La hipertensión pulmonar afecta a un número alarmantemente mayor de personas en Puerto Rico de lo que indican los registros internacionales.

Así lo reveló el Dr. Álvaro Aranda en entrevista con la revista Medicina y Salud Pública, donde presentó datos recientes obtenidos del Centro de Estadística del Gobierno de Puerto Rico y de aseguradoras locales que evidencian una realidad preocupante: actualmente hay más de 6,000 pacientes con diagnóstico de hipertensión pulmonar en algún tipo de tratamiento en la isla.
Aunque la literatura mundial estima una prevalencia de entre 10 y 50 casos por millón de habitantes, y en algunos países hasta 100, Puerto Rico supera con creces esa cifra. Con una población de 3,2 millones, se esperaría encontrar entre 320 y 350 pacientes. El dato real representa, según el propio especialista, "un número escandaloso y 60 veces más alto de lo que está publicado en la literatura mundial."
La hipertensión pulmonar es considerada una enfermedad huérfana y, por su naturaleza silenciosa, suele detectarse en estadios avanzados. El síntoma más común es la falta de aire al esfuerzo físico, una señal que con frecuencia se confunde con asma, enfermedad pulmonar crónica, fallo cardíaco o incluso ansiedad. "A veces hasta la diagnostican con ansiedad, porque el paciente cuando camina le falta el aire o le aprieta el pecho", señaló el Dr. Aranda.
Esta ambigüedad clínica tiene consecuencias directas en los tiempos de atención. Según lo publicado en la literatura médica, el diagnóstico tarda entre dos y tres años en concretarse, y el paciente llega a consultar en promedio entre seis y siete médicos antes de recibir una respuesta definitiva.
El especialista destacó que existe una característica que puede orientar la sospecha clínica: "Es la única enfermedad que te da una falta de aire al esfuerzo, no al descanso. Así que cuando tú vas a hacer esfuerzo, o a mayor esfuerzo, más falta de aire."
Aunque existe un grupo significativo de casos idiopáticos, es decir, de origen desconocido, el Dr. Aranda identificó poblaciones con mayor vulnerabilidad. Entre ellas se encuentran pacientes con enfermedades colagenovasculares como artritis reumatoidea, lupus y escleroderma; personas con enfermedades cardíacas congénitas; quienes padecen cirrosis hepática; y quienes han consumido anfetaminas o sus derivados.
Las cifras de mortalidad subrayan la urgencia del diagnóstico temprano. "Si hay un estadio 4, la mortalidad a 5 años sobrepasa el 50%, y esto es mucho más alto que un montón de tipos de cáncer", advirtió el Dr. Aranda. La confirmación diagnóstica requiere un ecocardiograma como primer paso de cernimiento y, posteriormente, un cateterismo cardíaco del lado derecho.
A los obstáculos clínicos se suman los económicos. Casi todos los medicamentos disponibles son de alto costo y, aunque las aseguradoras ofrecen cobertura, los copagos representan una barrera real para muchos pacientes. La falta de adherencia al tratamiento agrava el pronóstico: "Si el paciente no tiene un buen cumplimiento, la enfermedad te va a alcanzar y te va a vencer."
El panorama, sin embargo, ha mejorado notablemente en la última década. Hoy existen 17 medicamentos aprobados por la Administración de Drogas y Alimentos de los Estados Unidos (FDA), distribuidos en cuatro mecanismos de acción principales: antagonistas del receptor de endotelina, inhibidores de la fosfodiesterasa y prostaciclinas, además de nuevos biológicos en desarrollo.
"En los últimos 2 años este ha sido el avance más significativo, donde podemos controlar la enfermedad desde su inicio", afirmó el Dr. Aranda. Estos tratamientos permiten, cuando se aplican de forma temprana y sostenida, detener la progresión de la enfermedad y garantizar al paciente una calidad de vida excelente y una mayor expectativa de vida.