La Comisión del Codex Alimentarius adoptó nuevas directrices basadas en evidencia científica para que el etiquetado precautorio de alérgenos se utilice únicamente cuando exista un riesgo real, con el objetivo de brindar mayor seguridad y confianza a las personas con alergias alimentarias.

Las personas con alergias alimentarias dependen del etiquetado para identificar productos seguros. Sin embargo, el uso extendido e inconsistente de advertencias como "puede contener" ha generado incertidumbre entre los consumidores. Ante este panorama, la Comisión del Codex Alimentarius, órgano internacional de establecimiento de normas alimentarias creado por la FAO y la OMS, aprobó nuevas directrices que buscan estandarizar el uso del etiquetado precautorio de alérgenos con base en criterios científicos y de evaluación del riesgo.
Las alergias alimentarias representan un problema de salud pública a nivel mundial y pueden provocar desde síntomas leves, como picazón e inflamación, hasta reacciones graves como la anafilaxia.
Para quienes viven con estas condiciones, contar con información clara y confiable en las etiquetas de los alimentos resulta fundamental para tomar decisiones seguras sobre su alimentación. Además, estas alergias pueden influir en la planificación de las comidas, las compras e incluso las actividades sociales de las familias.
El etiquetado precautorio de alérgenos se creó para advertir sobre la posible presencia accidental de un alérgeno debido al denominado "contacto cruzado", que puede ocurrir durante la producción, el almacenamiento, el transporte o la manipulación de alimentos.
Por ejemplo, un producto elaborado en la misma maquinaria utilizada para procesar frutos secos podría contener cantidades mínimas de estos, aunque no formen parte de la receta. En estos casos, los fabricantes recurren a advertencias como "puede contener maní" o "puede contener frutos de cáscara".
No obstante, la utilización excesiva de este tipo de etiquetas ha provocado que algunos consumidores eviten alimentos que en realidad son seguros o, por el contrario, ignoren las advertencias, aumentando el riesgo para su salud.
Las nuevas orientaciones son el resultado de consultas internacionales organizadas por la FAO y la OMS desde 2020, en las que participaron alergólogos, científicos, clínicos, autoridades reguladoras y especialistas en evaluación de riesgos.
Tras analizar la evidencia disponible, los expertos concluyeron que la aplicación de buenas prácticas de higiene y fabricación permite reducir casi por completo el contacto cruzado con alérgenos.
Además, por primera vez se establecieron umbrales de riesgo sustentados en principios científicos para determinar cuándo la presencia accidental de un alérgeno representa un peligro para la mayoría de las personas alérgicas.
Las nuevas directrices establecen que las advertencias precautorias únicamente deberían emplearse cuando no sea posible prevenir o controlar la presencia involuntaria de alérgenos mediante sistemas adecuados de gestión y cuando las evaluaciones de riesgo indiquen niveles superiores a los umbrales científicos definidos.
Con ello, se busca reducir el uso innecesario del etiquetado y ofrecer información más precisa y útil para los consumidores.
Los textos del Codex Alimentarius constituyen la referencia internacional para la inocuidad de los alimentos comercializados bajo el Acuerdo sobre Medidas Sanitarias y Fitosanitarias de la Organización Mundial del Comercio (OMC).
Según la Comisión del Codex Alimentarius, estas primeras directrices específicas sobre el etiquetado precautorio de alérgenos permitirán armonizar las prácticas de la industria alimentaria, facilitar un comercio más seguro y ampliar la disponibilidad de productos confiables para las personas con alergias alimentarias.
Al mismo tiempo, buscan fortalecer la protección de los consumidores y promover prácticas comerciales más justas mediante un etiquetado que refleje de manera más precisa el riesgo real.