Aunque fumar es más dañino por la cantidad de sustancias tóxicas que contiene, la evidencia científica demuestra que vapear también conlleva riesgos importantes y no es una alternativa inocua.

Tanto fumar como vapear conllevan efectos secundarios y riesgos para la salud. Sin embargo, persiste en el imaginario colectivo la idea de que los cigarrillos electrónicos son una alternativa inocua al tabaco, una creencia que la evidencia científica disponible se ha encargado de desmentir.
Los efectos a largo plazo de los cigarrillos electrónicos aún no se comprenden en su totalidad, pero la ciencia indica que no son una alternativa segura al tabaquismo.
De acuerdo con la Asociación Americana del Corazón, muchas personas creen que vapear es más seguro que fumar, pero esto no es necesariamente cierto. La evidencia creciente sugiere que vapear es peligroso.
Vapear consiste en inhalar un aerosol que contiene varias sustancias químicas, entre ellas nicotina y saborizantes, a través de un cigarrillo electrónico o vapeador. Se trata de una práctica que ha ganado popularidad de manera alarmante entre los adolescentes en los últimos años.
Lo primero que debe quedar claro es que ni fumar ni vapear son beneficiosos para la salud humana. Con base en la evidencia disponible, fumar parece más dañino que vapear, pero esto no significa que vapear sea seguro.
Para dimensionar el daño del tabaquismo, basta con señalar que el humo de segunda mano contiene más de 7,000 sustancias químicas. Cientos de estos químicos son tóxicos y alrededor de 70 de ellos causan cáncer.
Ahora bien, la Asociación Americana del Corazón señala que, si bien los líquidos de vapeo contienen menos contaminantes que los cigarrillos tradicionales, no son completamente seguros. Es decir, el hecho de que algo sea "menos malo" no lo convierte automáticamente en una opción saludable.
Quienes optan por el vapeo se exponen a múltiples peligros que a menudo pasan desapercibidos. En primer lugar, los cigarrillos electrónicos pueden contener dosis elevadas de nicotina, una sustancia que, según diversos estudios, retrasa el desarrollo cerebral en fetos, niños y adolescentes.
No se trata de un simple estimulante: sus efectos sobre el sistema nervioso en formación son profundos y potencialmente irreversibles.
Además, el líquido que genera el vapor es peligroso para adultos y niños si lo tragan, inhalan o si entra en contacto con su piel. Vapear también introduce toxinas en los pulmones, como el diacetilo, sustancias cancerígenas, metales pesados y compuestos orgánicos volátiles.
Estos elementos no son inofensivos: se depositan en el tejido pulmonar y pueden desencadenar respuestas inflamatorias y daño celular.
Un fenómeno relativamente nuevo es la lesión pulmonar asociada al uso de cigarrillos electrónicos o vapeo, conocida como EVALI.
La mayoría de los casos se han relacionado con productos que contienen tetrahidrocannabinol, el componente psicoactivo del cannabis. Según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades, a principios de 2020 se habían registrado alrededor de 2,800 casos de EVALI, con 68 de ellos resultando en muerte.
A diferencia del vapeo, cuya aparición es relativamente reciente, el tabaquismo cuenta con décadas de investigación que respaldan las afirmaciones sobre su daño a la salud.
De acuerdo con los CDC, fumar causa daño a todos los órganos del cuerpo, provoca más de 480,000 muertes al año en Estados Unidos, es responsable del 90% de todas las muertes por cáncer de pulmón y de aproximadamente el 80% de las muertes por enfermedad pulmonar obstructiva crónica.
Asimismo, aumenta el riesgo de desarrollar enfermedades cardíacas y accidentes cerebrovasculares.
Los efectos adversos del tabaquismo a largo plazo están perfectamente documentados. Los CDC reportan que fumar reduce el recuento de espermatozoides, aumenta el riesgo de pérdida del embarazo y malformaciones congénitas, incrementa la probabilidad de desarrollar cataratas, deteriora la función del sistema inmunológico y aumenta la inflamación general del cuerpo. P
uede causar cáncer en casi cualquier parte del organismo, incluidos pulmones, riñones y estómago, desencadena ataques de asma, produce obstrucciones en venas y arterias y eleva el riesgo de sufrir un accidente cerebrovascular.
Sin embargo, un estudio de 2019 sobre los efectos a largo plazo del vapeo encontró que las personas que usaban cigarrillos electrónicos tenían un mayor riesgo de enfermedades respiratorias en comparación con quienes nunca habían fumado.
Vapear puede dañar los pulmones, libera radicales libres que promueven el desarrollo de cáncer en el organismo, debilita el sistema inmunológico y retrasa el desarrollo cerebral en fetos, niños y adolescentes. Algunas personas también reportan sufrir quemaduras al recargar los cigarrillos electrónicos debido a explosiones causadas por baterías defectuosas.
Existe un debate abierto sobre el papel del vapeo como herramienta para dejar de fumar. Los servicios de salud del Reino Unido afirman que vapear puede ser efectivo para dejar el tabaco.
Adicionalmente, en 2021, la Administración de Alimentos y Medicamentos permitió la comercialización de tres productos de cigarrillos electrónicos, citando específicamente su beneficio potencial para ayudar a las personas a dejar de fumar.
Sin embargo, los CDC sostienen que no hay evidencia suficiente para sugerir que vapear pueda ayudar a las personas a dejar de fumar. Esta discrepancia refleja la complejidad del tema y la necesidad de más investigación.
Vapear y fumar comparten efectos negativos similares en el organismo, como daño pulmonar y mayor riesgo de cáncer.
Los investigadores saben más sobre los efectos a largo plazo del tabaquismo que sobre los del vapeo. Sin embargo, los productos de vapeo contienen muchos menos químicos dañinos que los cigarrillos y pueden ser una herramienta efectiva para dejar el tabaco por completo, siempre y cuando se utilicen como parte de una estrategia integral de cesación.
La decisión entre uno y otro, en todo caso, no debería plantearse como una elección entre dos males. La meta última, desde la perspectiva de la salud pública, sigue siendo la misma: abandonar cualquier forma de consumo de nicotina y preservar así la salud pulmonar y general del organismo.