El cardiólogo especialista en fallo cardíaco avanzado y trasplante de corazón, Dr. Edwin Molina Torres, explica por qué la amiloidosis cardíaca continúa siendo un desafío diagnóstico y destaca que identificarla de forma temprana permite iniciar tratamientos que mejoran la calidad de vida y reducen la mortalidad.

Aunque hoy existen más herramientas para identificar la amiloidosis cardíaca, el principal desafío continúa siendo reconocerla a tiempo. Así lo explicó el Dr. Edwin Molina Torres, cardiólogo especialista en fallo cardíaco avanzado y trasplante de corazón, en entrevista con la revista Medicina y Salud Pública, quien señaló que esta enfermedad todavía suele pasar desapercibida porque sus síntomas se confunden con múltiples condiciones cardiovasculares y sistémicas.
"Necesitamos crear más educación, crear más conciencia sobre esta condición y que realmente es más común de lo que nosotros mismos como médicos y cardiólogos pensamos que existe", afirmó el especialista.
Según indicó, años atrás la enfermedad se diagnosticaba con poca frecuencia y representaba prácticamente una sentencia de muerte. Sin embargo, actualmente existen tratamientos y métodos diagnósticos que permiten ofrecer un mejor pronóstico cuando la enfermedad se identifica de manera oportuna.
El especialista explicó que existen dos formas principales de amiloidosis cardíaca por transtiretina.
La variante hereditaria suele presentarse con mayor frecuencia entre los 50 y 60 años, aunque también puede aparecer a edades más avanzadas. En contraste, la variante de cadena salvaje, asociada al envejecimiento, afecta principalmente a hombres mayores de 70 años.
El proceso diagnóstico comienza descartando otras formas de amiloidosis que requieren un manejo diferente.
El Dr. Molina explicó que inicialmente se realizan análisis de sangre y orina para excluir la amiloidosis de cadena liviana, considerada una emergencia oncológica por su relación con alteraciones de la médula ósea.
Una vez descartada esa posibilidad, se recurre a diferentes estudios cardiovasculares.
Entre las pruebas más importantes se encuentran:
Ecocardiograma o sonograma del corazón.
Estudio de medicina nuclear con pirofosfato.
Resonancia magnética cardíaca (MRI), cuando persiste la sospecha clínica.
Biopsia del músculo cardíaco en casos seleccionados donde aún no existe un diagnóstico definitivo.
El especialista enfatizó que el diagnóstico precoz es determinante para mejorar la evolución de los pacientes.
Según explicó, los estudios clínicos han demostrado que los beneficios del tratamiento aumentan con el tiempo de uso, reflejándose en una mejor calidad de vida, reducción de síntomas y disminución de la mortalidad.
"Es sumamente importante que usted junto con su médico llegue a un diagnóstico temprano y una vez tengamos ese diagnóstico no dilatar más el proceso y comenzar el tratamiento lo antes posible", destacó.
Uno de los mayores obstáculos es que la amiloidosis cardíaca puede manifestarse con síntomas muy variados.
Los pacientes suelen consultar inicialmente por:
Cansancio y fatiga.
Hinchazón en las piernas.
Manifestaciones de insuficiencia cardíaca.
No obstante, también pueden presentar síndrome del túnel carpiano bilateral, caídas bruscas de la presión arterial al ponerse de pie (ortostatismo), neuropatía periférica e incluso alteraciones en los ojos o en el tracto gastrointestinal.
El cardiólogo aclaró que la presencia de estos síntomas no significa necesariamente que una persona padezca amiloidosis cardíaca, pero sí deben formar parte del diagnóstico diferencial cuando el cuadro clínico lo amerite.
Para el Dr. Molina Torres, el mayor reto continúa siendo pensar en la enfermedad antes de que progrese.
Debido a que sus manifestaciones son similares a las de otras patologías, muchos pacientes pueden tardar en recibir el diagnóstico correcto.
"El desafío mayor que tenemos es detectarla con prontitud", concluyó el especialista, quien insistió en fortalecer la educación tanto entre los profesionales de la salud como en la población para favorecer un reconocimiento más temprano de esta enfermedad progresiva.