomía endovascular y la craniectomía, la intervención a tiempo define la supervivencia del paciente.

El accidente cerebrovascular (ACV) o enfermedad cerebrovascular (ECV) representa una de las emergencias neurológicas de mayor impacto en la salud pública global, posicionándose de forma constante entre las primeras cinco causas de morbimortalidad a nivel mundial. Como precisa el Dr. Elías Navarro, médico neurocirujano y neurointervencionista con más de dos décadas de trayectoria profesional, el concepto amplía la evaluación clínica hacia los factores de riesgo modificables y el estilo de vida del paciente. Desde la perspectiva fisiopatológica, la condición se divide en dos vertientes principales: la enfermedad cerebrovascular isquémica, caracterizada por la oclusión vascular y la consecuente interrupción del flujo sanguíneo que desemboca en un infarto cerebral; y la enfermedad cerebrovascular hemorrágica, originada por la rotura de un vaso y el subsecuente extravasado sanguíneo al parénquima o espacio subaracnoideo.
El doctor indica que en ambas variantes clínicas se manifiestan signos de focalización neurológica brusca. El paciente experimenta la pérdida o alteración de funciones fundamentales como el nivel de conciencia, la fuerza motora de un hemicuerpo, la capacidad de articulación o comprensión del habla, o la pérdida visual monocular. La rápida identificación de esta sintomatología constituye el punto de partida indispensable para activar los protocolos de intervención precoz.
Ante la sospecha clínica de un ACV, la tomografía computarizada (TC) de cráneo sin contraste representa el estudio inicial y obligatorio de neuroimagen. Su objetivo primordial estriba en confirmar o descartar de forma inmediata la presencia de un sangrado, precisa el Dr. MNavarro. En las fases ultra-tempranas del ACV isquémico, la tomografía inicial puede no mostrar alteraciones estructurales evidentes; sin embargo, la sospecha clínica fundamenta la toma de decisiones. Al cabo de 6 a 8 horas —o hasta 24 horas en casos seleccionados—, la TC evidencia las áreas de isquemia. El estudio se complementa progresivamente con modalidades avanzadas como la resonancia magnética (RM), la angiotomografía (angio-TC) y la angiografía por sustracción digital para precisar la arquitectura vascular y planificar la estrategia de recanalización.
El neurocirujano explica que en el manejo de la isquemia cerebral, la ventana de oportunidad temporal y los criterios de selección determinan el tratamiento de reperfusión:
Trombólisis intravenosa: Administración de agentes fibrinolíticos (como el alteplase) por vía endovenosa dentro de las primeras 4.5 horas del inicio de los síntomas para disolver el trombo.
Trombectomía mecánica y tromboaspiración: Procedimientos neurointervencionistas realizados en la sala de hemodinamia para la extracción endovascular directa del trombo. Indicados de forma directa o complementaria a la trombólisis.
Ventana extendida (hasta 24 horas): En pacientes con tiempo de inicio incierto o aquellos que presentan un "ACV del despertar" (quienes se acostaron asintomáticos y despertaron con déficit neurológico), los criterios actuales respaldan el beneficio de la trombectomía mecánica hasta las 24 horas tras descartar mediante estudios de imagen las condiciones que simulan eventos isquémicos (stroke mimics).
En la variante hemorrágica, la TC inicial permite estratificar la severidad del volumen del hematoma y la repercusión estructural. Si el hematoma intraparenquimatoso es menor a 50 cc, no genera desviación de la línea media y preserva las estructuras de la base del cráneo, la indicación médica se orienta hacia un tratamiento conservador con monitorización neurológica estricta en la unidad de cuidados intensivos y tomografías seriadas de control, argumenta el especialista.
Por el contrario, aclara el neurointervencionista "cuando el volumen del sangrado supera los 50 cc, existe desviación de la línea media o un deterioro progresivo de la conciencia y la función neurológica, se evalúa la evacuación quirúrgica mediante cirugía abierta". El Dr. Navarro enfatiza que la intervención invasiva se reserva como última instancia dada la agresividad del procedimiento, con excepción de aquellos escenarios de compromiso vital inminente o cuando el paciente presenta criterios compatibles con muerte cerebral. En casos de hemorragia subaracnoidea por rotura aneurismática o malformaciones vasculares, la panangiografía cerebral por sustracción digital constituye el patrón de referencia (gold standard) para guiar la reparación endovascular o neuroquirúrgica.
Tanto en infartos masivos como en hematomas voluminosos con edema cerebral severo que comprometen la distensibilidad craneal, el esquema terapéutico incluye la craniectomía descompresiva. La retirada temporal de una sección del calvario sobre el hemisferio afectado previene la herniación cerebral y mitiga el daño irreversible por hiperpresión endocraneana, concluye el Dr. Elías Navarro.