Apagones, ruido y luz nocturna: los factores ambientales que ponen el foco en la salud cardiovascular

Las interrupciones eléctricas en Puerto Rico mantienen el uso de generadores; un estudio en Reino Unido asocia mayor exposición a luz nocturna con más enfermedades cardiovasculares, aunque faltan datos locales que confirmen ese vínculo.

Jorge Mario Murillo González

    Apagones, ruido y luz nocturna: los factores ambientales que ponen el foco en la salud cardiovascular

    SAN JUAN, Puerto Rico. Las interrupciones del servicio eléctrico, el ruido de los generadores y la exposición a la luz artificial durante la noche plantean interrogantes sobre la calidad del descanso y sus posibles efectos en la salud cardiovascular de los residentes de Puerto Rico. Aunque no existen datos citados que demuestren un aumento de las emergencias cardíacas en la isla por estas causas, investigaciones internacionales han identificado asociaciones entre la exposición nocturna a la luz y una mayor incidencia de enfermedades cardiovasculares.

    Según la Administración de Información Energética de Estados Unidos (EIA, por sus siglas en inglés), los clientes eléctricos de Puerto Rico experimentaron en 2025 un promedio de 36 horas de interrupciones del servicio no relacionadas con grandes eventos, un aumento del 19 % respecto a 2024. La agencia también informó que la frecuencia de las interrupciones aumentó un 13 % durante ese periodo, hasta alcanzar casi 16 interrupciones por cliente en el año.

    Las cifras, publicadas por la EIA el 10 de agosto de 2026, describen la continuidad del servicio eléctrico en la isla, pero no determinan cuántos hogares dependen de generadores ni establecen una relación entre los apagones y las enfermedades cardiovasculares.

    La exposición nocturna a la luz y el riesgo cardiovascular

    Un estudio publicado el 23 de octubre de 2025 en la revista científica JAMA Network Open encontró una asociación entre una mayor exposición personal a la luz durante la noche y una incidencia más elevada de distintas enfermedades cardiovasculares.

    La investigación, titulada Light Exposure at Night and Cardiovascular Disease Incidence, analizó datos de 88.905 adultos mayores de 40 años participantes del proyecto UK Biobank, en el Reino Unido. Durante el seguimiento, los investigadores evaluaron la relación entre la exposición lumínica registrada mediante sensores portátiles y la aparición de enfermedades cardiovasculares.

    Los participantes con los niveles más altos de exposición a la luz nocturna presentaron, en comparación con quienes estuvieron expuestos a noches más oscuras, un riesgo relativo un 47 % mayor de infarto de miocardio y un 56 % mayor de insuficiencia cardíaca. También se observaron asociaciones con enfermedad coronaria, fibrilación auricular y accidente cerebrovascular.

    Los resultados se mantuvieron después de ajustar los análisis por diversos factores, incluidos el tabaquismo, la actividad física, la alimentación, la duración del sueño y el nivel socioeconómico.

    Sin embargo, los investigadores advierten que los resultados corresponden a un estudio observacional. Por tanto, no demuestran por sí solos que la exposición a la luz nocturna cause directamente estas enfermedades ni permiten estimar el riesgo específico para la población puertorriqueña.

    Ruido ambiental: una preocupación para el descanso

    El ruido persistente constituye otro factor ambiental relevante para la salud pública, especialmente cuando interfiere con el sueño. En Puerto Rico, el funcionamiento de generadores durante las interrupciones eléctricas puede representar una fuente adicional de contaminación acústica en comunidades residenciales, aunque la magnitud de esa exposición requiere mediciones específicas.

    Las directrices de la Organización Mundial de la Salud (OMS) para Europa sobre ruido nocturno establecen un objetivo de exposición inferior a 40 decibelios en el indicador nocturno exterior y un objetivo provisional de 55 decibelios cuando no es posible alcanzar el primero a corto plazo. Estas recomendaciones se elaboraron para la Región Europea de la OMS y no constituyen, por sí mismas, límites legales aplicables en Puerto Rico.

    La organización identifica el ruido nocturno como un problema de salud ambiental por sus efectos sobre el descanso y el bienestar. La exposición depende de la intensidad del sonido, el tiempo durante el cual se mantiene y las condiciones del entorno.

    En el ámbito local, el Departamento de Recursos Naturales y Ambientales (DRNA) publica el Reglamento para el Control de la Contaminación por Ruidos, Reglamento Núm. 8019, aprobado en 2011 por la entonces Junta de Calidad Ambiental. El documento establece criterios para regular las emisiones sonoras y contempla límites diferenciados según la clasificación de las zonas y otras condiciones de medición.

    Medidas para reducir la exposición

    Mientras se investiga el impacto de estos factores en Puerto Rico, reducir el ruido y la iluminación innecesaria durante las horas de descanso constituye una medida preventiva razonable.

    En los hogares que utilizan generadores, es fundamental instalar y operar los equipos conforme a las instrucciones del fabricante, siempre en exteriores y lejos de puertas, ventanas y tomas de aire. Nunca deben utilizarse dentro de viviendas, garajes ni otros espacios cerrados, debido al riesgo de intoxicación por monóxido de carbono.

    En cuanto a la iluminación, limitar la entrada de luz exterior al dormitorio mediante cortinas opacas y reducir el uso de pantallas brillantes antes de dormir puede contribuir a mantener condiciones más favorables para el descanso.

    Las personas con hipertensión o enfermedades cardiovasculares deben continuar sus tratamientos prescritos y consultar a un profesional de salud ante síntomas persistentes, palpitaciones o cambios preocupantes en la presión arterial.

    La necesidad de evidencia local

    El impacto de la contaminación acústica y lumínica sobre la salud cardiovascular en Puerto Rico requiere investigaciones que midan la exposición real de las comunidades y la comparen con indicadores clínicos de la población.

    Estos estudios permitirían determinar si las condiciones ambientales relacionadas con los apagones, el funcionamiento de generadores y la iluminación nocturna se asocian con cambios medibles en la salud cardiovascular de los residentes de la isla.

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