Solo un especialista, en acuerdo con el paciente, puede decidir cuándo reducir la medicación. Dejar de usar el inhalador en el momento en que los síntomas remiten es uno de los errores más habituales entre quienes padecen asma.

De acuerdo con un experto, José Antonio Marín, neumólogo del Hospital Quirón salud Clideba de Badajoz, quien subraya que la decisión de reducir las dosis debe tomarse siempre de forma consensuada entre el médico especialista y el paciente, nunca de manera unilateral.
El aviso llega con motivo del Día Mundial del Asma, que se conmemora cada 5 de mayo, y coincide con un llamado conjunto de diversas entidades médicas y de la farmacéutica GSK Colombia a ambos lados del Atlántico: esta enfermedad respiratoria crónica afecta a entre el 5 y el 10 por ciento de la población española y, en Colombia, a aproximadamente uno de cada ocho habitantes, lo que la convierte en la segunda enfermedad respiratoria crónica más común en ese país, solo por detrás de la Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica (EPOC).
El asma es una enfermedad respiratoria crónica que inflama las vías que conducen el aire a los pulmones y genera síntomas como dificultad para respirar, tos persistente, silbidos al respirar y opresión en el pecho, especialmente durante la noche. Para muchos pacientes, cada respiración puede convertirse en un desafío que limita su capacidad de realizar actividades cotidianas y disfrutar momentos con familia y amigos.
Se estima que hasta el 10% de quienes viven con asma pueden desarrollar su forma más severa: el asma grave. Esta condición, que afecta principalmente a mujeres, requiere atención constante y un manejo adecuado a lo largo del tiempo para evitar complicaciones que pongan en riesgo la vida del paciente.
"Las personas con asma grave pueden experimentar síntomas variables en el tiempo; pueden sentirse relativamente bien y, aun así, presentar una crisis cuando se exponen a factores de riesgo", explicó Mónica Olmos, gerente médica del área de Inmuno-Respiratoria de GSK Colombia.
El asma grave se distingue por su complejidad y persistencia. Se considera que una persona la padece cuando requiere altas dosis de terapia inhalada u oral para controlar sus síntomas, o cuando dicho tratamiento resulta insuficiente.
Entre las señales de alarma figuran la dificultad creciente para respirar, el dolor intenso en el pecho, la tos seca con exceso de mucosidad, la tensión en los músculos del cuello y el pecho, la respiración acelerada y los cambios en la frecuencia cardíaca. Un episodio de estas características puede requerir hospitalización.
La función pulmonar de un paciente con asma grave puede situarse por debajo del 60%, lo que limita gravemente su vida diaria. Sin un tratamiento adecuado y especializado, la enfermedad puede poner en peligro la vida.
Pese a la ausencia de cura, el asma dispone de tratamientos eficaces que permiten controlar los síntomas, reducir la inflamación de las vías respiratorias y prevenir las crisis. La terapia inhalada continúa siendo la más empleada en la práctica clínica, dado que actúa de forma directa sobre la mucosa bronquial, lo que la convierte en una herramienta terapéutica de primera línea.
Desde GSK Colombia, la doctora Olmos advirtió sobre uno de los riesgos más frecuentes: "Aunque el asma grave no tiene cura, los síntomas pueden disminuir en ciertos momentos y esto podría llevar a algunos pacientes a abandonar su tratamiento temporalmente. Sin embargo, la inflamación sigue presente y, al suspender la terapia, existe el riesgo de que la condición empeore y se desencadenen crisis severas que requieran hospitalización". Por esta razón, insistió en la importancia de seguir el tratamiento recomendado por el médico sin interrupción.
En el frente de la investigación, el doctor Marín destacó el avance de las terapias biológicas como una de las líneas más prometedoras, campo en el que compañías como GSK han desarrollado opciones terapéuticas dirigidas a pacientes con asma grave.
Estos fármacos trabajan bloqueando la respuesta inflamatoria que se desencadena cuando el paciente entra en contacto con agentes irritantes, impidiendo así el estrechamiento de las vías respiratorias y la aparición de síntomas.
Más allá de la medicación, los especialistas coinciden en la necesidad de identificar y evitar los factores externos que pueden empeorar la enfermedad. "Todo lo que pueda afectar a las vías respiratorias de manera externa puede empeorarlo", señaló el doctor Marín, destacando el tabaquismo como principal factor de riesgo, seguido de la contaminación ambiental y las bajas temperaturas y humedad propias del invierno.
La doctora Olmos, por su parte, subrayó la importancia de adoptar un estilo de vida saludable y reducir la exposición a alérgenos, en combinación con el acceso oportuno a tratamientos farmacológicos adecuados, como vía para mejorar la calidad de vida y reducir la frecuencia de las crisis.
El neumólogo del Hospital Quirónsalud Clideba recomendó la vacunación anual frente a la gripe, cuya infección puede agravar los episodios asmáticos y derivar en complicaciones de mayor gravedad. A ello suma la práctica regular de actividad física y una alimentación sana y equilibrada como pilares complementarios del tratamiento.
"Todo ello ayudará a las personas asmáticas a convivir con la enfermedad de una manera más llevadera y tolerable", concluyó el doctor Marín.