Mientras las olas de calor dejan miles de muertes en Europa y Estados Unidos, las estrategias implementadas en Phoenix, Arizona, han logrado reducir los fallecimientos asociados a las altas temperaturas, convirtiéndose en un referente para enfrentar un fenómeno que, según expertos, seguirá intensificándose.

Las olas de calor son cada vez más frecuentes, intensas y prolongadas debido al cambio climático, y sus efectos ya se reflejan en un aumento de las muertes relacionadas con las altas temperaturas en distintas regiones del mundo. En este escenario, la experiencia de Phoenix, en Arizona (Estados Unidos), destaca como un ejemplo de cómo las políticas públicas pueden contribuir a disminuir estos fallecimientos.
Este verano ha estado marcado por temperaturas excepcionalmente altas en gran parte de Estados Unidos y Europa. En Francia se reportó un exceso de más de 2.000 muertes durante la ola de calor registrada a finales de junio, mientras que científicos estimaron que más de 2.700 personas pudieron haber fallecido por causas relacionadas con el calor en Inglaterra y Gales desde mayo.
En Estados Unidos, al menos 44 muertes asociadas al calor fueron reportadas durante el fin de semana festivo del 4 de julio.
La investigadora de la Universidad de Yale, Jennifer Marlon, explicó que muchas personas aún no dimensionan que el calor actual no es el mismo de hace una década, ya que las temperaturas nocturnas ya no descienden lo suficiente para permitir que el organismo se recupere del calor acumulado durante el día.
El condado de Maricopa, donde se encuentra Phoenix, registra algunas de las temperaturas más altas de Estados Unidos y ha desarrollado durante años programas para proteger a la población frente al calor extremo.
Phoenix se convirtió en 2021 en la primera ciudad del mundo en nombrar un responsable oficial para coordinar las políticas relacionadas con el calor.
Entre las principales estrategias implementadas se encuentran la ampliación del acceso a centros de enfriamiento, algunos de ellos abiertos las 24 horas, así como programas que permiten reparar o reemplazar sistemas de aire acondicionado para residentes que cumplen los requisitos.
Gran parte de estas acciones se enfocan en personas de bajos ingresos y en quienes viven en situación de calle, grupos especialmente vulnerables a las altas temperaturas.
Según Nicholas Staab, director médico del condado de Maricopa, la ciudad ha tenido la ventaja de saber que el calor extremo representa un problema recurrente, aunque ahora se está convirtiendo en una realidad para muchas otras comunidades del mundo.
Después de alcanzar un máximo de 645 muertes relacionadas con el calor en 2023, el condado registró 405 fallecimientos en 2025. Diversos expertos atribuyen parte de esta disminución a las políticas implementadas para prevenir los efectos del calor extremo.
Sin embargo, advierten que la tendencia podría no mantenerse. Hasta el 11 de julio de este año, el condado había confirmado 23 muertes relacionadas con el calor y mantenía otras 282 bajo investigación, cifras que, de confirmarse, superarían las registradas en el mismo periodo del año anterior.
Especialistas consideran que otras ciudades pueden adoptar medidas similares, como designar un responsable para coordinar las estrategias frente al calor y fortalecer la comunicación entre las distintas dependencias gubernamentales.
También destacan la importancia de ampliar el acceso a espacios de enfriamiento y reconocer que el calor extremo no solo representa un problema de salud pública, sino también un desafío para la infraestructura y la economía, ya que puede afectar carreteras, transporte y otros servicios.
Los expertos subrayan que las ciudades deben dejar de planificar con base en el clima del pasado y comenzar a prepararse para las temperaturas que enfrentarán en los próximos cinco a diez años, ya que prevén que los récords de calor seguirán rompiéndose de forma recurrente.