Las playas de Puerto Rico en crisis: Erosión, oleaje peligroso y sargazo tóxico amenazan la vida costera

El cambio climático acelera la degradación de las costas puertorriqueñas. Playas emblemáticas pierden terreno ante el avance del mar, mientras el sargazo en descomposición genera gases que representan un serio riesgo para la salud pública.

Laura Guio

    Las playas de Puerto Rico en crisis: Erosión, oleaje peligroso y sargazo tóxico amenazan la vida costera

    Lo que durante décadas fue arena firme hoy es agua. Esa es la realidad que enfrentan comunidades costeras de Puerto Rico como Loíza, Luquillo y Vega Baja, donde la erosión costera ha avanzado a un ritmo que sorprende incluso a los expertos.

    El doctor Neftalí García, doctor en química y especialista en temas ambientales, conversa con la revista Medicina y Salud Pública y describe con preocupación lo que ha presenciado de primera mano: 

    "Puede haber habido lugares cercanos a la playa en los cuales la playa estaba a 50 metros o estaba a 100 metros de distancia, y hoy está pegado a las casas o en algunos casos ha destruido casas, carreteras."

    El caso de las parcelas de Loíza es especialmente alarmante. García, quien ha visitado la zona durante más de diez años, señala que el mar ya destruyó lo que era una especie de acera tipo malecón y penetró hasta la calle. Aunque se construyó un rompeolas supervisado por el Cuerpo de Ingenieros que mitigó el daño en parte del sector, la erosión continúa su avance.

    La causa de fondo, según el especialista, es el cambio climático: "El cambio climático se caracteriza por extremos de temperatura, de lluvia, nieve donde ocurre este fenómeno, aumento en la temperatura del mar, aumento en la altura del mar", lo que a su vez influye sobre el oleaje, las corrientes y el crecimiento de macroalgas.

    Un peligro subestimado: Turistas y bañistas ante corrientes mortales

    El deterioro de las costas no es solo un problema ambiental; tiene consecuencias directas sobre la seguridad de quienes las visitan. El norte de Puerto Rico, con su oleaje intenso y corrientes fuertes, se ha cobrado vidas de turistas que llegan sin información suficiente sobre los riesgos del mar local.

    "El turista que llega no necesariamente busca información, no necesariamente le informan bien, y piensa que puede entrar en cualquier lugar", advierte García.

    El problema se agrava porque algunas playas a las que la gente acude habitualmente, como las del área del Condado, presentan por regla general un oleaje muy fuerte en muchas zonas. El especialista es enfático: no todas las playas son seguras para bañarse en cualquier condición, y esa falta de orientación ha costado vidas, incluyendo la de boricuas experimentados.

    El sargazo: más que un problema estético

    Si la erosión y el oleaje representan riesgos físicos evidentes, el sargazo esconde una amenaza menos visible pero igualmente grave: la química de su descomposición. En 2025, Puerto Rico recibió aproximadamente 40 toneladas de esta alga marina, superando el récord anterior de entre 25 y 30 toneladas registrado en 2006, según datos de un laboratorio en Florida citados durante la entrevista. Y las proyecciones indican que la tendencia seguirá al alza.

    Cuando el sargazo se acumula en el mar cercano a la playa, el doctor García explica el proceso con precisión técnica: "Se transforma en un ambiente de ausencia de oxígeno, y en esas condiciones se genera sulfuro de hidrógeno, se genera metano, se genera amoníaco."

    Cada uno de esos gases representa un riesgo distinto para la salud:

    El sulfuro de hidrógeno, responsable del característico olor a huevo podrido, "afecta el funcionamiento del cerebro, afecta el control de la respiración, es irritante de los ojos, de la piel, de la garganta, de la nariz", y en concentraciones elevadas puede provocar edema pulmonar, es decir, acumulación de líquido en los pulmones. Además, bajo ciertas condiciones, es explosivo.

    El amoníaco, por su parte, es un gas sumamente irritante que al reaccionar con el agua forma una sal corrosiva capaz de dañar la piel, los ojos y las mucosas. García advierte que en ciertos casos extremos "puede causarte ceguera inclusive."

    Dado que estos gases son más densos que el aire, pueden acumularse en sótanos y espacios cerrados de viviendas cercanas a la costa, afectando a residentes incluso sin contacto directo con el agua.

    Una crisis que exige acción urgente

    Para el doctor García, la respuesta no puede esperar. Ante el avance del sargazo, propone una estrategia de dos frentes: interceptar el alga con maquinaria antes de que llegue a la orilla y, cuando ya esté en la playa, movilizar brigadas para retirarlo con la mayor rapidez posible.

    El especialista es claro en señalar que, aunque el sargazo es un fenómeno natural, su crecimiento descontrolado no lo es: "Lo que no es natural, por lo que estamos viendo, es que sigue aumentando." El aumento de la temperatura del mar acelera el metabolismo de esta planta flotante, y la presencia de nutrientes en el ambiente donde surge puede potenciar aún más su proliferación.

    En cuanto a la erosión, García no deja lugar a la complacencia: "No hay duda de que se ha subestimado el aceleramiento del cambio climático." Lo que generaciones anteriores proyectaban para dentro de cuatro décadas está sucediendo hoy.

    Las playas de Puerto Rico enfrentan una transformación acelerada e irreversible si no se actúa. La pregunta ya no es si el cambio climático afectará las costas, sino con qué urgencia se tomarán medidas para proteger a quienes las habitan y las visitan.


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