Con más de 77,000 casos y 56 muertes registradas en lo que va del año, las autoridades utilizan drones para detectar criaderos de mosquitos y contener la propagación de una enfermedad cuyo impacto sigue creciendo a nivel mundial.

Sri Lanka enfrenta su peor brote de dengue en casi una década y ha incorporado drones militares como parte de su estrategia para combatir la enfermedad. La tecnología permite identificar desde el aire depósitos de agua estancada en techos y otros espacios donde se reproducen los mosquitos transmisores del virus, mientras el país intensifica las medidas para contener una epidemia que ya supera los 77,000 casos en 2026.
Las autoridades sanitarias atribuyen el aumento de los contagios al ciclón que azotó la isla el pasado diciembre, el cual dejó escombros y numerosos puntos con agua estancada que se convirtieron en nuevos criaderos de mosquitos.
Como respuesta, el gobierno encargó a las fuerzas militares el uso de drones para inspeccionar los techos de viviendas, escuelas y obras en construcción. Paralelamente, agentes de policía realizan inspecciones presenciales en las comunidades.
Durante este mes, las autoridades han eliminado cerca de 11,000 criaderos de mosquitos y han impuesto multas a más de 4,000 propiedades donde se detectaron estos focos de reproducción.
Aunque los casos se han reportado en todo el país, la mayor concentración se registra en zonas urbanas, especialmente en la capital, Colombo.
En lo que va del año, Sri Lanka ha registrado más de 77,000 infecciones por dengue y 56 fallecimientos. Más de una cuarta parte de los casos se notificaron únicamente durante julio.
La presión sobre el sistema de salud ha obligado a los hospitales a aumentar el número de camas disponibles y extender sus horarios de atención. Además, debido a las limitaciones de capacidad, los médicos recomiendan que los pacientes con síntomas leves permanezcan en casa mientras se recuperan.
Kapila Kannangara, director de la Unidad Nacional de Control del Dengue de Sri Lanka, señaló que aproximadamente el 75% de los casos están relacionados con una de las cepas más virulentas del virus, lo que también ha incrementado la gravedad de los pacientes atendidos.
El dengue es una enfermedad viral transmitida por la picadura de mosquitos infectados del género Aedes. Estos insectos se reproducen en agua estancada, como la acumulada en baldes, floreros o platos de macetas, y suelen picar durante las horas diurnas, especialmente poco después del amanecer y antes del atardecer.
Muchas personas infectadas no presentan síntomas. Cuando estos aparecen, los más frecuentes son fiebre alta, dolor de cabeza, dolor muscular y articular, náuseas y erupciones cutáneas, manifestaciones que generalmente desaparecen en una o dos semanas.
Sin embargo, en los casos graves, la enfermedad puede provocar hemorragias internas e incluso causar la muerte.
El virus del dengue tiene cuatro cepas diferentes. Haber padecido una infección solo genera inmunidad contra la variante específica que la causó, por lo que una persona puede volver a contraer la enfermedad si es infectada por otra cepa.
Según explicó Kapila Kannangara, esta segunda infección puede desencadenar una forma más grave del dengue.
Actualmente no existe una vacuna universal contra las cuatro variantes del virus. Por ello, el tratamiento se centra principalmente en aliviar los síntomas, generalmente con medicamentos como el paracetamol, mientras que los pacientes con cuadros graves requieren vigilancia hospitalaria debido al riesgo de complicaciones potencialmente mortales.
El dengue es frecuente en regiones tropicales y subtropicales, donde las temperaturas cálidas y la alta humedad favorecen la proliferación de los mosquitos Aedes. Las mayores concentraciones de casos se registran en el sur y sudeste asiático, América Latina y el Caribe.
No obstante, el aumento de las temperaturas a nivel global ha permitido que estos mosquitos se expandan hacia nuevas regiones, incluyendo Europa y el Mediterráneo. Además, las temporadas de lluvias más intensas y prolongadas favorecen su reproducción.
De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), los casos reportados de dengue aumentaron de aproximadamente 500,000 en el año 2000 a 14.4 millones en 2024. El organismo también señala que la incidencia de la enfermedad se ha multiplicado por 30 durante los últimos 50 años y que cerca de la mitad de la población mundial se encuentra actualmente en riesgo.
Entre las principales medidas de prevención se encuentra la eliminación de recipientes con agua estancada para interrumpir el ciclo de reproducción del mosquito. Algunos países también emplean la bacteria Wolbachia, que dificulta que los mosquitos transmitan el virus sin necesidad de eliminarlos.